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Domingo 08 de Noviembre de 2015

Argentina debate, otra vez

Avance institucional. Los aspirantes a la presidencia expondrán sus ideas sobre temas claves de la Argentina que viene. En los centros de campaña se trabaja febrilmente para que nada quede librado al azar. ¿Alguno de los dos se atreverá a abrir el túnel del tiempo?

Contra todos los pronósticos, el domingo que viene habrá debate presidencial. Otra vez. Sin necesidad de ley que lo disponga, gracias al trabajo silencioso pero persistente de la ONG “Argentina debate”, todos los argentinos que creen que dar cuenta de sus actos es obligación de los que aspiran a ser funcionarios públicos y no un derecho, verán cumplida su facultad propia del espíritu constitucional.

Un largo año atrás, especialistas como Hernán Charovsky, Fernando Straface, Laura Muchnik, entre otros, convocaron a dirigentes políticos para salir del silencio de intercambio público de ideas de aspirantes al poder en el que estaba sumida la Argentina. Allí se sumaron José Octavio Pilo Bordón, Graciela Fernández Meijide, León Arslanián y muchos más que aportaron su experiencia en la cosa pública para persuadir moralmente a la clase dirigente de la necesidad de un debate.

El resultado de ese difícil y extenso trabajo fue el primer debate realizado el 4 de octubre pasado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires dirigida por la comprometida decana Mónica Pinto. Sólo un canal de TV abierta transmitió este hecho: América TV, empresa que deberá ser recordada por su decisión al servicio de la transparencia pública sin importar condicionamientos de otras reglas del negocio audiovisual.

A las pocas horas de concluido el evento, surgieron los análisis de lo que no fue. Alguna ausencia, la rigidez del reglamento, la falta de repreguntas o momentos de libre discusión, y diversos etcéteras. Ya se sabe que los profetas de lo que no pudo ser son siempre más, convencidos desde el error que las ironías y el denuesto transforman más que los pequeños pasos efectivos en pos de un objetivo. Y algo de ese prejuicio de análisis, hay que decirlo, le cupo también a este cronista.

“Argentina debate” obtuvo un triunfo institucional de proporciones todavía no mensuradas. Para ello, no fue el aporte de los candidatos que asistieron, ni de los televidentes que lo presenciaron ni, mucho menos, de los que de alguna u otra forma colaboraron en su realización. El mérito todo fue de una ONG que, casi en soledad, persistió en deponer ambiciones o deseos personales en pos de construir un bien público: el del acceso más transparente de la discusión política.

Sin esa tenacidad, sin la generosidad de pensar que quien puede lo menos hoy, podrá lo más mañana, se llega a las puertas del primer debate de ballottage en la historia argentina, el próximo domingo 15 de noviembre a las 21, en la misma casa de la Universidad pública argentina y, ahora sí, transmitida por todos los canales de aire y cable del país.

Qué se debatirá: El reglamento del encuentro fue acordado por ambos candidatos. El debate está previsto con una duración de 75 minutos. Habrá cuatro bloques temáticos (desarrollo económico y humano, educación e infancia, seguridad y derechos humanos y fortalecimiento democrático) más un momento de cierre dedicado a las conclusiones finales de los dos candidatos. Cada bloque será presentado por uno de los tres moderadores, los mismos que en el primer debate. En cada apartado temático Mauricio Macri expondrá sus postulados y luego será preguntado en dos oportunidades por Daniel Scioli. Luego, el sistema invertirá al que explique y responda.

¿Es un avance este sistema respecto del utilizado el 4 de octubre? Sin dudas. Primero, porque con este segundo escalón, ya nadie duda que desde ahora y para siempre, debatir será una norma incorporada a la Constitución nacional no escrita con valor de costumbre asentada en el precedente. Luego, porque entre dos candidatos y seis (cinco, en realidad) que fueron pensados en el primer debate, el contrapunto será inevitable. ¿Alguien soñó alguna vez que dos contrincantes para la presidencia pudieran preguntarse sobre inflación, penas del Código, enseñanza gratuita o corrupción? Es imprescindible hacer historia. ¿Alcanza la imaginación para pensar a Raúl Alfonsín e Italo Luder o a Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa en semejante momento?

Entrenamiento. En los centros de campaña de ambos candidatos hay febriles tareas de preparación del debate presidencial. Se los está “coucheando”, se escucha decir en las dos veredas políticas. Se ensaya desde el modo de ingresar al escenario hasta el tono para exponer y preguntar. El sciolismo no descarta arremeter, cuando le toque preguntar, con una frase del estilo “señor Macri: mirando a las cámaras en donde lo ven todos los argentinos, ¿se compromete a no devaluar?”. El jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires preparara una batería de preguntas del tipo “señor Scioli. ¿Usted avala la gestión de Amado Boudou, Ricardo Jaime y Guillermo Moreno?”.

El uso de la historia reciente es un tema de debate en ambos sectores. Si Daniel Scioli invoca el gobierno de la Alianza, Mauricio Macri revisará los nombres de Diana Conti, Juan Manuel Abal Medina, Nilda Garré y tantos otros que allí también estuvieron. Si el candidato del FPV recuerda el pasado de referentes económicos de Cambiemos como Federico Sturzzenegger (estuvo en el “megacanje”) o Carlos Melconián (“noventista” y ministro in pectore de Carlos Menen en 2003), el hombre del PRO hará historia con los sciolistas Miguel Bein (vice ministro de la Alianza De la Rúa y autor de la tablita del impuesto a las Ganancias) y Mario Blejer (impulsor del corralito y la devaluación). Habrá que ver quién da el primer paso hacia el túnel del tiempo.

En este aspecto sería recomendable recordar que sólo con el pasado, mirando lo ocurrido con exclusividad, no se construye futuro. Claro que repasar lo mal obrado ayuda a no repetirlo. Pero ya lo explican la historia, la psicología y la experiencia más evidente: el deseo siempre es futuro y es el que construye hacia delante. Enmendar un error, claro, es bueno. Y si se hace por derecha y por izquierda es igual de valioso.

Hay que derribar ese increíble prejuicio de creer que cuando algunos cambian, crecen, y cuando lo hacen los oponentes, traicionan. Ninguno de los candidatos que llegan al ballottage puede arrojar la primera piedra histórica. De la misma manera que “Argentina debate” superó el denuesto, el “no se puede”, el historicismo dogmático paralizante, los que quieren ser presidentes deberán contar el domingo que viene, con concreción y conocimiento, qué quieren hacer hacia el mañana y, sobre todo, con quiénes y cómo. Nada menos.

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