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Sábado 29 de Marzo de 2014

Arvejas: la región se hace fuerte en el mejoramiento genético

La investigación aplicada permite darle mayor potencial al cultivo de invierno que tiene gran presencia en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires.

La zona sur de Santa Fe y el norte de Buenos Aires tienen una vasta tradición en el cultivo de legumbres de invierno, como arveja y lenteja. Sin embargo, durante mucho tiempo, el mejoramiento genético en estas legumbres fue escaso, debido a que las variedades que se cultivaban en forma extensiva, en Argentina eran producto de mejoramiento extranjero.

Aun más, llegó un momento en que los esfuerzos de traer variedades importadas al país se discontinuaron hasta contar con sólo dos de arveja durante los primeros años del 2000. Esta situación no dejaba muchas opciones para elegir las que se podían adaptar a diferentes zonas productivas y, a su vez, recurría en la pérdida de calidad en la producción por la falta de pureza de las semillas.

Ante esta situación, un grupo de profesionales de la zona de Alvarez, formados en ciencias biológicas y en investigación científica, detectaron la oportunidad de mejorar estos cultivos y la posibilidad de devolverles competitividad.

En 2005 se comenzaron a realizar las primeras pruebas en semillas de arvejas por cruzamiento clásico. Luego de más de ocho años de evaluaciones y multiplicación de candidatos promisorios, para el 2011 se lograron obtener tres nuevas variedades comerciales que superaban ampliamente la media productiva.

Tras estas innovaciones, se funda "Arves", una empresa dedicada al mejoramiento vegetal, con especial atención a las legumbres de invierno. La empresa realiza mejoramiento propio y ha obtenido las primeras variedades nacionales de arveja.

En relación al crecimiento exponencial de productores legumbreros en la región, Luciano Brambilla, del departamento de prensa de Arves, explicó todo este proceso que dio nacimiento a una empresa innovadora.

—¿Por qué dedicarse al cultivo de arveja?

—Las arvejas fueron incrementando su participación entre los cultivos de invierno en los últimos años. El interés en adoptarlas es creciente de parte de los productores, para incluirlas dentro de sus esquemas productivos y como alternativa al trigo. Así, el área sembrada se ha extendido, de un pequeño núcleo tradicional en el sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, a muchas otras regiones de estas provincias, como también a Córdoba y Entre Ríos. El cultivo cumple un rol significativo desde el punto de vista de la sustentabilidad: la arveja es una especie que puede obtener gran parte del nitrógeno requerido para desarrollarse mediante la asociación con bacterias del suelo que le permite asimilar nitrógeno atmosférico. Además, logra una notable economía en el consumo de agua, llegando a usar la mitad del agua del suelo que el cultivo de trigo, por lo que es un excelente antecesor, demostrado para soja y maíz.

—¿Cuáles son las variedades que Arves introduce en el mercado? ¿Qué las diferencia de las clásicas?

—Hoy la empresa ofrece para el mercado argentino nuevas variedades de arveja: "Pampa", "Bicentenario" y "Manantiales". Las variedades se diferencian de las que se cultivaban hasta el momento en estructura de planta. Manantiales es la más erguida y Pampa la de mayor capacidad de ramificación. Las tres poseen diferencias en el largo del ciclo reproductivo. La época de siembra aconsejable para las arvejas es durante los primeros veinte días de julio y su cosecha comienza en los primeros días de noviembre. Estas variedades producen granos secos de color verde, particularmente requeridos por mercados como Brasil. Todas tienen alto potencial de rendimiento y los granos que se obtienen de ellas se diferencian entre sí en forma y tamaño. Estas características son importantes ya que la producción termina, con frecuencia, directamente frente al consumidor, sin demasiado procesamiento. La variación en forma y calibre se adapta a la demanda de diferentes mercados. Desde el punto de vista de la industrialización, los calibres grandes son más indicados para las arvejas que son posteriormente partidas, mientras que los calibres menores son los preferidos para producir las arvejas remojadas y luego enlatadas. Las variedades fueron ensayadas por el Inta en 2012, demostrando rendimientos mayores a las variedades difundidas, e incluso superando a las de genética extranjera como las canadienses.

—En los últimos años y desde su experiencia, ¿qué importancia toma el cultivo en nuestro país?

—A nivel mundial, Canadá es el primer productor de arveja con 1,35 millones de hectáreas sembradas en promedio, con un comportamiento que no muestra una tendencia hacia el crecimiento en superficie sembrada. Por otra parte, existe un mercado internacional cada vez más demandante de este alimento, con India y China como los principales consumidores. En este contexto, Argentina posee una oportunidad excepcional para desarrollar el cultivo de arvejas, que sólo se siembra en una superficie aproximada de 100 mil hectáreas, considerando que es probable que Canadá no pueda incrementar su producción al ritmo requerido por los consumidores. Esta es una oportunidad más que cierta si además se considera que sólo un pequeño grupo de países son los que podrían desarrollar este cultivo, debido a las condiciones climáticas y de suelo que el mismo requiere. Argentina es uno de ellos. Un hecho no menor a considerar es que los mayores compradores como India y China consumen mayoritariamente arvejas de color amarillo y grano grande, mientras que Argentina produce casi en su totalidad arveja de color verde y de calibres pequeños o medianos. Por esta razón la empresa posee programas de mejoramiento para la obtención de variedades de arveja amarilla adecuadas para la producción de grano destinado a estos mercados. La arveja amarilla no presenta modificaciones respecto al manejo agronómico en relación a la tipo verde. El color sólo depende de una variación genética natural entre variedades.

—¿Qué es lo que se viene a futuro en relación a la arveja?

—Hay muchos aspectos que se están mejorando para que el cultivo sea cada vez más exitoso y competitivo. Nosotros sostenemos que el éxito de un cultivo no sólo depende de la genética de la semilla, sino también de otras tecnologías asociadas. Además de la carencia que anteriormente existía en genética, se le sumaba la falta de innovaciones en inoculantes específicos para arveja. Actualmente, estamos trabajando en investigación y desarrollo con nuevas cepas de bacterias que han demostrado de modo muy significativo que son capaces de aumentar los rendimientos.

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