Ovación
Sábado 18 de Junio de 2016

Argentina arranca el camino para legitimar la candidatura al título en la Copa América

Argentina enfrenta a Venezuela por el pasaje a semifinales, y así confirmar que el equipo del Tata es el gran aspirante al título.

Lo que aburre es la repetición. Pero ya es demasiado tarde para desactivar tanta insistencia. A las situaciones que son realmente palpables hay que decirlas y no esconderlas. La realidad es que Argentina arranca hoy la verdadera Copa América Centenario 2016 dándose el lujo de un acaudalado. Como para estar bien a tono con esta Boston aristocrática y de la burguesía plebeya que toma el té a las cinco de la tarde, el equipo de Martino inicia la etapa de eliminación directa contra un rival de escasa monta como Venezuela.

   Con esto no se quiere ser peyorativo ni insultante con Venezuela. Tampoco significa que el partido de esta noche por los cuartos de final en el estadio Gillette de Foxborough ya esté ganado de antemano para Argentina. Porque también puede definirse en la infartante definición por penales si en los 90 minutos y el adicional terminan empatados. Sólo en la final el reglamento contempla que se juegue el tiempo extra.

   Estas combinaciones son todas muy lindas y siempre hay un margen para hacerlas, pero ni los propios jugadores venezolanos creen en protagonizar una de esas hazañas que provocarían el hundimiento de bases del ciclo del Tata Martino.

   Es que sería una gran catástrofe futbolística para la selección argentina volverse a casa antes de tiempo. No sólo porque las valijas llevarían el sobrepeso de unas de las eliminaciones más vergonzantes para el fútbol argentino, sino porque la continuidad del Tata y de algunos jugadores estarían seriamente comprometidas.

   De cualquier forma, el grupo tiene muy claro que ya el torneo no disculpará distracciones. Tampoco indultará a estos de jugadores que hasta ahora sólo miraron desde afuera a las grandes consagraciones.

   Argentina afrontará el desafío de estar más a la altura de las expectativas que de los antecedentes. Porque cualquier equipo del mundo, con los quilates de esta selección nacional, daría lo que no tiene con tal de jugar ante Venezuela una instancia eliminatoria.

Hasta el propio Javier Mascherano en la rueda de prensa que dio el jueves a la tarde en uno de los campos de deportes de la Universidad de Harvard fue directo al hueso: "Este grupo no puede permitirse llegar de nuevo a una final y perderla. Es sentido común lo que digo. Ni más ni menos que lo que todo el mundo piensa".

   Despojada de cualquier mensaje irreal fue la respuesta del subcapitán del seleccionado argentino. Para el aplauso sostenido la sinceridad brutal de uno de los referentes del equipo.

Pero ya no alcanza con esa prédica de caudillo. Es momento de ofrecer una evolución en ese aspecto. Que sería, ni más ni menos, que llegar a la final de esta Copa y ganarla.

Lionel Messi y la providencia tampoco pueden oficiar siempre de ángeles guardianes. Ser campeón, de una buena vez, exige más argumentos que depender de aquel que te soluciona todo.

   Salvo el primer tiempo ante Panamá, el equipo demostró estar en buena forma. Tampoco es que jugó contra grandes potencias, pero fue derribando a todos los muñecos que se le pusieron adelante. También sumó créditos anímicos que pueden volverse vitales en estos choques que son los que legitiman las pretensiones.

   El conjunto argentino hasta prescindió de jugar con Messi de titular. Le sobró paño para sacarse de encima todo lo que le molestaba. Con Leo como goleador con tres gritos y sólo habiendo estado media hora frente a Panamá y un tiempo ante Bolivia.

   De todas maneras, Venezuela se encargará de poner de nuevo a prueba el espesor de la personalidad de un equipo al que aún no se le vio calzarse las pilchas de esos ganadores que se cuelgan en un póster. Por eso, como tantas veces ocurrió en los últimos años, Argentina está parada frente a un umbral histórico. El torneo ya ingresó en esa innegociable etapa que no rescata al desdichado y la selección está obligada a llegar al domingo 26 a la gran final en Nueva York.

   Igual, esto no trata sólo de buenas intenciones y obligaciones. Hay un combo imprescindible para aspirar a las grandes conquistas: el convencimiento y compromiso para ir a buscar lo que te pertenece deben ser materia impenetrable como una roca. Más ahora que la Copa empieza a ser cosa para unos pocos. El equipo tendrá que pisar sobre huellas confiables y que el funcionamiento colectivo que dice tener no se distraiga con ningún mareo individual. Estos jugadores tienen prohibido fallar y menos frente a Venezuela. Por eso esa imagen de desorientación que mostró el equipo en el primer tiempo frente a Panamá puede ser traicionera para los planes de Argentina. Si realmente quiere volver a estar en la última semana de la Copa, como sucedió el año pasado en Chile, le convendrá ofrecer argumentos que vayan más allá de la fascinante influencia de Messi.

   Se sospecha que Argentina encauzará con ahínco el rol de dominador y Venezuela aceptará gustoso el de ser dominado. Chocarán dos envases diferentes, con velocidades bien distintas para establecer los parámetros en el lugar que querrán disputar el partido. El equipo de Rafael Dudamel no mostró hasta el momento una marcada seducción por inmiscuirse en las cercanías del arquero Dani Hernández, pero se abroquela bien para explotar la buena estrella que ilumina el presente de Rondón y Josef Martínez, sus atacantes. Es un equipo para aprovechar los descuidos ajenos que para forzarlos por la búsqueda propia.

   Además, tiene a su favor que no estará sometido a la fuerte carga psicológica de tener que clasificar sí o sí a las semifinales. Ya se dio por hecho eliminando a Uruguay y siendo una de las revelaciones del torneo. Todo para ganar y casi nada para perder.

   Igual, si advierte algún grado de dubitación en Argentina no tendrá el más mínimo reparo en hacerles pasar un mal día a los muchachos del Tata.

   En ese sentido, es probable que Venezuela le tome el pulso a la paciencia de Argentina. Justamente lo que no debe hacer el conjunto de Martino es que la ansiedad le gobierne los movimientos ni que el partido se le torne en una historia impredecible. Para que no le pase eso deberá procesar con inteligencia los contratiempos que se presenten y, sobre todo, no confiarse en exceso de la real superioridad que tiene sobre el rival.

   La Copa América Centenario le empieza a dar la palabra a la selección argentina. A partir de ahora todo lo que ocurra en Estados Unidos sólo premiará a los ganadores. Se acabó el tiempo de las selecciones que vinieron a ver qué pasaba o a sumar algún experimento de cara al futuro. Ahora es el momento de los candidatos y en ese grupo de selectos equipos para quedarse con la Copa, el máximo aspirante a ganarla es Argentina.

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