La ciudad
Miércoles 31 de Agosto de 2016

Aseguran que las políticas antidroga tuvieron poco que ver con la salud

El especialista de la OPS, Luis Alfonzo, dijo en Rosario que la violencia está mucho más relacionada al tráfico que al consumo.

"Muchas veces, el sistema de salud se parece a un laberinto, la mayor parte de las personas no sabe por dónde entrar", señala Luis Alfonzo, médico psiquiatra y asesor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Está al frente de un auditorio lleno de funcionarios, responsables de equipos y trabajadores del área para analizar las políticas existentes sobre el consumo problemático de drogas. Y destaca que, hasta ahora, el abordaje "ha estado sesgado por visiones preconcebidas, que están en el ámbito de la seguridad, y la salud pública se ha ocupado poco del tema. Pese a que se trata de uno de los elementos y una de las justificaciones de las acciones antidrogas, las políticas han tenido muy poco que ver con la salud".

Alfonzo llegó a Rosario en el marco de un convenio de cooperación técnica entre la provincia y la OPS para trabajar en un plan estratégico con el cual abordar los consumos de sustancias que "no sea letra muerta, sino que permita orientar y guiar acciones", según lo definió la directora de la Aprecod, agencia creada recientemente para la prevención y el tratamiento de las adicciones.

Mitos. El especialista formó parte del equipo de la Comisión Interamericana para el Consumo de Abuso de Drogas y actualmente se desempeña como asesor regional para abuso de sustancias en la OPS. En una entrevista con La Capital, analizó los mitos que asocian violencia y consumo de drogas, la necesidad de contar con sistemas de información adecuados y el reto que representa para la salud pública atender estos problemas.

"Cuando estamos hablando de la peligrosidad y la violencia asociadas al uso de sustancias estamos hablando de un mito. Hoy en día la violencia está mucho más relacionada al fenómeno del tráfico que al fenómeno del consumo. Tanto con el fenómeno del tráfico como actividad ilegal, como con las medidas que los estados implementan para contrarrestar el tráfico. Ahí es donde se producen los muertos y las principales lesiones", aseguró.

—Pero la preocupación por el consumo parece relacionarse siempre con las situaciones de violencia relacionadas con el narcotráfico o la venta al menudeo....

—La conceptualización que se hace sobre un tema complejo como el tema del consumo de sustancias, a veces incluye elementos que no se corresponden necesariamente con lo que está ocurriendo. El hecho de que coexistan en un mismo momento la conducta violenta, el consumo de sustancias y el trafico de sustancias, no necesariamente se relaciona a un factor causal. Generalmente se dice que el uso de sustancias es lo que ocasiona la violencia y no necesariamente es así, muchas veces son poblaciones violentas o son prácticas de crimen organizado que se incluyen dentro del negocio del tráfico de drogas y que incorporan la violencia, pero no es generada por el consumo de sustancias. Es decir, no son los consumidores de sustancias los violentos. Creo que hay una diferencia fundamental. A veces se le atribuye a las drogas un carácter pervertidor, como si tuviera un potencial por sí misma, pero lo que hemos visto en la historia es que poblaciones que se dedicaban al crimen organizado, al contrabando, ahora pasaron a dedicarse al tráfico de drogas. O que poblaciones que traficaban con armas, ahora trafican drogas también como parte de esta dinámica de crimen organizado. Muchas veces se dice "llegó la droga" como si fuese una especie de huracán o un terremoto que aparece de repente en alguna parte y negamos el componente de la dinámica social que sirve de caldo de cultivo para que este tipo de negocios y este tipo de actividades se desarrolle.

—¿Como entra en esto el sistema de salud?

—Desde la perspectiva de salud pública, lo que tratamos es de proteger a la población que de alguna manera está siendo victimizada por este fenómeno. Y cuando hablamos de enfoque de salud pública tenemos que incluir a los consumidores, a sus familiares, a las víctimas de la violencia de cualquier tipo. A las víctimas de la violencia por acción del crimen organizado, pero también a las víctimas de la violencia que ocasionan muchas veces los mecanismos de control del Estado. Aunque, por supuesto, todo esto debe estar acompañado de intervenciones en contra del crimen organizado, no contra los consumidores que son los que visiblemente más aparecen como el objeto de estas intervenciones. Es un reto importante para la salud pública atender toda esta dinámica. Es importante clarificar este tema, informar adecuadamente a la población, porque, además, muchas veces vemos que existe una matriz de opinión negativa hacia el consumidor de sustancias que, en última instancia, es el eslabón más débil de una cadena de un gran negocio que se nutre como una especie de moledora de carne de la vida de estos sujetos. Entonces, la mirada de la salud pública va orientada hacia la protección de estas personas.

—¿Esta preparado el sistema de salud para enfrentar este desafío?

—La salud pública tiene conocimientos suficientes que la habilitan para abordar este tema. Lo que estamos tratando de hacer con esto no es generar una estrategia a partir de la nada. El sistema de salud tiene un conocimiento que ha acumulado para el abordaje de los distintos problemas que se le han planteado. Desde la epidemiología se puede dar cuenta cómo es el comportamiento de este fenómeno y de qué manera se puede abordar. Hasta ahora, el tema ha estado muy sesgado hacia visiones preconcebidas, que están en el ámbito de la seguridad, y la salud pública se ha ocupado poco del tema. Pese a que se trata de uno de los elementos y una de las justificaciones de las acciones antidrogas, las políticas han tenido muy poco que ver con la salud.

—¿Cuál es la clave de esta nueva mirada?

—Pasa por abordar este tema como un tema de derechos. El sujeto consumidor por el hecho de ser consumidor de drogas no está desprovisto de sus derechos fundamentales, el derecho a la salud, el derecho a la vida, a la integridad, el derecho a la defensa, a la autodeterminación. Entonces se trata de poder mirar como el sujeto no está desposeído de esos factores y puede tomar una decisión con respecto a sí mismo. Eso va a implicar la manera en como se aborda, la información que debe recibir, de las opciones que se le deben dar y, sobre todo, las opciones que tienen que ver con la recuperación y la rehabilitación a la cual él y su familia tienen derecho.

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