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Domingo 27 de Julio de 2008

Alguien te está vigilando

Abrimos blogs, fotologs y twiters. Subimos nuestros datos personales en cuentas de mail y suscripciones online. Posteamos fotos en Flickr y videos en YouTube. Nos conectamos con amigos en MySpace, Hi5 y Facebook. ¿Qué garantías tenemos de que nuestros datos están a buen resguardo? Casi ninguna.

Abrimos blogs, fotologs y twiters. Subimos nuestros datos personales en cuentas de mail y suscripciones online. Posteamos fotos en Flickr y videos en YouTube. Nos conectamos con amigos en MySpace, Hi5 y Facebook. ¿Qué garantías tenemos de que nuestros datos están a buen resguardo? Casi ninguna.

Hay confirmaciones fechacientes de que nuestros pasos en la web están bien vigilados. El inagotable spam es la prueba de que la privacidad online no existe, y ni hablar de la publicidad AdWords de Google, que relaciona las palabras claves de un sitio con los avisos que muestra. No todos lo saben, pero Google también lleva un historial de todas nuestras búsquedas. Además del propio usuario, ¿quién más tiene acceso a todos esos datos?

Hace algún tiempo abrí una cuenta en la red social Facebook sólo para hacer el comentario en esta columna. La verdad es que parece un buen sitio para quienes se pasan todo el día conectados y tienen una larga lista de contactos. Ahora parece que es casi imposible borrarse de Facebook y corre el rumor de que la base de datos está a disposición de la CIA. Suena como un brote exagerado de paranoia, pero lo cierto es que todo lo que alguna vez subimos a internet, en algún lugar seguirá estando, quizás para toda la eternidad.

Los blogs son mundos pequeñitos, microcosmos que se entrelazan y conforman una red universal. Hace unos años no contábamos con esta herramienta, gracias a la cual cualquier usuario tiene la capacidad de manifestar públicamente sus pensamientos, expresar sus inquietudes artísticas o denunciar aquello que no se denuncia en los medios de comunicación.

Insisto, y cito un comentario que escribió un lector de esta columna (que se hace llamar Blammo): el mundo cibernético es la mayor base de datos del planeta y nadie que haya puesto un pie en la Web 2.0 está exento. Pero tenemos en nuestras manos una herramienta, una posibilidad de decirle al mundo quiénes somos, qué hacemos, qué pensamos. Y todo eso aparece allí, junto a nuestros datos personales, esos mismos que las empresas de internet se compometen a resguardar y respetar. Estamos más expuestos, es el precio a pagar. ¿Esto es potencialmente peligroso? Sí, como también lo es manejar en la ruta, usar una agujereadora o participar en "Patinando por un sueño".

Siempre habrá teorías conspirativas y la sospecha de que hay alguien que nos observa desde una oscura habitación de un Ministerio del Primer Mundo. Y quizás así sea. Pero quienes no tienen nada que ocultar tampoco tienen nada que temer. En Facebook tengo algunas imágenes de mis vacaciones en Brasil. En uno de mis blogs hablo de las reuniones gastronómicas de los jueves con mis amigos. En mi cuenta de YouTube hay filmaciones de mis compañeros del diario y de mi perrita Tekila. En Flickr tengo fotos de mi terraza, del Monumento a la Bandera y de un colectivo cruzando la esquina de Italia y San Juan. Los investigadores del FBI ya deben estar al tanto de todo esto.

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