Selección argentina
Lunes 14 de Noviembre de 2016

Bauza tiene cada vez menos pulso

Parece que está solo. Ayer tuvo que someterse a la metralla mediática porque ningún jugador quiso dar la cara antes de enfrentar a Colombia

Es buena gente Edgardo Bauza. No se merece que le estén contando todo el tiempo las costillas. También es un correcto entrenador, sin estridencias, pero que supo disfrutar de las mieles del éxito con la obtención de dos Copa Libertadores. Una con Liga de Quito y otra con San Lorenzo. Aunque desde que se calzó el buzo de la selección argentina cayó en desgracia. No da pie con bola con las decisiones que toma. Hace todo mal. O casi todo. El agobio de la situación que atraviesa con su continuidad hasta lo hace patinar en el terreno que tan bien pisó durante la carrera que construyó. Eso sí, siempre dirigiendo a equipos. Nunca a selecciones.

Justamente por ese desconocimiento es que hoy está pagando un alto costo. Es que la selección de la mano de Bauza juega como si no tuviera conducción. O, en todo caso, con un manejo complaciente del grupo. Esa sensación no sólo se percibe por lo que se vio en la catastrófica derrota del jueves contra Brasil en Belo Horizonte. También la atmósfera que envuelve a este miniciclo de cinco partidos retrata los peores presagios. Que ningún jugador ayer haya querido dar la cara ante la prensa fue todo un síntoma de la debilidad que paraliza al entrenador. Pasaron tres días de la derrota contra Brasil y el Patón es el único que se expuso al paredón mediático. Tuvo que ir él porque sino no iba ningún futbolista. Ni los adláteres de la derrota en todas las finales que jugaron ni los que sólo fueron convocados por Bauza para rellenar la lista.

Sinceramente da mucha pena verlo a Bauza cuando se somete a la metralla de los periodistas. La imagen que entregó ayer al mediodía fue la de un hombre abrumado. Surcado por más preocupaciones que las que ya tiene a la hora de parar al equipo. Que no disfruta del lugar en el que siempre soñó estar. Todo lo contrario. Lo sufre. De hecho, contestó las preguntas en forma lacónica, como buscando sacarse el martirio de encima. Con voz temblorosa también afirmó: "Estoy con fuerzas para seguir. De estas malas ya pasé por muchas". Y se escudó en una situación similar que le tocó vivir cuando dirigía a Liga de Quito (ver página 5).

Bauza sabe mejor que nadie que llegó al predio de Ezeiza en el peor momento. Con una AFA incendiaria por las peleas intestinas de los dirigentes y con un equipo bloqueado mentalmente como el propio Patón. Así y todo, Bauza no come vidrio. Tampoco se anima a probarlo. Ni él se cree que el partido de mañana contra Colombia en San Juan no determinará su futuro. Los dirigentes que antes lo bancaban ya no piensan lo mismo de su capacidad. Y los futbolistas también le soltaron la mano, aunque Bauza aclaró: "Siento el apoyo de los jugadores". Pero que nadie se trague ese caramelito. Si fuera así, lo hubieran defendido con sus declaraciones después de la estrepitosa caída ante Brasil y antes de Colombia: "Tocamos fondo y lo peor es que no sabemos a qué jugamos. Tenemos que salir de esta mierda, a esta altura tenemos que ganar como sea", dijo Messi, en el fragor de la calentura del momento. Si Bauza no lee lo que quiso decir el mejor jugador del mundo, y el único que puede rescatar su ciclo al frente del seleccionado, está al horno. Es evidente que los jugadores no están cómodos con los planteos del entrenador y el técnico no está conforme con el rendimiento de los futbolistas.

La selección argentina parece girar alrededor de un círculo fatalista que empuja a pensar el "sálvense quien pueda". Y en esa espiral de culpabilidades, Bauza es el que se está quedando cada vez con menos pulso.

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