Ovación
Viernes 17 de Junio de 2016

Alineados, la mesa está servida

Superada la fase de grupos sin el más mínimo sobresalto ahora llega la etapa en la que la selección argentina debe demostrar que es la candidata natural a quedarse con la Copa América.

Superada la fase de grupos sin el más mínimo sobresalto, como era previsible, ahora llega la etapa en la que la selección argentina debe demostrarles a sus adversarios, pero fundamentalmente a sí misma, que es la candidata natural a quedarse con la Copa América. Eliminados los escollos clásicos (Brasil y Uruguay), el equipo albiceleste se quedó solo en la primera fila de los favoritos. En las grillas de partida de la Copa América, y en esta del Centenario también, argentinos, brasileños y uruguayos siempre comparten la pole position, en términos automovilísticos. Por encima de los momentos y los planteles que presenten, son los favoritos. Por si alguien se atreve a ponerlo en duda, entre los tres gigantes de Sudamérica ganaron 37 de las 44 ediciones. Pero esta es distinta. Más allá de ser una edición limitada, no todos pusieron el foco en ella. Por necesidad, Argentina puso todo lo que tiene a disposición: no gana un título desde 1993. Por interés, Brasil apostó por los Juegos Olímpicos que nunca ganó y guardó jugadores, fundamentalmente a Neymar. Le salió pésimo: no le quedó ni técnico. Uruguay pudo ser el adversario de mayor envergadura para Argentina, pero sin Luisito Suárez es chiquito como la campaña que hizo. México por algunos momentos de su juego, Colombia por un par de exponentes de enorme jerarquía individual que hacen jugar al equipo y Estados Unidos por su localía, son los principales oponentes de una selección de la que rebalsan jugadores por todos lados. Chile podría ser otro escollo a tener en cuenta, pero aún no termina de acomodarse al sistema Pizzi y la verdad es que jugó tres partidos uno peor que el otro.

La hoja de ruta marcha tal cual estaba diseñada, sin fisuras, pero a la vez sin parámetros. Argentina fue la única selección que ganó los tres partidos, pero Panamá y Bolivia no son medida. En los papeles tampoco lo es Venezuela, adversario de cuartos de final mañana en Boston. Sí fue una muestra clara del objetivo y de las posibilidades durante la fase de grupos la ausencia de Messi desde el arranque. Toda una señal de que esta vez no hay ningún interés personal que pueda enturbiar al verdadero. El capitán se bancó sentarse entre los suplentes ante Panamá y Bolivia. Toda una rareza, pero muestra indeleble de que en la selección nadie quiere dejar librado al azar ni el más mínimo contratiempo. A propósito, la ausencia de Di María lo es, pero hay plantel para bancar su lesión.

"Se terminó una buena primera fase, pero de nada sirve si no lo complementamos con lo que viene", dijo Martino, quien sabe que Argentina cumplió todos los trámites, pero faltan tres cotejos. Los más importantes más allá de la jerarquía de los rivales.

En la selección, por estos días se declara poco sobre las formas, aunque se intenten cuidar las que son de preferencia de los jugadores y el entrenador. También se reconoce en cuentagotas que el juego no es brillante, pero eso no importa demasiado siempre y cuando esté claro puertas adentro. Y, se insiste, porque no es un detalle, en la fase de grupos Messi estuvo más tiempo afuera que adentro. La protección del cuerpo técnico y fundamentalmente la aceptación del capitán en pos de la consecución del título ponen sobre la superficie, por encima de cualquier resultado, el estado futbolístico-sanitario de un plantel obsesionado por ser campeón. La mesa está servida.

Tres goles en tres juegos

Un gol en cada partido señaló el seleccionado venezolano, siempre en el primer tiempo: 15' Josef Martínez (1-0 a Jamaica), 35' Salomón Rondón (1-0 a Uruguay) y 9' José Manuel Velázquez (en el 1-1 con México)

Comentarios