Ovación
Lunes 06 de Junio de 2016

Argentina inicia el camino a la gloria que vino a buscar

Sin certezas sobre la presencia de Lionel Messi, Argentina debuta en la Copa América Centenario contra Chile, el mismo rival que le ganó la final en la edición del año pasado. El objetivo es uno solo: ser campeón.

No hay manera de que el partido de hoy en el atardecer californiano tenga el mismo cartel luminoso si no juega Lionel Messi. Ese favoritismo absoluto que el mundo futbolístico le adjudica a la selección argentina para quedarse con el título de la Copa América 2016 suma el primer asterisco si el rosarino no está para el debut contra Chile por el grupo D. El motivo de la ausencia no hace ni falta explicarlo a esta altura de los hechos: Martino no lo arriesgaría porque todavía no se recuperó totalmente del golpe que sufrió en la espalda y las costillas en el amistoso contra Honduras en San Juan.

En la conferencia de prensa que ayer a las 11 (hora local) el Tata brindó en el estadio para todos los medios, dijo lo que se sabía que iba a decir: "Lo vamos a esperar hasta último momento. Si él se siente en condiciones va a jugar. Primero lo voy a hablar con el médico y con Leo y lo decidiremos después de la práctica de la tarde o mañana (hoy)".

Lo cierto es que la cara del DT argentino no alentaba demasiado al optimismo. Igual, tratándose de Messi no conviene hablar de imposibles ni ponerles límites a las posibilidades. Porque hace tiempo que las viene derrumbando. No sólo para Martino es motivo de insomnio no tenerlo a Messi en óptimas condiciones en el inicio. Para la organización de la Copa América Centenario, que gastó millones y millones de dólares para festejar estos 100 años, la sola mención de que esté en duda ya atenta contra el plan de seducción que pusieron en marcha los estadounidenses para venderlo a Leo como si fuera una empresa multinacional. Es que sin Neymar, Messi encarna al pibe contracultural que eligieron para sostener la marca de la copa.

Para muestra de esto basta con adentrarse por las inmediaciones de esa mole de cielo abierto y de hierro que es el Levi's Stadium, donde se disputará el partido. Pasear un rato por ahí es como, en algún punto, ingresar en el reino de Messi. Alcanza con recorrer las instalaciones o algunas de las calles de la interminable playa de estacionamiento para toparse con una gigantografía con la cara de Leo. Su rostro impacta, aunque no tanto como la mirada intimidante que uno encuentra a cada paso por las calles de San José o Santa Clara del basquebolista Stephen Curry, figura estelar del equipo Golden State de California. Porque si algo marca territorio en Estados Unidos por estos días, incluso por encima de la disputa de la Copa América USA 2016, es la final de la NBA que están disputando Golden State Warriors y Cleveland Cavaliers. Hasta Martino, confeso amante de la NBA, respondió una pregunta de un periodista local sobre si el inmenso Curry era en la actualidad el Messi del baloncesto.

Ya imaginando el partido en lo exclusivamente futbolístico, la posible ausencia de Messi también deja a la selección en la más completa intemperie colectiva. Cuando no juega en un amistoso ya asusta pensar qué será de Argentina como equipo. No hay que ser demasiado inteligente para entender cómo repercutirá en el estreno de hoy contra Chile si finalmente deciden no arriesgarlo.

En este contexto hasta dan ganas de anticiparse y exagerar. Porque si esta selección argentina decidió tener espaldas anchas para cargar con el desafío de redimirse de todas las malas que pasó, la única posibilidad que tiene de cicatrizar esas heridas es porque está Messi. Sin él, con todo el respeto del mundo, sería un equipo de reparto. Se lo pudo comprobar cuando no jugó en los primeros cuatro partidos por las eliminatorias sudamericanas y parecía que Argentina ya no jugaba el Mundial 2018. Hasta hacían fila para mandar al patíbulo a Martino.

También es cierto que para Argentina enfrentar a la Roja representa uno de esos partidos que vino a buscar a tierras estadounidenses. Algo así como una final aunque se trate de un estreno, pero sin la recompensa del título. Por eso poco importa que lo de hoy no esté precedido por el encanto de lo definitorio. Para Argentina igual tiene un peso de etapa decisiva. Una prueba de máxima exigencia, de esas que deben dar los equipos para mostrar su estirpe de candidato.

Además, desde la final en la Copa América 2015, jugar contra Chile siempre tendrá otra dimensión. Es como tener enfrente a alguien que te sacó algo que creíste que te pertenecía. Por algo se empezó a hablar de este enfrentamiento apenas se conoció el sorteo a principios de febrero. Cómo abstraerse de ese contexto revanchista que anida en la mente de cada jugador argentino que estuvo en aquel derrumbe de ilusiones en Santiago. Desde ese preciso momento dejó de ser un choque de ocasión para este grupo al que el país hace rato que le reclama una reparación histórica y un pacto de reivindicación para terminar con los 23 años de mirar a otras selecciones festejándole en la cara.

A esta generación de futbolistas no le corresponden culpas anteriores, pero sí le cabe este presente nebuloso en festejos. A tal punto que es difícil poner las manos en el fuego por estos jugadores argentinos sin creer que en algún momento uno se va a quemar. Porque son ellos, o al menos la mayoría, los que cargan como una oblea pegada sobre la espalda por las finales perdidas en el Mundial 2014 y la Copa América 2015.

De ahí que la rebeldía de este plantel todavía es una materia en observación. La esperanza de todos es que el orgullo aguijoneado y la urticante sensación de deuda los tiene que provocar. Les tiene que mover las fibras íntimas y el orgullo competitivo. Siempre se dijo que la condición ideal de un equipo se da cuando se siente desafiado y así lo tendrían que interpretar estos jugadores cuando hoy salgan a la cancha.

El desafío tiene poco y nada de sencillo para Argentina. Juegue o no Messi. La suerte de la selección dependerá dentro de los estrechos márgenes de previsión que siempre concede el fútbol. Sobre todo, de la capacidad que tenga el equipo para entender lo que le demande el partido. En esa dirección, ¿qué se puede esperar? Todo, en especial, un trámite volcánico y muy desatado en ataque. En el que Argentina compartirá el gobierno de la pelota, una situación a la que no está acostumbrada. Hay serias sospechas de que el desarrollo no será condescendiente con la selección. Porque si algo tiene Chile es que suele marcarle la dirección a los partidos por prepotencia. Tal vez lo haga con un ritmo más sosegado ahora con Pizzi y con respecto a la etapa de Sampaoli. Pero el equipo ya tiene tan automatizado algunos movimientos que realmente no se espera que haga otra cosa.

Martino también lo entendió así en el contacto con la prensa. Para contrarrestar eso, Argentina no tiene ni el mínimo permitido para caer en vacilaciones. Tampoco puede darse el lujo de mirar hacia otro lado a la hora de ensayar conductas que no estén alineadas a una propuesta generosa y a un encendido compromiso para restaurar tantos años de frustraciones.

Más que un punto de partida, Argentina comenzará a recorrer el camino que lo acerque a esa gloria que vino a buscar y que el mismo rival de hoy se la sacó en la Copa América pasada.

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