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Domingo 27 de Abril de 2014

Argentina, en el club equivocado

Mientras el conflicto en Ucrania desatado por la abierta injerencia de Moscú no deja de escalar, es válido señalar que la Argentina se ubica en el plano internacional del lado del caudillo ruso Vladimir Putin.

Mientras el conflicto en Ucrania desatado por la abierta injerencia de Moscú no deja de escalar, es válido señalar que la Argentina se ubica en el plano internacional del lado del caudillo ruso Vladimir Putin. Más de diez años de política exterior confusa y mal ejecutada, pero con una directriz general evidente —un tercermundismo antianorteamericano de vieja cepa setentista— han llevado a Argentina al club de Venezuela, Rusia, Irán y Bolivia. La percepción internacional de la Argentina ha empeorado en este último tramo de gobierno kirchnerista iniciado en 2011 por este marcado acercamiento a ese grupo. El fallido y oscuro acuerdo con Irán; el abrazo con la Venezuela de Chávez, en especial desde cuando este enfermó gravemente y murió; el reciente voto en el Consejo de Seguridad seguido de una abstención en la Asamblea de la ONU sobre Crimea, con llamada amistosa de Putin a la presidenta incluida: todo da como resultante una política exterior que converge con la de las naciones de la izquierda radical latinoamericana y los enemigos más virulentos de Occidente en el resto del mundo, con Rusia e Irán a la cabeza. La pregunta que cabe es si esta acentuación de una política exterior que ya existía es útil, si le aporta algo al país en su ya escasa inserción internacional. La verdad es que no parece. Dejarse utilizar por Maduro, ahora por Putin y antes por Irán, no aporta ninguna ganancia concreta a la Argentina, mientras acentúa su gravoso aislamiento y su mala imagen. La mejor prueba es el tratamiento mediático inusitado que ha recibido Argentina en los principales medios internacionales durante los últimos meses. El País, The Economist, Financial Times, The New York Times, Wall Street Journal, entre muchos otros, hicieron semblanzas demoledoras del “país K”. Jugar con Putin ante una eventual invasión rusa de Ucrania sería rematar la construcción de esa imagen negativa, casi chavista, que se ha sabido ganar la Argentina K en el mundo.

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