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Domingo 08 de Junio de 2008

Animaladas

"Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto". Estas primeras palabras de "La metamorfosis", de Kafka, son las que siempre recuerdo cuando me miro al espejo tras despertarme cada mañana.

"Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto".

Estas primeras palabras de "La metamorfosis", de Kafka, son las que siempre recuerdo cuando me miro al espejo tras despertarme cada mañana. ¿A usted no le pasa? ¿No se ha sentido nunca como un verdadero bicho, "vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco" y de "muchas patas, ridículamente pequeñas"?

No me refiero a las alucinaciones propias del delirium tremens ni al resultado de una dura trasnochada. Sino al simple aspecto mañanero: pelo aplastado, ojos hinchados y cara amarilla como Pikachu, un pijama vergonzoso que dije hace tres años que tiraría a la basura pero del que me aquerencié, y un odio irrefrenable hacia el despertador y las voces de los vecinos madrugadores.

Esto de divisar bichos donde debía ver un rostro humano me venía preocupando. Hasta que un viernes prendí la tele y el jueves posterior leí una nota en La Capital.

"No estoy sola, no soy la única",  me dije y tranquilicé.

¿Lo vieron a Javier Calamaro cantándoles a las ballenas sumergido en una campana de buceo en la Península de Valdéz? ¿Qué le paso a ese muchacho que de golpe se inclinó por la platea cetácea? Su intención era cantar trece temas en 45 minutos. Por suerte hubo un problema técnico y entonó sólo un tango. ¿Las ballenas? Parece que de sordas no tienen nada, se dijeron entre sí "que a ese perro lo escuche otro pescado", y huyeron a aparearse a algún rincón oscuro junto a delfines, zifios, cachalotes, orcas y marsopas.

¿Y qué me cuentan del grupo de integrantes de protectoras de animales que se paró esta semana frente a Tribunales y con un peluche versión gorda de Scooby-Doo exigió la liberación de un perro dogo preso por haber mordido a una joven?

"Justicia para Baros, liberación ya!". Pedían al unísono las señoras y el peluche encadenado. "Baros" se llama la criaturita de tres años que el 10 de abril hincó caninos y molares en el brazo y pierna de su víctima. Hubo denuncia. Una jueza correccional resolvió mandar al pichicho tras las rejas del Instituto Municipal de Salud Animal y procesar a su dueña por lesiones culposas, ya que el día del ataque lo paseaba con cuerda pero sin bozal.

Los mensajes bajo la nota del diario en esta web no se hicieron esperar:

"Libertad para el can. Los que tendrían que estar tras las rejas son políticos, abogados y policías corruptos!!! Los negros villeros... prenderles fuego como a las ratas!", escribió un lector bajo el seudónimo Adolfhitler.

Recordé otra vez a Gregorio Samsa. "¿Qué me pasó?", se preguntó antes de caer en la cuenta de que se había transformado en una especie de cucaracha inmunda y que lo suyo "no era un sueño".

Algo más lejos de la animalada de ese pichón de nazi, otro lector que se hace llamar ciudadanoX arengó a sumarse a la campaña de un millón de firmas por Baros, invitó a un piquete por "el perro Transversal" e instaló la consigna: "El Imusa es golpista".

Bichito del bosque... éste sí me hizo gracia.

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