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Sábado 14 de Enero de 2017

Argentina se vale de la ciencia para reafirmar derechos sobre la Antártida

La canciller Susana Malcorra encabezó una visita a la base Carlini y se puso al corriente de las investigaciones científicas que allí se desarrollan.

Argentina decidió dar prioridad a su política estratégica en la Antártida y fortalecer su presencia en el continente blanco austral a través de un mayor desarrollo científico, anunció la canciller argentina, Susana Malcorra, en su visita a la base científica Carlini en las islas Shetland del Sur.

   "La soberanía se defiende de muchas maneras", subrayó a la jefa de la diplomacia argentina el jueves en la isla 25 de Mayo (Rey Jorge), donde Argentina tiene la base Carlini, una de sus trece bases antárticas.

   La primera visita de un canciller argentino en décadas a la Antártida señala un interés del gobierno en esta región estratégica, dueña de riquezas naturales aún incalculables y que está sufriendo cambios inéditos como consecuencia del calentamiento global, dejando al descubiertos territorios antes enternamente tapados por hielo y nieve.

   El reclamo soberano de territorio antártico argentino se encuadra entre los paralelos 74 y 25, y coincide parcialmente con el de Chile y casi en su totalidad con el del Reino Unido, pero el Tratado Antártico, firmado en 1959 por doce países, entre ellos Argentina, "ha congelado la situación y alienta a la cooperación y el trabajo en el ambiente científico con un compromiso de no militarización de la zona, diciendo que esto no significa que nadie ceda sus derechos", precisó Malcorra.

   "Eso abre una oportunidad", subrayó la canciller a los medios que la acompañaron a lo largo de los más de 3.500 kilómetros para llegar a la isla 25 de Mayo, donde hay numerosas bases extranjeras además de la argentina. Allí se encuentran las bases Frei Montalva y Escudero, de Chile; Artigas, de Uruguay, Bellingshausen, de Rusia; la Gran Muralla, de China; Rey Sejong, de Corea del Sur; Arctowski, de Polonia; y Ferraz, de Brasil y actualmente en reconstrucción tras un incendio que la destruyó en 2012.

   Hizo falta abordar primero un avión oficial, luego un Hércules y, ya en las Shetland, un buque de la Armada argentina para llegar hasta Carlini, en la caleta Potter.

   La base científica opera todo el año y cuenta con series de datos científicos desde hace más de 20 años ininterrumpidos, información crucial para determinar el avance del cambio climático y la situación de la fauna marina a lo largo de las décadas.

   Malcorra se sorprendió al constatar allí el retroceso de los glaciares y la falta de nieve. "El calentamiento produce que cada vez haya menos blanco continuo" en el horizonte antártico, advirtió. "Eso hace que cada vez haya más interés, potencialmente comercial, en cosas de la Antártida, y nosotros tenemos que mantener nuestra presencia, nuestra visión y nuestro compromiso en el marco del Tratado Antártico".

   "Las riquezas de la Antártida son grandes signos de pregunta. La más inmediata se refiere a la riqueza de la pesca", sostuvo.

   La ciencia es uno de los pilares de la política estratégica de Argentina en la Antártida. Las investigaciones que se hicieron en la base Carlini permitieron incluso que el archipiélago Shetland del Sur fuera declarado área protegida.

   "La Argentina tiene como objetivo ahora un rol más activo en los mecanismos del Tratado Antártico", destacó el director nacional de Política Exterior Antártica, Máximo Gowland. "Y las vías son participando en inspecciones a bases extranjeras, que Argentina no hacía desde 1995, ingresar en los sistemas de observadores científicos a bordo de buques de otros países y participar en las campañas contra la pesca ilegal", citó.

   Resulta prioritario actualizar las bases antárticas, construidas hace varias décadas en módulos separados cuando el objetivo era abarcar más territorio, pero en un sistema ineficiente para la calefacción y el mejor funcionamiento de las instalaciones. "Se necesita aplicar tecnología nueva", aseveró.

   En momentos de recortes presupuestarios a nivel nacional, el Ministerio de Relaciones Exteriores apuesta a conseguir fondos para modernizar las bases científicas. "Y además pensar en algo más estratégico, más a largo plazo", señaló la diplomática.

Un traslado que requirió un avión y varias naves

Un avión Hércules, botes gomones chilenos y argentinos y el buque ARA Islas Malvinas fueron la impresionante logística que debió utilizarse para el traslado de la canciller Susana Malcorra y la delegación que la acompañó para llegar a la base científica Carlini, ubicada en la isla antártica de 25 de Mayo.

   El periplo de Malcorra comenzó el miércoles por la tarde, cuando se trasladó junto a funcionarios y una docena de periodistas a la ciudad de Río Gallegos, en donde la delegación pasó la noche en la base Aérea de la capital santacruceña. A las 6.30 del jueves abordó el avión Hércules de la Fuerza Aérea, donde tras dos horas de vuelo cruzó los 1.500 kilómetros que separan Santa Cruz de la isla 25 de Mayo.

El avión debió aterrizar en la base chilena Frei porque Carlini no tiene aeropuerto.

Luego la delegación argentina fue transportada en gomones chilenos hasta el buque ARA Islas Malvinas de la Armada Argentina, de procedencia rusa (aún se puede ver en sus pasillos y puertas escritos en alfabeto cirílico). Tras dos horas de navegación, otro gomón dejó a los visitantes en la playa de la base Carlini.

La canciller permaneció en la base poco más de una hora, hasta que debió hacer el itinerario inverso: otro gomón hasta el buque (que aguardaba a unos mil metros de la playa), una hora más de buque y nuevamente gomón hacia la base Frei, trayecto que lo hizo bajo una persistente nevada.

    Casi tres horas después, los 40 miembros de la comitiva llegaron a la base aérea Río Gallegos, y a las 20 abordarían el Tango 03 para retornar a Buenos Aires

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