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Lunes 05 de Octubre de 2009

Autocrítica… auto ¿qué?

En Rosario el socialismo se salvó raspando de una derrota, y zafó más por debilidades de sus contrincantes electorales que por fortalezas propias. Es que el justicialismo volvió a mostrar una vez más su incapacidad para posicionarse en esta ciudad como una alternativa seria al gobierno municipal actual. ¿Autocrítica? ¡Ah, no!, eso en política es un pecado mortal, al menos si se hace públicamente...

En Rosario el socialismo se salvó raspando de una derrota, y zafó más por debilidades de sus contrincantes electorales que por fortalezas propias. Es que el justicialismo volvió a mostrar una vez más su incapacidad para posicionarse en esta ciudad como una alternativa seria al gobierno municipal actual. Y la UCR, PRO y el Socialismo Auténtico capitalizaron los enormes flancos débiles que dejaron al descubierto estas dos principales fuerzas, y dieron la sorpresa. ¿Autocrítica? ¡Ah, no!, eso en política es un pecado mortal, al menos si se hace públicamente.

El socialismo sacó apenas el 28,74 por ciento de los votos en las elecciones a concejales del pasado 27 de septiembre. Esto le alcanzó para ganar frente a la escuálida performance del justicialismo que obtuvo el 24,18 por ciento. Pero la lectura que se debería realizar es que el gobierno de Lifschitz obtuvo el respaldo de sólo 3 de cada 10 habitantes de Rosario.

El socialismo lleva 20 años de gobierno en la Municipalidad de Rosario, y es imposible no sufrir un lógico desgaste. Pero es verdaderamente paradójico que este bajón en la gestión de Lifschitz se produzca justo cuando por primera vez a nivel provincial hay un Ejecutivo del mismo color político.

Al menos hasta ahora no se le ha visto al intendente ni a ninguno de sus funcionarios ni a la propia candidata Clara García un gesto de autocrítica. Porque a no engañarse, la magra cosecha electoral no fue producto de una mala propaganda o un flojo spot publicitario. Es consecuencia de estos dos últimos años de gestión, que en nada se parecen a los cuatro anteriores del primer mandato de Lifschitz. 

Sólo dos dirigentes socialistas hablaron tras los comicios de la necesidad de que el gobierno municipal de Rosario realice una autocrítica, pero ambos curiosamente no cumplen actualmente funciones en el Ejecutivo local. Uno es el senador Juan Carlos Zabalza quien señaló que “este es un triunfo con espacio para la autocrítica”. Y el otro es el diputado Eduardo Di Pollina, quien reconoció: "Hay un mensaje de la ciudadanía que se expresó en las urnas. Nosotros debemos tener capacidad de autocrítica para ver qué errores políticos se cometieron este tiempo en la gestión de Lifschitz”.

Autocrítica pública o puertas adentro. Da lo mismo. Pero si los resultados electorales no son buenos algo se está haciendo mal. ¿O no?

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