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Viernes 17 de Junio de 2011

Alta en el Cielo: el 80% cosida por las escuelas

La mayor parte de “la bandera más larga del mundo” fue hecha desde las aulas de todo el país.  Su creador, Julio Vacaflor, repasa historias.

La bandera más larga del mundo sigue dando tela para coser. La realidad de Alta en el Cielo dejó de formar parte sólo de una ciudad que la tomó como suya gracias a la ¿idea? ¿iluminación? de un personaje llamado Julio Vacaflor, periodista, conductor, emprendedor social, narrador de fantasías hechas realidades, un loco al que creyeron loco y un poco de razón tenían. Hoy, todo un país y varios lugares del mundo se sienten parte de esa construcción, en el  que las escuelas tienen un lugar protagónico.

En su casa de barrio Belgrano, mate de por medio, Vaca —como elige nombrarse— intenta transmitirle a La Capital sus vivencias, sus emociones y cómo fueron cada una de las miles y miles de lágrimas que derramó en este derrotero que se inició “sin querer, de manera absolutamente ridícula y porque sí”, según cuenta.

Tal como define el conductor del programa La Mamadera, Alta en el Cielo, la bandera más larga del mundo, tuvo su infancia, una adolescencia, una juventud y ahora está en su madurez plena y a punto de jubilarse el 20 de junio de 2012, Año del Bicentenario de la Creación de la Bandera.

Por la hechura de esta particular enseña pasaron miles de escuelas de Rosario, la región y cada una de las provincias del país. “El 80 por ciento de esta bandera la hicieron las escuelas del país. Está demostrado en documentales, fotografías, cartas y mails. No hay una sola provincia argentina que no haya puesto aunque sea un pedacito de tafeta”, resume Vacaflor.

Los inicios. Pero cómo no recordar cómo nació esta hermosa locura. “Respondió a muchas cosas que uno traía. Fue una iluminación, esa es la locura. Era el 3 de junio del 99. Estaba mateando en el escritorio de mi casa. Y ahí, mirando hacia una pared, empecé a ver la imagen de una máquina de coser y las manos pasando debajo con una tela celeste y blanco. Esa bandera iba corriendo, la máquina, junto a varias más, estaba en el Patio Cívico del Monumento. Había pibes que venían con sus guardapolvos trayendo retazos de tela. Después veo el mapa de la Argentina y una máquina de coser en cada provincia. Del mapa del país al mapamundi y siempre la misma imagen”, se entusiasma.

Contagioso. Vacaflor contagió a su esposa Graciela y a Pancho, un amigo “muy trosko” que se emocionó con la propuesta. “Me dijo que era un hijo de p... Y dije listo. Si este tipo reacciona así vamos para adelante”, recuerda casi con la voz quebrada. “Al día siguiente sellamos entre amigos y familiares este recorrido medio extraño y ridículo. Hacer una gran bandera con gente que no conocés, de manera igualitaria, donde no hay directores, donde los pibes iban a tener el brazo constructor más grande que se haya tenido hasta ahí, convirtiendo en material algo simbólico y en simbólico algo material, donde se sintiera que todos pudiéramos transitarlo de igual modo”, cuenta.

Destaca que se apuntó a “la escuela” para armar esta gran locura en celeste y blanca. “Las escuelas públicas, las privadas, las de pibes con capacidades diferentes, las de arriba, las de abajo, todas tenían que aportar lo suyo. En ningún lado iba a decir si una escuela pobre donó medio metro y una privada 4 mil. Hemos recibido retazos de escuelas de Chaco y de Formosa donde uno se plantea si, por ejemplo, pasa el sol. En Rosario y algunos lugares de la región la respuesta de las escuelas fue inmediata, muy fuerte y muy amplia, de todos los sectores. Y después con los establecimientos del resto del país pasó igual. Trascendió, a veces por los medios, a veces por el boca en boca”.

Alta en el Cielo nació todo junto. “Desde el 3 de junio le puse fecha de cierre: el 20 de junio de 2012, para rescatar la bandera y la figura de Belgrano. Porque a esa bandera la hizo alguien, una mujer. A esta la hizo un pueblo por mandato de la gente”, justifica.

Aulas presentes. Se consiguieron las máquinas, el periodismo amigo le dio una gran mano. Las primeras cosedoras fueron madres de chicos que veían La Mamadera. Y esa primera bandera, de 4,5 metros de ancho y confeccionada con tafeta, tuvo 130 metros de largo y desfiló ese mismo 20 de junio. Hoy tiene 18 kilómetros. “Se fue un poco al carajo”, dice y larga una sonora carcajada.

Vacaflor insiste: “La idea no era que fuera una bandera de Rosario. Pero enseguida tuvo repercusión nacional. Como todo era como venía, algunos medios nacionales reflejaron esta experiencia. Alta en el Cielo es un recorrido muy fuerte, muy simple y muy profundo por todos estos años de la Argentina, y en algunos años donde el país dolía mucho. El país la incorporó. El 90 por ciento de las banderas que se cosen y siguen llegando son de cientos de escuelas de todas las provincias del país. Es un movimiento que tiene su propio músculo, su propio pulso y se mueve solo”.

Hoy, Vacaflor sostiene convencido que la bandera más larga del mundo “nació en el mundo de los pibes pero lo trascendió”. Dicen que los chicos y los locos siempre tienen razón. Tal vez será cuestión de creer que en algún lugar de esta historia esa aseveración tiene mucho de cierto.

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