Escenario
Domingo 19 de Junio de 2016

Aznar vuelve a Rosario para presentar "Contraluz", un álbum eléctrico e inquietante

Pedro Aznar habla del momento del rock y del país, Serú Girán y su lista de imprescindibles. El sábado actuará en Rosario

En el sol de California / Huxley ve esmeraldas de otros mundos en las hojas. / En el sol de California / Alan Watts se ríe a carcajadas del koan de vivir", ruge Pedro Aznar en "Sol de California", un rock de cuerdas graves y tempo acelerado. Es el inicio de "Contraluz", el nuevo, inquietante y ecléctico álbum del ex bajista de Serú Girán, que mostrará junto a su nuevo grupo el próximo fin de semana en el teatro El Círculo, luego de haberlo presentado en vivo en un gran recital en el porteño Luna Park.

   Tras cuatro años, Aznar volvió a grabar un puñado de canciones propias para conformar "Contraluz", donde reenfocó su lado rockero y recuperó el sonido de la guitarra eléctrica, sin olvidar su perfil más latino y acústico. Un camino de mestizaje que emprendió allá por 1985 cuando publicó su segundo álbum solista, "Contemplación", mientras tocaba en el grupo estadounidense Pat Metheny Group.

   "Conceptualmente son puntas opuestas. La contemplación te permite ir al fondo de las cosas, descubrir sus cualidades esenciales. El contraluz te ciega y todo lo que ves es un reflejo y una sombra, con contornos desdibujados y casi ningún detalle. Son dos discos a más de 30 años de distancia. Toda una vida. En «Contemplación» yo estaba al comienzo de mi búsqueda; en «Contraluz» hablo de los peligros y los fantasmas que aparecen en el camino", compara —y juega con las palabras— Pedro Aznar, a pedido del cronista.

   —¿Por qué Contraluz? ¿Refleja tu lado de fotógrafo o tiene que ver con el mundo de la poesía?

   —Ambas cosas. La fotografía en mí se sumó desde lo visual, que preparé haciendo todas las fotos del disco y las proyecciones del show, y la poesía desde lo conceptual. "Contraluz" se refiere a los espejismos, a no ver lo que hay sino lo que se desea que haya. Y el engaño resultante, claro.

   —El disco va de Alan Watts a Buena Vista y el Día de los Muertos mexicano... ¿Cómo y dónde nacieron las canciones de "Contraluz"?

   —"Sol de California" (donde se nombra a Watts, Jung, Huxley y Campbell) la escribí en San Francisco, así como "Domingo de verano", "La pregunta" y la propia "Contraluz". La ranchera "Por la vuelta" la estrené en México, y la escribí en Mar de las Pampas, igual que "Como un león", "Madrigal", "Silos y máquinas", "La tríada", "Caballo de fuego" y "Long Way Home". Ultima pieza" (donde canta como invitada Omara Portuondo, de Buena Vista Social Club) y "Refugio", en Buenos Aires.

   —Una buena dosis de canciones pop-rock, sobre todo las eléctricas, y varias canciones de origen latino, sobre todo las acústicas, ¿fue pensado así el disco?

   —No fue pensado de esa manera, pero es una buena observación. En realidad, traté de darle a cada canción su propio entorno sonoro, siendo que es un disco con una variedad estilística más bien amplia. Y resultó así.

   —¿"Contraluz" condensa de algún modo los distintos sonidos o búsquedas sonoras que formaron parte de tu trayectoria como músico?

   Sí, sin duda. Es un "destilado" del concepto que planteó mi disco "Cuerpo y alma" hace ya 18 años: la intersección entre canción de rock y canción de raíz latinoamericana.

   — No es fácil revisar el pasado, sobre todo el propio, pero ¿cómo ves hoy a la distancia a aquel bajista estrella de Seru Giran?

   —Como un chico que ambicionaba pintar la música de colores desde su bajo. Se diría que en ese momento yo era un compositor-arreglador-orquestador que tenía a su disposición un único instrumento y, desde allí, desplegaba lo que quería oir. Hoy, en mi propia música, tengo a disposición una paleta de colores enorme, y uso esos colores con total libertad. Y al bajo no me hace falta darle tanto trabajo! (risas)

   —¿Cómo sonaría en 2016 Seru Giran?

   —¡La gran pregunta!... Me lo imagino como una potente condensación de la esencia musical de Charly, David y mía. Como una vuelta a las fuentes, con pocos elementos, pero muy intensos.

   —¿Ves que hoy es un momento confuso, complicado, para el rock argentino y su horizonte?

   —Lo que es confuso y complicado es el horizonte del país. Y, por ende, de todos sus habitantes, incluidos los músicos de rock. Estamos en una encrucijada, y el rumbo que tomemos puede marcar nuestra viabilidad, o no, en los próximos 50 años. No es cosa menor.

   —Está escrito, el rock alguna vez intentó ser, o quizá lo fue, liberador, provocador y rebelde, es decir, un faro para muchos pibes de otros tiempo, ¿quién o qué ocupa ese lugar hoy en día?

   —El empoderamiento de las minorías y las redes sociales. Hoy podemos comunicar instantáneamente nuestras ideas a miles o millones de personas, y eso le ha dado voz a quienes antes no la tenían. No todo en internet es selfies pavas y superficialidad, la gente intercambia ideas fuertes y se sabe acompañada por muchos, aún cuando su grupo de interés sea minoritario, gracias a estas tecnologías. Se han hecho autoconvocatorias que derrumbaron dictaduras, es una herramienta muy poderosa. Pero además creo que el rock no ha perdido su corazón libertario y rebelde. Más allá de que U2 pueda representar, para muchos, el rock "corporativo" de masas, Bono se sienta con jefes de Estado a pedir que se elimine el yugo de las deudas externas de los países más pobres, o Tom Morello, que está en un territorio entre el rock y el hip-hop, enuncia con todos los puntos sobre las íes que el capitalismo es el responsable del desastre ecológico en que el mundo se está hundiendo.

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