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Domingo 17 de Febrero de 2013

Argentina y un peligroso viraje en política exterior

El furioso debate visto esta semana en el Senado y fuera de él sobre el acuerdo o memorándum de entendimiento con Irán...

El furioso debate visto esta semana en el Senado y fuera de él sobre el acuerdo o memorándum de entendimiento con Irán por el crimen de la Amia, debe ser analizado —para ser comprendido en su real significado e intención— en clave de política exterior, antes que bajo cualquier consideración doméstica.

Esa política exterior se centra en el acercamiento sistemático al grupo de países del Alba y sus aliados. Entre ellos, Irán, además de la Siria de Assad. Por eso el Alba le hace el “aguante” mediático desde hace dos años al gran aliado de Irán en Medio Oriente, el dictador sirio Assad, en su brutal represión interna. La otra pata de esa alianza medioriental es la milicia shiíta libanesa Hizbolá (los tres, Irán, Hizbolá y las tropas de Assad están combatiendo a los rebeldes sirios). Con esta clase de gente y de países se está, sino aliando, sí acercando Argentina. Al mismo tiempo, se aleja de sus aliados regionales y europeos de décadas, como Uruguay y Chile y la Unión Europea y, dentro de ella, España e Italia.

En el caso de Irán, incluso el argumento energético que se utiliza (Argentina tiene un déficit energético que exige importar 12 mil millones de dólares anuales en hidrocarburos) parece bastante improbable. Petróleo y gas son commodities, no es necesario irse tan lejos a buscarlos y mucho menos crear semejante ruido diplomático.

En 1973 y 1974, el tercer gobierno de Perón impuso la plena inserción en los No alineados. Esto incluyó un peculiar viaje a Libia en enero del 74 de su ministro José López Rega. También se envió una misión a Cuba. Ambos fueron coronados con acuerdos económicos (Cuba todavía adeuda los bienes que no pagó). Hoy se está ante un revival de aquel viraje setentista. Hostilizar a Israel y a las entidades judías damnificadas, como hizo el canciller Timerman, es parte de este viraje, como lo es, claro, el acuerdo con Irán y su inverosímil búsqueda de verdad y justicia en Teherán.

Para tener un parámetro de la magnitud de este cambio, baste recordar que CFK y Néstor Kirchner jamás habían hecho una visita a Fidel Castro en Cuba, como hizo recientemente la presidenta, si bien de manera apresurada y con la excusa de intentar ver a Chávez. Algo impensable hace pocos años, cuando el canciller Bielsa gestionaba la salida de Cuba de la doctora Hilda Molina. O cuando Kirchner llegaba por primera vez a Caracas, y además de encontrarse con Chávez se entrevistaba con la oposición.

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