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Martes 18 de Noviembre de 2008

Basura

Desde ahora hasta 2010 Rosario intentará reducir un 30% la cantidad de basura que produce. Al menos es el objetivo planteado por un plan municipal que curiosamente no se llama Basura 30%, sino Basura Cero.

Desde ahora hasta 2010 Rosario intentará reducir un 30% la cantidad de basura que produce. Al menos es el objetivo planteado por un plan municipal que curiosamente no se llama Basura 30%, sino Basura Cero.

Qué hacer con los residuos es uno de los desafíos que las ciudades enfrentan desde siempre y para el que muy pocas han encontrado una solución razonable. Los rosarinos producimos más de seis toneladas de residuos por día. Mucho o poco, es todo un problema y hay que abordarlo. Pero el éxito de un plan como el que propusieron el concejal Comi y la ONG Taller Ecologista no depende del texto de una ordenanza, de las buenas intenciones de quienes las proyectaron y de los organismos y empresas vinculadas a la recolección y tratamiento de los desechos. Depende de todos, todos los días, a cada momento y en cualquier circunstancia. Y, extraña paradoja, eso hace mucho más difícil que podamos conseguirlo.

En materia de higiene pública, por ejemplo, Rosario no es precisamente un modelo de ciudad limpia. Sin embargo, ese perfil no depende de las autoridades de turno o del talento o la mediocridad de los concejales que redactan las normas sobre el tema. Es un perfil que construimos entre todos. Somos los rosarinos los que tendríamos que mantener limpia la ciudad, y somos nosotros quienes deberíamos comprometernos a no ensuciarla. No hay ordenanza que pueda obligarnos a ello, por más sanciones que imponga. Es una cuestión de cultura, de actitud, un compromiso público, una obligación ciudadana. Y un hábito que debemos cultivar todos los días, desde el primero hasta el último de los habitantes.

Ahora nos proponen producir menos basura. Parece difícil, pero si creemos que no se puede es porque sabemos que no estamos dispuestos a hacer el esfuerzo que nos obliga a cambiar de hábitos. Por ejemplo, a separar los residuos orgánicos de los reciclables. Es mucho más fácil esperar a que el municipio haga algo y después sentarnos a criticar todo lo que no consiga.

Alguna vez habrá que entender que las grandes transformaciones no se imponen desde arriba hacia abajo. Los verdaderos cambios, los que garantizan resultados y nos mejoran la vida a todos, se gestan casi siempre cuando cambiamos los individuos. Después sí podremos reclamarles a las autoridades que hagan su parte, y con mucho más derecho.

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