La ciudad
Martes 30 de Agosto de 2016

Bella Vista, un barrio donde cada vez se ve menos gente en la calle

Allí viven unas 10 mil personas. En los últimos dos años, la cantidad de homicidios derivó en el descabezamiento de la seccional de la zona.

Varios homicidios de gran impacto en la opinión pública durante los últimos dos años y robos cotidianos que jaquean a los hogares pusieron al barrio Bella Vista como uno de los vértices de la inseguridad en la ciudad. "Fijate que por el delito vas a ver muy poca gente en la calle", grafica Liliana, una vecina que, pese al diagnóstico, se cuida de no estigmatizar la zona "porque situaciones similares se dan en todo Rosario". Para el presidente de la vecinal y de la cooperadora policial, Pablo Guardiet, el problema es esencialmente "político", y por lo tanto muy profundo. "Los asesinatos de clase media son los que más resuenan, pero por lejos no son los únicos: en la villa de atrás se matan todos los fines de semana, sin contar los heridos y lesionados que terminan en los diferentes hospitales y que no salen en los medios", advierte. La asociación droga-delito es inequívoca, algo con lo que acuerda un cura histórico del ala más pobre del barrio, Joaquín Núñez.

El vecindario volvió a ser el escenario de una muerte violenta hace sólo diez días, con el asesinato del comerciante Héctor Villalba en su casa de Avellaneda al 1900, y lo había sido el 24 de agosto del 2015, cuando el arquitecto Sandro Procopio fue ultimado en un robo callejero en Cerrito y Constitución.

Un año antes, la víctima fatal se llamó Leonardo Perrone, al resistir una entradera; y en el 2012 otro joven trabajador, Juan Pablo Fadus.

Cuesta caro. "La droga no se regala, hay que comprarla, y para comprarla en un barrio como éste; hay que robar", resume el sacerdote Núñez, que lleva 25 años en Bella Vista y está al frente de dos comedores donde asisten unas 800 personas (ver aparte).

El cura cuenta que el consumo de estupefacientes alienta un circuito que no tiene fin, lo que genera un clima "cada vez más tenso y más denso".

Por un lado, condena a codearse con el delito a quienes venden y compran las sustancias, y por otro, repliega puertas adentro a las familias que temen ser blanco de ese accionar, con frecuencia muy violento por los eventuales efectos que produce la droga en determinados contextos.

"Es cierto, vivimos todos encerrados", cuenta Liliana. Pero Bella Vista no está mucho peor que otros barrios, razona. Y como muestra detalla que la heladería donde trabaja, en Rodríguez y Mendoza, "ya fue asaltada ocho veces a mano armada".

Sin patrullero. Otros vecinos que piden reserva de identidad sostienen, sin embargo, que en la comisaría 13ª, con jurisdicción en el barrio, "uno va a decir «están robando en tal lado» y la respuesta es siempre la misma: «No tengo móvil»".

Pero Guardiet, que está al frente de la cooperadora policial, relativiza esos dichos. "Los comisarios son meros fusibles", afirma, a la vez que define como una "excelente persona" al titular actual de la seccional, designado al frente de la 13ª a fines del año pasado y atenazado por "las mismas limitaciones de recursos" que se dan en todas las reparticiones policiales.

El vecinalista también dice haber tenido "mucha expectativa" con la designación del ministro de Seguridad provincial, Maximiliano Pullaro, a quien cree que le han atado las manos.

"Durante la campaña, por ejemplo, Pullaro proponía que la selección de los comisarios se diera a partir de ternas, con presentación de proyectos y con control barrial", recuerda, una iniciativa que a su juicio luego se vio frenada por el propio gobernador Miguel Lifschitz.

El vecinalista, también delegado al Presupuesto Participativo, está convencido de que "la gente ya ha tomado conciencia" y por eso "no hay que dejarle a la derecha el tema de la seguridad".

Pero a pesar de que el barrio se ha movilizado reiteradamente en reclamo de justicia, la calle se volvió un lugar hostil. Y ya no hace falta que caiga la noche para que la gente se meta adentro.

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