La ciudad
Sábado 09 de Julio de 2016

Bicentenario de un país, oportunidad para construir otro mejor

Es nuestra obligación devolverle el peso a la fecha de nuestra Independencia, para comprender el triple significado que nos proyecta.

Llegamos al 9 de Julio de 1816 con cierta indiferencia. La sociedad abocada a sus asuntos cotidianos, y en el marco de una nueva crisis, que como todas las crisis profundas que tuvo nuestro país, puede servir como punto de partida para un nuevo sueño.

Es nuestra obligación devolverle el peso a la fecha de nuestra Independencia, para comprender el triple significado que nos proyecta.

El repaso de la historia, nuestro presente y lo más importante… cómo seguimos construyendo una Nación, que hace apenas doscientos años no lo era, que sufrió un proceso de trastornos permanentes en su crecimiento, y claro, no hace falta explicarlo, vive un presente repleto de interrogantes y dudas sobre los caminos que debemos abordar.

En este 9 de Julio, caben larguísimas disquisiciones si el objetivo es encontrarle sentido esencial al que registramos hoy como hecho histórico, a aquellos congresales reunidos en Tucumán a quienes evocamos.

A 200 años de ese día, la simplificación de la Independencia de la Patria le ha ganado en la lectura a la complejidad del aquel proceso que derivó en la mítica reunión de nuestros patriotas y el solemne acto de proclamación que incumbe a todos los que lucharon por ella. Porque incluye también a los que siguen luchando y lo seguirán haciendo mientras construimos nuestra historia.

Para cualquier lectura de aquel escenario es imprescindible considerar que cada una de las naciones que se parieron en aquellos años, fueron el resultado de las disgregaciones y construcciones desarrolladas durante décadas a lo largo del siglo XIX.

Dos siglos pasaron en los que siempre triunfó el desencuentro y la división de nuestro pueblo. Modelos excluyentes, populismos, gobiernos militares genocidas, y una democracia incipiente que sufre las consecuencias del tironeo entre los pocos que más tienen y los muchos que no tienen casi nada, fueron lacerando nuestras posibilidades de concretar aquella Nación que nos prometimos el 9 de julio de 1816

Lo cierto es que, en consonancia con el pensamiento de quienes fueron construyendo las bases de este presente, somos muchos los que creemos que debe ser el Estado, en sus distintos niveles, el que tiene que abrir compuertas para la participación plena de ciudadanos que han ido construyendo, entre otras cosas, la continuidad de estos maravillosos años de democracia que venimos consolidando juntos, al tiempo que continúan luchando para desterrar opresiones e injusticias.

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