La ciudad
Viernes 05 de Agosto de 2016

Alumnos y docentes de una escuela salesiana, jaqueados por los arrebatos

En los talleres de capacitación laboral del colegio, pleno barrio Industrial, ya no saben qué hacer: sufren al menos un robo semanal.

En la escuela de oficios que funciona en el Colegio Salesiano Santo Domingo Savio, en barrio Industrial, no saben ya qué hacer para evitar que docentes, porteras y alumnos dejen de ser víctimas de robos y arrebatos. Salen antes de clase para coincidir con el horario de los distintos colectivos, tratan de hacerlo en grupo y de no llevar encima cosas que tienten a los ladrones, pero nada alcanza para disuadirlos y una y otra vez terminan asaltados o amenazados por (apenas) un par de motos. A tal punto llega el malestar, que el lunes próximo desgranarán su problemática ante la comisión de Seguridad del Concejo.

La situación no es exclusiva de los talleres de capacitación laboral del Instituto Salesiano, donde concurre un centenar de alumnos de entre 16 y 60 años que apuestan a formarse para su futura inserción laboral (ver aparte).

A los cursos cuatrimestrales o anuales (de peluquería, corte y confección, producción artesanal e informática) asisten adolescentes y adultos que, o bien nunca terminaron su escolaridad secundaria, o la están cursando en paralelo en horario nocturno.

En general provienen de sectores sociales humildes, por lo que el sacrificio se asume en aras de conseguir empleo o complementar la economía familiar con un emprendimiento propio.

Hasta no hace demasiado tiempo, muchos llegaban en bicicleta. Pero los robos se ensañaron con esos rodados y hasta con un par de motos, así que ahora la alternativa más usual es el ómnibus, que los alumnos toman para llegar y volver a barrios como Ludueña, Empalme Graneros y Casiano Casas.

Los horarios más complicados son obviamente los de ingreso y salida, 14.15 y 18. Por eso este año la escuela eliminó el recreo para que los alumnos puedan salir antes y el personal "aguanta" hasta que se va el último. Después les toca armarse de coraje a ellas.

Anteayer, se dio el último robo. Las víctimas fueron dos alumnas, que terminaron interceptadas por dos motos conducidas por "caras que se repiten", cuenta la trabajadora social de los talleres, Daniela Castelo. Denuncia policial ya ni hacen, cansadas de que en la seccional 8ª les digan que no tienen móviles.

La profesora de confección, Alejandra Cavallol, afirma que ese tipo de ataques es algo "común y normal: todas las semanas se roban al menos una mochila y un celular", y los ladrones "muestran armas".

La semana pasada la asaltada fue una portera, que terminó con feos moretones en una pierna por la presión que una moto ejerció sobre ella.

La directora de los talleres, Ana Alcain, cuenta que anteayer llamaron al 911, donde les sugirieron radicar la denuncia en la Jefatura. No saben bien para qué: hace un par de años les asignaron agentes de la Policía Comunitaria, "pero robaban igual".

Y contra todos los prejuicios que pueden correr en el barrio, las docentes coinciden en que los problemas no llegan de la mano de los "chicos de la (villa de emergencia cercana) Cotar, que también concurren a la escuela en el marco del programa Nueva Oportunidad".

De hecho, recuerdan que la semana pasada uno de los pibes que viene de ese asentamiento trazó un límite de lo socialmente tolerable: "Ya con la escuela no se pueden meter", dicen que dijo.

El presidente de la comisión de Seguridad, Diego Giuliano, adelantó que planteará que el Concejo realice un "pronunciamiento" para reclamar al Ejecutivo provincial que "cuando rediseñe la cuadrícula de seguridad, tan declamada, contemple estas situaciones en las que la escuela se va transformando en un objetivo de la delincuencia". No por casualidad, sino porque la percibe como su "enemigo" en la disputa de los chicos.

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