Opinión
Martes 15 de Noviembre de 2016

Asoma el candidato de Cambiemos

José Corral ya tiene decidido abandonar la Intendencia de Santa Fe, encabezar el año próximo la lista de diputados nacionales de Cambiemos y durante los próximos dos años de legislador hacer campaña para intentar convertirse en el futuro gobernador.

"Faltan muchos meses y lo vamos a decidir más sobre la fecha", responde oficialmente ante los grabadores prendidos el intendente de Santa Fe, José Manuel Corral, cuando los periodistas le preguntan si será candidato a diputado nacional en la lista de Cambiemos dentro de unos meses. Ayer me recitó a mí mismo esa letanía. Adviértase que hay un cambio de discurso en el también presidente nacional de la UCR. Hasta no hace mucho -lo hemos dicho en esta columna- respondía que en el 2017 seguiría siendo intendente. Una forma de dar a entender un "no" sin negar abiertamente del mismo modo que ahora no niega que pueda serlo, sino que condiciona la posibilidad a que el tiempo de la definición esté más cercano.

Ahora bien, el problema quizás está en la formulación de la pregunta porque si a Corral lo hubiera inquirido respecto a si "no será candidato" se habría visto obligado a relativizar aún más diluyendo todo lo que se parezca a una negativa dado que él quiere ser candidato a gobernador en el 2019 y tiene decidido -aunque no lo dirá hasta que llegue el momento que considere adecuado- abandonar la intendencia capitalina, encabezar la lista de Cambiemos y durante los próximos dos años de diputado nacional hacer campaña (ya sin las ataduras de gestión ni reclamos al estilo de cuándo tapará el bache de tal esquina) en la provincia para intentar convertirse en el segundo gobernador radical en más de 50 años (el último fue Aldo Tessio a quien los militares desalojaron en 1966).

La candidatura de Corral, es un hecho cuasi consumado para la mayoría de los dirigentes radicales. Basta consultarlos en off y se hace una lista larga de quienes la admiten en ese partido. E incluso de quienes están dispuestos a asegurar que la cosa ya tiene el visto bueno del presidente Macri.

Tampoco nada de esto lo debe desconocer, seguramente, el gobernador Miguel Lifschitz quien habló conmigo días pasados y me dijo que hay "mejor clima político en la provincia", entre otras razones, supongo, porque nadie aún abrió la competencia electoral y él pudo, cara a cara generar otro trato con el presidente.

Ambos quieren gobernar ocho años. No han dicho que no quieren ser reelectos ni lo dirán, al parecer, hasta que nos les quede más alternativa. Y han comprendido que más allá de los vaivenes de la economía, los éxitos y fracasos de las medidas, las contradicciones de sus propias decisiones y las tan formidables como inexplicables ayudas de la dirigencia kirchnerista residual para que la ciudadanía estire su esperanzada paciencia, deben asegurar primero la paz social que, entre sus primeras decisiones, debe pasar por garantizar una coexistencia en calma de la dirigencia política.

En su última visita Macri cumplió con su promesa hecha cuando estuvieron a solas: "Quedate tranquilo Miguel, cada vez que vaya a tu provincia vos y José estarán ahí conmigo acompañándome", habría dicho más o menos el presidente.

José, es Corral, el presidente del comité nacional de la UCR a quien la casa Rosada mima particularmente con un flujo de fondos más que valioso: además de las obras hidráulicas que la ciudad capital de la que es intendente espera desde siempre y clama con cada lluvia, acaba de lograr, junto a sus correligionarios diputados nacionales Mario Barletta y Hugo Marcucci, modificar el proyecto de presupuesto nacional e incluir algo de fondos para el nuevo puente Santa Fe-Santo Tomé que Néstor Kirchner prometió desde 2003 cada vez que estuvo en la provincia y por el que los santafesinos ya pagaron cuando el ex gobernador Jorge Obeid decidió financiar con fondos provinciales la conversión de la ruta 19 en autopista hasta San Francisco a cambio de que el kirchnerismo cumpliese (cosa que no hizo, claro) la promesa de construir ese puente.

Asistir e inflar todo lo que se pueda a Corral es una estrategia de Cambiemos (el intendente es uno de los pocos radicales que dialoga con Macri y a diario con todos sus ministros como si fuera uno más de éstos), fortalece el sector del radicalismo más afín a la Rosada en la provincia, abre el gotero para horadar la resistencia de los radicales aferrados al Frente Progresista y obliga a los socialistas a estar a la defensiva todo el tiempo. Pero los PRO locales pusieran el grito en el cielo: al fin de cuentas están siendo casi convidados de piedra. No tienen más estrategia por ahora que gritar afuera y negociar adentro. Eso quiere decir hacer fuerza para Corral encabece la lista de diputados nacionales y ponerle abajo la mayor cantidad de hombres.

Cuando Lifschitz y Macri comprendieron apenas pudieron hablar entre sí cara a cara, con franqueza y crudeza y acallar a sus respectivos halcones, que no los unirá el amor pero si el espanto, "mejoraron el clima político".

La última visita presidencial a la provincia dejó en claro que por ahora está dispuesto a cumplir lo prometido y equilibrar las señales en una suerte de neutralidad aparente que beneficiaría a todos. Así como a los radicales les diera el puente a Santo Tomé y los paseara con él en el territorio de la bota, no se olvidó de su nuevo amigo socialista.

"Participé tanto de su recorrida a las ciudades de Reconquista y Santa Fe. Muy buen trato y mejor clima. Creo que en ese punto hemos avanzado. Se han dejado de lado cuestiones menores y estamos tratando de priorizar y coincidir en los temas más importantes. Desde ese punto de vista hay un avance significativo y eso ayuda a tener un mejor clima interno aquí en la provincia de Santa Fe con el resto de los integrantes del Frente Progresista que está en sintonía también con lo que la mayoría de los santafesinos espera de sus gobernantes", me contó Lifschitz, quien sigue sin tener, afirma, una fecha electoral.

La fecha electoral: lanza que los radicales amenazan quebrar. "Lo conversado es que deben ser separadas", me dijo Corral. "Si se convocan juntas estalla el Frente Progresista", amenazó Julián Galdeano, titular del comité provincial y el síntoma más alarmante lo dio la definición del vicegobernador, Carlos Fascendini, un radical NEO, el grupo frentista y contrario a Cambiemos: "Es verdad que el Frente Progresista es como un matrimonio de muchos años en el que es lógico que haya peleas, pero también puede haber divorcio", le recordó al ministro de Gobierno, Pablo Farías. Ni lerdos ni perezosos desde el PRO, la diputada Alejandra Vucasovich y desde el socialismo bonfatista, el diputado Rubén Galassi, salieron a pedir elecciones simultáneas. Lifschitz tomó nota de cómo el tema subleva a la muchachada en todos lados y, una vez más, apostó a calmar los ánimos y esperar que baje la espuma. "No tenemos posición definida, hay pros y contras en cada una de las alternativas. Lo vamos a seguir conversando. No tenemos apuro. Hasta mediados de enero tenemos tiempo para tomar una decisión en un sentido o en el otro. Así que nos vamos a tomar ese tiempo para seguir conversando al interior del Frente y también haciendo consultas con el justicialismo y con el PRO", me dijo a propósito de esta nota.

La misma actitud tomó respecto del proyecto de presupuesto que envió al Senado y que los intendentes radicales tanto como los del PJ presionan por modificar para que la coparticipación a ellos pase del 13,5 al 15 por ciento. Lifschitz tiene más plata que le viene de la Nación, dicen. El gobernador no se inmuta: "El presupuesto aún no ha tenido trámite en el Senado. Esperamos que en extraordinarias antes de fin de año se apruebe. Es un presupuesto tranquilo, no incorpora cuestiones tributarias, prioriza la inversión pública. No veo ninguna dificultad para que se apruebe sin modificaciones", expresó con claridad meridiana.

Lifschitz no ve "riesgos de ruptura, por lo menos en el corto plazo". Dice no desconocer que hay actores tanto nacionales como locales intentando "forzar la situación y acelerar los tiempos pero por ahora mantengo la estrategia de trabajar con todos los sectores del radicalismo, coordinando tan bien como lo venimos haciendo con Corral tratando de mantener el equilibrio. Ese ha sido el compromiso que permitió mejorar el clima en la provincia".

La "Trumpfobia" que invade el mundo parece reducir todo a menos, incluso la decisión más importante de Corral y con ella la suerte misma del Frente Progresista si Lifschitz, como dice el intendente que le prometió, no desdobla las elecciones.

Comentarios