Educación
Sábado 18 de Junio de 2016

Belgrano y la educación pública

Uno de los primeros hombres de la patria en ocuparse de la formación. La vigencia de sus afirmaciones

Un nuevo aniversario de la muerte de Manuel Belgrano resulta una buena oportunidad para recordarlo (y agradecerle), ya que fue uno de nuestros primeros hombres públicos que se ocupó de la educación en nuestro país, un visionario cuyas afirmaciones después de más de doscientos años, conservan una iluminadora vigencia.

Desde las páginas del Correo de Comercio de Buenos Aires, en marzo de 1810, Belgrano advertía sobre la necesidad e importancia de crear, con fondos públicos, escuelas primarias en las ciudades, villas y parroquias, y solicitaba a los jueces que "obliguen a los padres a que manden a sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar". Efectivamente, sus escritos en el Correo y sus Memorias de 1796, por sus reiteradas referencias a la educación, lo convierten en el primer hombre de Estado que habla como educador, bastante tiempo antes que otros.

Don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació en 1770 y fue el octavo hijo de los dieciséis que tuvieron sus padres, un italiano y una criolla hija de santiagueños. Desde 1794 hasta los sucesos de mayo, fue Secretario perpetuo del Real Consulado de Industria y Comercio del Virreinato del Río de la Plata, un virtual ministro de Economía, lo que para un nativo de estas tierras era casi una proeza. Y desde ese cargo pensó en organizar "escuelas gratuitas, adonde pueden los infelices mandar a sus hijos, sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción; allí se les podrá inspirar amor al trabajo, pues en un pueblo donde reine la ociosidad (...) toma su lugar la miseria".

Propuso que los niños aprendieran las primeras letras junto con la matemática básica y el catecismo, para luego formarse con maestros de oficios en escuelas distribuidas en todos los barrios, sin distinción de clases. Las escuelas debían ser gratuitas para todos, pues las concebía como herramientas para luchar contra el ocio y la miseria. De igual manera en la actualidad, la sociedad entera reconoce el derecho que tienen sus hijas e hijos de recibir una educación obligatoria con los mejores aprendizajes, como condición necesaria para construir una democracia real.

Belgrano fue, además, propulsor de la educación de las mujeres. Claro que en coincidencia con la época prefería para las niñas las labores y otras tareas "femeninas", pero lo singular de su pensamiento fue reparar en ellas como sujetos de derechos, para que puedan dejar atrás la ignorancia y la postergación.

Con la creación de las escuelas de Comercio, Náutica y Dibujo, verdaderas escuelas técnicas de anticipación, muestra su interés por enlazar trabajo manual e intelectual, y su preocupación por las cuestiones prácticas.

Educación y trabajo

En 1813, a causa de sus victorias militares el Cabildo le otorgó 40 mil pesos, que donó para construir cuatro escuelas en Tarija, Salta, Tucumán y Santiago del Estero, y para financiar útiles, becas y libros para los más necesitados. En otros escritos relaciona educación y trabajo, y a pesar de haberse asumido como un fisiócrata defensor del desarrollo agrícola, no dejó de impulsar con el mismo fervor la producción y la industria.

Una verdadera originalidad de su pensamiento fue ampliar la educación a nuevos sujetos pedagógicos, impensados para su época: los desposeídos, los indios, los huérfanos y los pobres. Ese desvelo por incorporar a los siempre olvidados, representa, en cierto sentido, el inicio de la educación de adultos en nuestra patria. Así lo entendió, hace muchos años, la Dirección Nacional de Educación de Adultos, al consagrar a Belgrano como patrono de esa modalidad educativa. También se destaca en la escritura de variadas normas, entre ellas el Reglamento de 1813, donde caracteriza la figura del maestro y las virtudes que debe poseer para el ejercicio de esa tarea tan importante.

"Una verdadera originalidad de su pensamiento fue ampliar la educación a nuevos sujetos pedagógicos, impensados para su época" / Alberto Sileoni

Además de su vocación educativa, otros rasgos se destacan en su conducta y pensamiento; adquiere singular vigencia la historia del amigo que se hizo cargo de los gastos de su funeral, pagando los servicios médicos con su propio reloj; el general de la Nación, hombre de cuna afortunada, moría en medio de la estrechez económica. La honradez, la austeridad, el honor y la ética son las virtudes más conmovedoras de muchos de nuestros padres fundadores.

En el frente de batalla

El sentido del deber es otro rasgo de su personalidad. Como muchos porteños ilustrados, había estudiado gramática, filosofía y teología. Tras ocho años en la Universidad de Salamanca, obtuvo el título de abogado, además de ser funcionario público, economista y periodista. Sin dudas, era dueño de un destino que conducía a una vida sin privaciones ni sobresaltos. Pero Belgrano, que jamás había vestido uniforme ni había recibido instrucción militar, no dudó, y cuando su Patria lo necesitó soldado decidió presentarse en el frente de batalla.

"El historiador Ferla afirmaba con algo de humor que 'a Belgrano lo tapó la bandera', porque el día de su muerte se recuerda a la bandera nacional" / Alberto Sileoni

Hoy más que nunca, en esta Argentina que se debate entre proyectos políticos que antagonizan y polemizan en democracia, es responsabilidad de todos recuperar la herencia de hombres como él, y es tiempo de otorgar el valor profundo que su obra y su vida merecen.

Salvador Ferla, historiador del pensamiento nacional, afirmaba con algo de humor que "a Belgrano lo tapó la bandera", porque el día de su muerte se recuerda la bandera nacional, y quizá esa conmemoración distraiga e impida conocer en profundidad las obras y el pensamiento de este ilustre y querido argentino, que entre otras dignidades, tuvo la de ser un apasionado propulsor de la educación pública en nuestra patria.


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