AFA
Sábado 08 de Octubre de 2016

Bauza debe dejar de estafarse a sí mismo

Si bien el empate contra Perú en Lima no lo dejó tan mal plantado para encarar lo que viene, el Patón tiene que darle a la selección argentina una identidad definida, la que él siente, y no quedarse en el intento.

No se descubre nada si se dice que tres partidos dificílmente digan toda la verdad sobre lo que será de la vida del seleccionado argentino en estas eliminatorias sudamericanas. Mucho menos si el equipo, por el momento, está huérfano del ingenio de Lionel Messi. Por eso en ese punto lo más atinado es ser comprensivo. Ya que no debe ser fácil jugar sin el cerebro que siempre te orienta o te despeja el camino con alguna genialidad. En ese sentido, a Bauza le tocó la chica más conflictiva para sacar a bailar. Igual, no hay excusas en el horizonte porque él firmó un contrato para ser el técnico de la selección y no para dirigir sólo a Messi. Tampoco es que el Patón anda llorando por los rincones porque tiene que afrontar esta doble fecha sin Leo, quien se recupera en Barcelona de una lesión en el pubis. El ex DT de Central daría lo que no tiene con tal de que el crack rosarino esté en el equipo, pero hoy la realidad es que está lesionado.

   Otra aclaración: Argentina no empató contra Perú porque no tuvo a Messi. Es obvio que si jugaba, tal vez hubiera ganado. Pero acá la cuestión es que el Patón todavía no sabe qué quiere hacer con el juego de la selección. Está convencido de que con los jugadores que tiene puede irse a dormir tranquilo porque nunca lo van a dejar en banda. Pero él está preso de una encerrona ideológica que perjudica al equipo. Sabe que cuenta con el potencial necesario para que la selección ejecute un plan con múltiples partituras, pero hasta ahora no logró darle un estilo para que la reconozcan.

   Realmente no se entiende esta indefinición en la que cayó el Patón. Contra Perú se observó con preocupante nitidez que Argentina estuvo comprometida con la causa en el primer tiempo y bastante más dispersa para cumplir una ruta de juego en el segundo. Y eso que se fue al descanso con la ventaja del gol de Funes Mori, quien hasta ese momento lo venía teniendo bastante controlado a Paolo Guerrero, pero después entró en la inercia negativa que arrastró a todo el equipo.

   También es raro que le pase esto a un técnico como Bauza, quien siempre se caracterizó por diseñar a sus equipos según las necesidades de cada partido, las dificultades del rival y los accesorios de la competencia. Tampoco ahora se pretende que Argentina se independice o desconozca lo que puede proponerle el adversario que tiene enfrente, pero sí sería bueno que resuelva lo antes posible el karma de la identidad difusa. Es que de esta forma no es chicha ni limonada y así será cada vez más complicado afirmar las convicciones.

   Lo ideal sería que las libertades que pueden tomarse jugadores de la envergadura de Dybala, Agüero, Di María, Higuaín, Mascherano o cuando esté Messi convivan en sana armonía con las obligaciones que tanto desvelan al Patón. No pareció que Argentina frente a Perú haya querido vivir acurrucada todo el tiempo contra el arco de Romero. Tampoco que Bauza haya dado la orden específica de clavar amarras atrás en el segundo tiempo, y que Dios y los santos salven a la selección. La sensación que se percibió en la cancha es que el ímpetu y el convencimiento de Perú por empatar arrinconaron al seleccionado y lo dejaron sin reacción, más allá del gol de otro partido que anotó el Pipita Higuaín.

   Ahí fue donde el soporte colectivo no estuvo firme para levantar un muro de contención primero para frenar a Perú y luego para explorar los espacios del rival con alguna réplica encauzada por Agüero, Di María, Dybala o el ingresado Correa. Un párrafo aparte para Angelito. No hizo un partido para el recuerdo ni mucho menos, pero sí lució más animado y con ganas de rebelarse ante la adversidad que lo viene persiguiendo cada vez que se pone la camiseta de la selección. Con eso nomás conquistó uno de los puntajes más altos junto a Guerrero, quien para los ojos hizo más que el ex volante de Central. Pero entre un jugador argentino, sobre todo nacido en Rosario, y otro peruano por más nombre que tenga, siempre la moneda caerá del lado nuestro. Además, el resultado fue una igualdad que castigó más a Perú que a Argentina.

   De ahí que no es que todo está mal para Bauza. De hecho, la excursión limeña del jueves no terminó en derrota. Tampoco se hubiera venido el mundo abajo si Perú ganaba el partido. Sinceramente generó muchas situaciones para quedarse con algo más que un punto. Es decir para esta lectura de la situación no corre ese juramento falso de toda falsedad de que un triunfo siempre arregla todo. Apenas tranquiliza. Es el mejor Clonazepam para calmar el mal ánimo que siempre genera una caída.

   Como bien se escribió en la presentación del partido, el resultado no lo deja tan mal plantado a Bauza de cara a lo inmediato. Porque ahora se viene Paraguay en Córdoba y la amplitud de enfoques que siempre demostró tener el Patón lo conducirá a un mundo de correcciones, reacomodamientos y retoques obligados en la formación titular. Por lo pronto, no tendrá disponible a casi toda la defensa que puso en Perú. Otamendi, Zabaleta y Funes Mori fueron amonestados y no jugarán contra los paraguayos. En atención a esto, ayer convocó a Jonatan Maidana, defensor de River. También es altamente probable que haya alguna señal más con modificaciones de índole táctica y de formas. Se intuye que Argentina tomará el toro por las astas en el estadio Mario Alberto Kempes y se moverá en un escenario que le permita a Bauza empezar a encontrar soluciones a esta crisis de personalidad que desnuda el equipo.

   Justamente en estos momentos de indefinición o de coyuntura algo tambaleante, el líder debe transmitir sosiego. Y Bauza es de esos tipos que toma decisiones con el auxilio de la reflexión. Por eso lo peor que le puede pasar es que deje de ser él para cuidarse de los dardos de la crítica periodística. Si cree con la fe de un devoto que el equipo se sentirá más cómodo abrazándose a los recaudos y refugiándose en el orden, debe actuar en esa dirección. Para quien escribe estas líneas no es lo más recomendable. Pero eso poco interesa. Lo realmente importante es que será más él. Ya tiene poco margen para estafarse a sí mismo. Si llegó a ser elegido técnico de la selección fue por su capacidad y porque pronunciaba como nadie esa palabrita fetiche de su vocabulario que es el equilibrio. También el contexto en el que está la AFA ayudaba a confiar en un técnico medido, que no tirara más nafta a la situación incendiara que viven los dirigentes del fútbol argentino.

   Ahora queda en Bauza interpretar que la única manera de salir de este berenjenal de ideas desencontradas es no seguir mintiéndose para no darle más pasto al "qué dirán". El poder redentorio sólo se logra con autenticidad. Hay que plantar a un equipo que tenga bien claro hacia dónde va y no que se quede a mitad de camino de todo. Que la selección argentina esté ubicada en el puesto de repechaje para tratar de ir al Mundial 2018 no es para hacerse los distraídos. Aunque falta un siglo y apenas un triunfo separa a Argentina (16) de Uruguay (19), que es el puntero. Pero basta de jugar a los impostores. Hay que ser lo más puro posible con el mensaje para ahuyentar a esta confusión que lo único que hace es remover culpas y poner bajo alerta la estructura colectiva de Argentina.

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