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Domingo 08 de Agosto de 2010

Bajemos un cambio

Salvaje. Así se podría calificar hoy el tránsito en Rosario. Y el gran responsable de esta situación no es el Estado (¡qué fácil es siempre descargar las culpas en otro!), sino los conductores particulares, que en un gran porcentaje manejan de manera irresponsable. Algunos sociólogos sostienen que la circulación vial es un fiel reflejo de cada sociedad: nos muestra a modo de espejo los valores que en ella predominan. Si esto es así, deberemos concluir que tenemos una ciudad intolerante, insolidaria y que no respeta al prójimo...  

Salvaje. Así se podría calificar hoy el tránsito en Rosario. Y el gran responsable de esta situación no es el Estado (¡qué fácil es siempre descargar las culpas en otro!), sino los conductores particulares, que en un gran porcentaje manejan de manera irresponsable. Algunos sociólogos sostienen que la circulación vial es un fiel reflejo de cada sociedad: nos muestra a modo de espejo los valores que en ella predominan. Si esto es así, deberemos concluir que tenemos una ciudad intolerante, insolidaria y que no respeta al prójimo.

Una de las violencias con las cuales debemos convivir cotidianamente es la del tránsito. Conductores que no respetan la senda peatonal, no dan prioridad al peatón ni al ciclista, se distraen al manejar (hablan por celular o mandan mensajes de texto, por ejemplo), no mantienen distancia entre vehículo y vehículo, cambian de carril sin anunciar la maniobra, pasan con luz roja, superan el límite de velocidad, estacionan en doble fila… La lista de infracciones que se ven a cada hora y minuto en las calles rosarinas recorre uno a uno todo el articulado del código de tránsito.

Y esto no sucede por falta de conocimientos de las normas de tránsito. Los automovilistas saben muy bien cuáles son las reglas cuando salen a la calle, pero apenas ponen primera parecen olvidarse de todo. Lo preocupante es que esta especie de amnesia se paga con vidas. La principal causa de los accidentes de tránsito en Argentina no son los problemas mecánicos o el mal estado de los caminos, sino las fallas o imprudencias de los conductores.

Y los peores que manejan no son ni los colectiveros ni los taxistas; los más peligrosos son los conductores particulares. Para colmo, según una reciente encuesta, “los argentinos tienen un bajo nivel de autocrítica sobre cómo manejan”, y eso implica que no hay una percepción de que haya que cambiar la conducta. El de la seguridad vial todavía se dimensiona como un problema de los otros. Los automovilistas sólo ven los errores de conducción en los demás.

Los automovilistas deben asumir el sentido de la responsabilidad personal cuando manejan. Deben pensar que el señor que cruza en la esquina podría ser su padre o el joven que anda en bicicleta podría ser su hijo. Visualizándolo así quizá puedan cambiar algunas conductas.
 

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