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Domingo 24 de Enero de 2016

Argentina, ante riesgos y oportunidades

Después de varios años de quedar en segundo plano por el auge y hegemonía de las modas progresistas, el gran encuentro del “neoliberalismo” está de vuelta con toda su pompa y su escenografía de jet set.

El Foro de Davos ha vuelto al centro de la escena internacional. Después de varios años de quedar en segundo plano por el auge y hegemonía de las modas progresistas, el gran encuentro del “neoliberalismo” está de vuelta con toda su pompa y su escenografía de jet set. Es un signo seguro del cambio de época, que la crisis económica y política ya inocultable de los neopopulismos y progresismos latinoamericanos ha acelerado. La caída del precio de los commodities, como ya se ha dicho, es solo el disparador, nunca la causa de esta crisis. La mejor evidencia es el contraste entre la “estanflación” que padecen en grado diverso Argentina, Brasil y Venezuela y las muy buenas tasas de crecimiento con bajísima inflación de los países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, Perú y México). La oposición venezolana, con números a la mano, señala esta falacia de culpar de todo al petróleo, y deja bien claro que la responsabilidad de la crisis es del modelo “bolivariano” construido por el fallecido Hugo Chávez.

   En este contexto, Davos le sirvió a Macri para escenificar ante el mundo el neto viraje de las relaciones internacionales de la Argentina. Las reuniones con el vice de Obama, Joe Biden, las conferencias de prensa, y el encuentro entre John Kerry y la canciller Malcorra, así como el modo inusual en que la prensa internacional ensalzó al presidente argentino como una de las estrellas del foro de los Alpes suizos, son señales ciertas de que la larga era K ha terminado, y de manera brusca. Ahora todo dependerá de la performance de la economía. Pero el FMI y el World Economic Forum pronostican que Argentina, Brasil y Venezuela, en ese orden de gravedad creciente, tendrán números negativos en 2016. En el caso argentino, esto es claramente la herencia del cristinismo, desaforado y totalmente fuera de cauce en su última etapa, con nombramientos, gasto público y emisión monetaria a granel.

   La apuesta del nuevo gobierno es crecer aunque sea un poco en el último trimestre de este año y hacerlo con fuerza en 2017. De esto dependerá su futuro. La fortaleza política del gobierno será proporcional a la vitalidad de la economía. A nivel internacional, Argentina debería pasar de esta etapa inicial de rondas de contactos, promesas de inversiones y genéricas declaraciones optimistas a concretar esas promesas. Serviría mucho gestionar tratados de libre comercio, tanto bilaterales como con bloques. En el catatónico Mercosur parece haber, finalmente, consenso en este sentido, y ya no solo de los dos socios chicos, Uruguay y Paraguay, eternas víctimas de Brasil y Argentina. Claro que la membresía plena que se le dio a Venezuela será un problema. El gobierno de Maduro parece vivir en una realidad paralela. En todo caso, Argentina debería hacer lo que está haciendo en este mismo momento México, que negocia ampliar y actualizar sus ya vigentes tratados de libre comercio con la UE y la asociación que conforman Suiza, Noruega, Islandia y Liechtenstein. El presidente Enrique Peña Nieto destacó en Davos el nivel de apertura de la economía mexicana, la decimocuarta del mundo, y sus múltiples tratados de libre comecio que le permiten acceder a un mercado de 1.100 millones de consumidores. Una abismal diferencia cualitativa con la Argentina cerrada que diseñaron Cristina y Axel Kicillof. Es sintomático que en aquel listado de pronósticos económicos para 2016 sean los países de la Alianza del Pacífico —México, Perú, Chile y Colombia— los que sigan mostrando, como en años anteriores, muy buenos índices, mientras los más “progresistas” y cerrados tienen números en rojo. Argentina (-1%), Brasil (-3,8%) y Venezuela (-8%) son los únicos tres países de América latina que no crecerán este año según el FMI; en contraste, Perú acelerará su expansión a un 3,3%; Colombia crecerá 2,7%; México, 2,6%, y Chile, un 2,1%.

   La Argentina debe sin dudas apuntar a figurar en este segundo grupo de países abiertos, exitosos y dinámicos, para alejarse definitivamente del primer grupo, que es un certificado de seguro de estancamiento. Los venezolanos, condenados a hacer colas infinitas para comprar alimentos, dan el mejor testimonio de este fracaso categórico del modelo populista.

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