Opinión
Miércoles 18 de Mayo de 2016

Aplazos sí, aplazos no, ¿ese es el dilema?

Debate. La forma de evaluación nunca debe estar disociada de la enseñanza. Lo verdaderamente trascendente es el proceso.

Es interesante observar cómo nos envolvemos en determinados debates que, por un lado, no tienen alcance nacional y, por otro, dejan al descubierto la excesiva simplicidad en el análisis del proceso evaluativo.

En primer lugar, la forma de evaluación nunca debe estar disociada de la enseñanza. Es claro que si no cambiamos los métodos, las estrategias, las prácticas educativas, de nada sirve modificar una escala que siempre es arbitraria. Además, la evaluación siempre tiene que ser una instancia más de ese aprendizaje de calidad que queremos para nuestros estudiantes, una instancia de reflexión y análisis.

La evaluación en sí es un tema controversial, inherente al proceso educativo escolar, y también a otros órdenes de la vida. Siempre despliega una falsa idea de justicia suponiendo que al calificar somos evaluadores objetivos, atribuyendo a los evaluados notas que reflejan logros, esfuerzos, compromisos con los aprendizajes. Pero la evaluación es más compleja y está ligada a la acreditación social, la ética y el poder.

Lo verdaderamente trascendente es evaluar el proceso y no el mérito; valorar los puntos de partida para realizar evaluaciones que reconozcan los logros de los estudiantes, sobre todo de los más pequeños. La evaluación entendida como reflexión sobre el proceso educativo acompaña también al docente, que puede aprender de su desempeño en el aula, en clave no retrospectiva, sino prospectiva, en tanto su preocupación va dirigida a mejorar lo que queda por hacer y no a sancionar lo hecho.

En la provincia de Santa Fe reconocemos cuando un niño no ha alcanzado los saberes requeridos, pero también sabemos acompañarlo para que se afiance en el avance escolar. Si su evaluación es no satisfactoria contará con instancias de apoyo en diciembre y febrero, y recién en séptimo grado tendrá una escala numérica completa para ir asimilando la evaluación que tendrá en el nivel secundario.

Más allá de una escala de evaluación, nos enfocamos en hacer transformaciones genuinas en el sistema educativo: incorporamos innovaciones para afianzar los aprendizajes, como el programa Comunidades de Aprendizaje, que propone la conformación de grupos interactivos con participación de la comunidad en el aula, o la Jornada Ampliada, que ya existe en 235 escuelas, donde se desarrollan proyectos de articulación de la institución educativa con otros actores para construir nuevos y mejores saberes.

Ponemos el foco en la motivación de los chicos promoviendo el uso de entornos digitales para potenciar sus conocimientos. A través del programa Tramas Digitales, llegamos a 1.500 escuelas con equipamiento y formación docente en animación, programación, realidad aumentada; y abrimos un Campus Virtual que permitirá que cada educador comparta sus experiencias con todos los que integramos el sistema educativo.

Desde Escuela Abierta, un espacio de formación continua donde participan los más de 73.000 docentes santafesinos, elaboramos de manera colectiva y situada prácticas educativas innovadoras que también impactan en la evaluación formativa a la que tendemos.

No podemos mejorar la calidad educativa sin un análisis integral, comprometido con los saberes que ya traen los niños a la escuela, con el contexto, con la curiosidad, la motivación y, por supuesto, con el esfuerzo por construir juntos los saberes socialmente relevantes para ejercer una ciudadanía plena, y que nos permitan seguir aprendiendo toda la vida.

Seguir dando debate sobre un aspecto superficial en la complejidad propia de la evaluación, no solo puede desviar la atención de lo realmente importante en el proceso educativo, sino que hasta puede hacernos cómplices de ciertas estrategias que pongan en riesgo el acceso universal a una educación pública y de calidad.

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