Bicentenario
Sábado 09 de Julio de 2016

El equivocado retorno al fracaso

La intención de incorporar a nuestro país dentro del grupo de naciones proveedoras de materias primas derivará en una inexorable reducción de la capacidad de consumo de la mayoría de los ciudadanos.

Hoy recordamos el bicentenario de nuestra independencia. La fecha nos lleva a meditar sobre los distintos aspectos de la vida nacional, tanto económica y social como política. No tengo dudas de que uno de los aspectos centrales que atraviesa nuestra república —y nos alerta sobre manera— es el referido a la economía.

Durante los últimos doce años, nos hemos sentido alentados al verificar que con las estrategias adecuadas en materia de políticas económicas se puede desarrollar y tener capacidad para generar un proceso de crecimiento con mayor equidad. Por momentos, pudimos vivenciar que la evolución de la economía recorría un largo camino y que la voluntad colectiva iba no solo consolidando lo obtenido, sino incorporando nuevos logros, fundamentalmente, solidarios.

Es indudable que la economía está íntimamente vinculada con la política y, por lo tanto, pensar que un país puede progresar económicamente sin el accionar político es solo una quimera.

La realidad de los últimos meses nos devuelve penosamente a una situación a la que pensamos que no volveríamos jamás. Sin embargo, lo que hoy sucede en la Argentina no nos ha sido impuesto engañosamente, sino que fue difundido en la campaña electoral por quienes hoy llevan a cabo las gestiones de gobierno y aprobado por una parte significativa de la sociedad argentina.

Nadie puede negar que fue anunciado que se llevaría a cabo una devaluación, que los mercados volverían a reinar, dictar y aplicar sus viejas recetas; y que el Estado abandonaría su papel de directriz de la evolución económica, política y social.

De este modo, vamos dejando atrás doce años en los cuales las necesidades de los sectores más postergados y desprotegidos fueron atendidas y en los cuales el sostenimiento de un importante número de subsidios al consumo contribuyó a mantener un mercado interno activo y, sobre todo, una masa de población ocupada en proporciones altísimas con respecto a las décadas anteriores.

No es mi intención formular una crítica a ciegas de las medidas adoptadas en estos últimos siete meses, pero no podemos ignorar que el cambio en la distribución del ingreso y la equidad social sufrió alarmantes modificaciones. Es indudable que la situación internacional impide pensar en cambios significativos que induzcan a modificar las políticas instaladas. La necesidad de obtener recursos del exterior es de tal magnitud que ningún esfuerzo será suficiente para evitar esta estrategia de endeudamiento generalizado que tendrá efectos letales a largo plazo.

La intención de incorporar a nuestro país dentro del grupo de naciones proveedoras de materias primas, parcial o totalmente elaboradas, para generar los recursos que utilizaremos en la adquisición de productos importados —algunos de ellos de poca jerarquía—, en una relación de valor por kilogramo entre bienes importados y exportados de 1 a 100 en favor de las importaciones, derivará en una inexorable reducción de la capacidad de consumo de la mayoría de los ciudadanos. A ello debemos agregarle una paulatina reducción de bienes de consumo generales y, obviamente, de materiales todos ellos de origen local que nos permitan un desarrollo industrial independiente.

Como último punto y en el mientras tanto, por la vía de la subejecución de los presupuestos, se irá dejando de lado la utilización de los recursos asignados a la gestión social.

La Argentina no es un país pequeño ni de bienes limitados, cuenta con un territorio enorme con diversidad de climas y de recursos naturales, con una población que posee un nivel cultural que está a la par de los países desarrollados y con un nivel de educación que alcanza a todos los habitantes. Son todas estas características las que nos permitirán una vez más revertir el camino equivocado al que nos conduce este retorno a políticas neoliberales que ya han mostrado su fracaso y sus nefastas consecuencias.

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