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Domingo 30 de Octubre de 2016

Arderá la memoria

El jueves se estrena un documental que rescata la historia de un desaparecido sobre el cual se había montado una leyenda popular. El escenario, el Tucumán del Operativo Independencia.

El documental El caído del cielo es una muestra más sobre cómo la memoria irrumpe de una u otra manera. El filme, escrito y dirigido por Modesto López, narra la historia sucedida en un pueblo de Santiago del Estero que limita con la provincia de Tucumán donde un ex guerrillero tucumano fue convertido en alma milagrosa por los pobladores del lugar, cuando lo vieron caer de un helicóptero militar en 1975. Su cuerpo fue enterrado como NN en el cementerio local y muchos creyeron que "el caído del cielo" era un alma milagrosa, a la que se le podía pedir favores y que, al parecer, los cumplía. La película, una coproducción entre Ediciones Pentagrama y el Instituto Mexicano de Cinematografía, se proyectará el jueves, a las 20.30, en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.

"El 24 de mayo de 2013, en un café de la provincia de La Rioja, compañeros que integran la asociación de ex presos políticos me comentaron sobre la existencia de un santo guerrillero y desde entonces me quedé pensando en el tema", explicó López. Y advirtió: "En Tucumán la represión estuvo presente desde principios del siglo XX cuando se instauró el terror patronal para reprimir cualquier intento de organización obrera. Uno de los principales métodos de represión fue la invención del Familiar, una especie de criatura demoníaca, con forma de perro, que daba poder y dinero al dueño del ingenio, a cambio de vidas humanas, que suelen ser las de aquellos trabajadores que luchan por sus reivindicaciones. Se ha denunciado que al Familiar se le atribuyen, incluso, las desapariciones de trabajadores en varios ingenios durante el Operativo Independencia".

En ese marco, López recordó una situación de la cual fue parte un antropólogo que estaba tomando pruebas de ADN para identificar a un desaparecido. "El antropólogo forense Pablo Gallo, que estaba haciendo una prueba de ADN a una habitante de la zona a cuyo hijo habían desaparecido, contó que ella le dijo: «¿Para qué hacen esta prueba? Yo sé bien que a mi hijo se lo llevó El Familiar». Como dice Sibila, uno de los personajes del documental, «Tucumán tiene una matriz de miedo»", sintetizó.

El realizador se remontó a los orígenes de la lucha obrera en Tucumán, desde donde surgió el tema inspirador de su película. En 1966 la dictadura de Onganía cerró los ingenios azucareros provocando grandes movilizaciones obreras, asesinatos y encarcelamientos de trabajadores y estudiantes, que desembocaron en el levantamiento popular llamado "El Tucumanazo".

"Uno de los métodos de represión fue la invención del familiar, una especie de criatura demoníaca, con forma de pero, que daba poder y dinero al dueño del ingenio a cambio de vidas humanas"

En 2008, el Canal 7 de Santiago del Estero realizó una entrevista a los pobladores de Pozo Hondo, referente al alma milagrosa. Esta nota llamó la atención de funcionarios del área provincial de derechos humanos, que pidieron la intervención de antropólogos forenses. A fines de 2010, se identifican los restos. Se trataba de Tomás Francisco Toconás, un hachero cortador de caña, peón rural, habitante de Las Mesadas, padre de seis hijos.

"Entramos en contacto con Cacho Ledesma —relató López—, quien me ayudó a acercarme a esta historia. Me llamaba mucho la atención que un hombre tan humilde, que vivía con su esposa y seis hijos en un rancho a orillas del río Totorillas, fuera tan duramente castigado por los militares amparados por el Operativo Independencia, cuyo decreto firmó la entonces presidenta Isabel Perón, con el beneplácito de López Rega, creador de la Triple A, y cuyas cabezas más visibles en Tucumán fueron los generales Acdel Vilas, Domingo Bussi y Mario Benjamín Menéndez, apoyados por el entonces gobernador de Tucumán, legisladores, sindicalistas oficialistas, la Iglesia Católica y diversos medios de comunicación, entre los que se destaca el diario La Nación y su periodista Rosendo Fraga, quien reivindicaba la labor de los criminales".

Luego, "en 2013 conocimos a tres hijas de Toconás, que vivían en la provincia de Buenos Aires. Las entrevistamos, y su participación fue clave ya que nos dieron mucha información y nos mostraron el lado más humano de la historia. Esto fue la punta del ovillo —explicó el director—: el encuentro personal con Cacho Ledesma (ex integrante de la Compañía de Monte y que conoció a Toconás en vida) fue muy importante para tener una mejor percepción de lo que estábamos emprendiendo. Cacho nos acompañó al cementerio de Acheral y nos presentó a una compañera que tenía desaparecidos a su madre y a su hermano mayor, ambos vinculados a Toconás y a su familia. Así empezamos una investigación que duró dos años, durante los cuales encontramos algunos pobladores que estuvieron dispuestos a hablar, como la maestra Lucía Aguilar; el Picaflor, campesino de 103 años que vive solo en el monte; su hijo Pascual Cisneros, cortador de caña que fue secuestrado y torturado y que por suerte todavía la puede contar", detalló el realizador argentino radicado en México.

Modesto López logró finalmente su cometido y pudo concretar una obra para mantener viva la llama de la memoria colectiva. El cineasta rescató un suceso de los tantos ocurridos durante la pasada dictadura militar y lo exhibe como muestra de lo que nunca más debe ocurrir. En el transcurso de la realización del documental el Concejo Deliberante de Pozo Hondo impuso el nombre de Tomás Francisco Toconás a una calle de un nuevo barrio y en el lugar que el cementerio ocupó en otros tiempos se instaló una escultura en madera, hecha por habitantes del lugar, y una placa con un texto de Benedetti que dice: "El día o la noche en que el olvido estalle/ salte en pedazos o crepite/ los recuerdos atroces y los de maravilla/ quebrará los barrotes de fuego/ arrastrarán por fin la verdad por el mundo" y esa verdad será que no hay olvido". El olvido está lleno de memoria.

El caído del cielo

El camino del realizador

Modesto López contó que en 1973, con 100 dólares y una cámara fotográfica, salió a recorrer América Latina. En ese viaje, el entonces actor llegó a México en los días previos al inicio de un festival donde fue invitado a dirigir una obra, vinculándose luego con el grupo Mascarones y otro vinculado al movimiento de teatro chicano de Estados Unidos, o que le permitió establecer vínculos con dicha cultura y con los veteranos de guerra de Vietnam.

En su viaje hacia tierras mexicanas realizó entrevistas que fueron publicadas en distintos puntos de su azaroso camino a lo largo del cual fue encontrando amigos solidarios con los que actualmente mantiene relación, como los integrantes del grupo Pueblo Nuevo, de Ecuador; los poetas Antonio Preciado (ecuatoriano) y Arturo Corcuera (peruano), y en Centroamérica los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy.

"Me tuve que ir de Argentina porque ya no tenía recursos para vivir. Me fui a Ecuador, donde estuve un año. Luego, partí hacia México donde resido desde hace 33 años. Allá fundé, en 1996, la empresa Ediciones Pentagrama, con alrededor de 657 títulos editados", detalló López, que editó en la capital mexicana, a través de Pentagrama Discos, el primer LP del grupo rosarino Acalanto que integraban Héctor Pichi De Benedictis, Irene Cervera y Charly Pagura.

"He recorrido todo México —dijo—, hice grabaciones de campo de los más diversos géneros musicales y también hice trabajos en América Latina. Mis primeras producciones discográficas, antes de crear Pentagrama, fueron con Alfredo Zitarrosa y Los Olimareños. Edité y trabajé mucho con la Trova Cubana, hasta que sentí la necesidad de abrir, en la colección La Palabra, una serie donde los poetas hicieran oír su propia voz". Modesto López, un eterno productor cultural.

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