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Lunes 25 de Julio de 2016

Alguien dijo corrupción

Una vez más, aquí como en otras partes del mundo, la corrupción se toma las pantallas, radios y portadas, como un escándalo mediático imposible de evitar. Es más que sabido que toda la casta política y empresarial vive de los negocios turbios, el uso de sus influencias y la compraventa de información, sin embargo ¿por qué no sorprendemos tanto cuando estos hechos salen a la luz? Si hiciéramos el ejercicio de enumerar los casos de corrupción (acá y en el mundo), las denuncias o los reportajes a fondo que hace la prensa de vez en cuando, tendríamos una larga lista de casos e involucrados. Lamentablemente al parecer todo queda olvidado cuando el show ya no vende o los intereses a los que responden esos medios se ven afectados. Así la televisión vuelve a encargarse en el engranaje de su giro cotidiano: difundir la cultura basura y fomentar el miedo. Pero muy al contrario a como los hechos se muestran, la cuestión de la "corrupción" supera completamente los límites impuestos por los booms mediáticos que van y vienen y lamentablemente, para los defensores de este orden visibiliza cuestiones fundamentales que este sistema capitalista de rapiña manifiesta, pretende ocultar. La "corrupción" no es "algo" que ocurra de vez en cuando y que se pueda mejorar cambiando a las autoridades correspondientes, estos hechos son en realidad actividades básicas y constantes dentro de los círculos de poder y no existe forma de fiscalizarla, por mucho que les duela a quienes creen que el sistema se pueda reformar. El espectáculo bochornoso de las cajas de seguridad de la hija de la ex presidenta con 4.500.000 dólares, sus funcionarios enriquecidos con los sobreprecios de las obras públicas, su vivienda en Capital Federal con un valor de 1.700.000 dólares. Enmascarada en más de 10 años de discurso "nacional y popular" en defensa de los humildes y postergados. Por otro lado el actual presidente y su corte de funcionarios Ceos de las principales multinacionales del capital global, con sociedades offshore e inmensas fortunas en paraísos fiscales y su familia haciendo suculentos negocios con el Estado desde la época de la dictadura militar hasta nuestros días. Es por demás evidente que a pesar de las distancias ideológicas que pretenden hacernos creer: ambos gobiernos son dos caras de la misma moneda y desnudan una feroz disputa por apropiarse de la riqueza social. La política es el arte de disfrazar el interés particular en interés general. Es necesario visibilizar también la funcionalidad que presta a este siniestro mecanismo el aparato jurídico, la casta privilegiada de los jueces y la jerarquía policial organizadora del delito en todas sus formas. El sistema social de mercantilización generalizada corrompe todo lo que toca, en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana: política, salud, educación, sexualidad, alimentación, etcétera, convirtiendo al hombre en lobo del hombre. Urge el cambio total de todo este sistema o seguiremos avanzando a la barbarie tanto a nivel local, regional como mundial.

Una vez más, aquí como en otras partes del mundo, la corrupción se toma las pantallas, radios y portadas, como un escándalo mediático imposible de evitar. Es más que sabido que toda la casta política y empresarial vive de los negocios turbios, el uso de sus influencias y la compraventa de información, sin embargo ¿por qué no sorprendemos tanto cuando estos hechos salen a la luz? Si hiciéramos el ejercicio de enumerar los casos de corrupción (acá y en el mundo), las denuncias o los reportajes a fondo que hace la prensa de vez en cuando, tendríamos una larga lista de casos e involucrados. Lamentablemente al parecer todo queda olvidado cuando el show ya no vende o los intereses a los que responden esos medios se ven afectados. Así la televisión vuelve a encargarse en el engranaje de su giro cotidiano: difundir la cultura basura y fomentar el miedo. Pero muy al contrario a como los hechos se muestran, la cuestión de la "corrupción" supera completamente los límites impuestos por los booms mediáticos que van y vienen y lamentablemente, para los defensores de este orden visibiliza cuestiones fundamentales que este sistema capitalista de rapiña manifiesta, pretende ocultar. La "corrupción" no es "algo" que ocurra de vez en cuando y que se pueda mejorar cambiando a las autoridades correspondientes, estos hechos son en realidad actividades básicas y constantes dentro de los círculos de poder y no existe forma de fiscalizarla, por mucho que les duela a quienes creen que el sistema se pueda reformar. El espectáculo bochornoso de las cajas de seguridad de la hija de la ex presidenta con 4.500.000 dólares, sus funcionarios enriquecidos con los sobreprecios de las obras públicas, su vivienda en Capital Federal con un valor de 1.700.000 dólares. Enmascarada en más de 10 años de discurso "nacional y popular" en defensa de los humildes y postergados. Por otro lado el actual presidente y su corte de funcionarios Ceos de las principales multinacionales del capital global, con sociedades offshore e inmensas fortunas en paraísos fiscales y su familia haciendo suculentos negocios con el Estado desde la época de la dictadura militar hasta nuestros días. Es por demás evidente que a pesar de las distancias ideológicas que pretenden hacernos creer: ambos gobiernos son dos caras de la misma moneda y desnudan una feroz disputa por apropiarse de la riqueza social. La política es el arte de disfrazar el interés particular en interés general. Es necesario visibilizar también la funcionalidad que presta a este siniestro mecanismo el aparato jurídico, la casta privilegiada de los jueces y la jerarquía policial organizadora del delito en todas sus formas. El sistema social de mercantilización generalizada corrompe todo lo que toca, en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana: política, salud, educación, sexualidad, alimentación, etcétera, convirtiendo al hombre en lobo del hombre. Urge el cambio total de todo este sistema o seguiremos avanzando a la barbarie tanto a nivel local, regional como mundial.

Ricardo Gabriel Bergesio

DNI: 12.623.650


Aún queda gente honesta


El 20 de junio comprobé que todavía queda gente honesta en la Argentina. Fui a la rotisería del bar Vittorio, de Alem y 3 de Febrero, y sin notarlo se me deslizó el celular de mi bolsillo. Como a las dos horas al volver a mi casa me di cuenta de que no lo tenía. Llamé a mi número y me atendió un señor que me dijo: ¿usted conoce al dueño de este celular? Cuando le digo que soy yo, me contestó que lo fuera a buscar al bar. Ese día di con dos personas honestas, la que encontró el celular del lado donde esperábamos los clientes y el dueño o encargado del bar.

DNI 5499393

Estimada intendenta Fein

Actualmente la ciudad de Rosario, siendo ésta su segunda gestión, parece una ciudad abandonada. Nos roban de todas las maneras imaginables, cuando el robo o invasión a nuestra propiedad es sin violencia, nos sentimos tan aliviados que nos decimos unos a otros "no nos quejemos, estamos bien". La ciudad está muy mal iluminada, parece alumbrada con velas, si con suerte el foquito de la cuadra ese día está encendido. No se puede caminar por las veredas, ya que están destruidas. Circular por las calles con el auto es casi imposible; entre los pozos y el incumplimiento total de las normas de tránsito, es un riesgo para nuestros vehículos y para los peatones. Es imposible encontrar un cesto de basura. Aun caminando varias cuadras, brillan por su ausencia. Lo que no brilla son las veredas y calles, hay bolsas, papeles, comidas, envases descartables. No voy a seguir enumerando, pero se parece más a un basural del siglo pasado que a una ciudad. Si bien hay un problema de educación de la ciudadanía, aun los ciudadanos educados se encuentran en problemas para tirar lo que llevan en sus manos, cuando se quedan sin lugar en sus bolsillos y carteras. Y no me refiero a barrios de la periferia, yo no conozco mucho la ciudad, vivo y me muevo entre los bulevares, como noté que dicen en Rosario. Me mudé hace dos años desde Buenos Aires. Es muy triste que una ciudad con tanto potencial, tan bella, abierta al río, con alta densidad de espacios verdes, por nombrar algunas de sus bondades, sea tan poco cuidada por sus gobernantes. Por favor, salga a caminar por "su ciudad", mírela, y haga algo. Gracias.

Carolina Melián

DNI 21395856

La historia del arbolito


Periódicamente el municipio repone los arbolitos ante calle Maipú 966, y sistemáticamente son cortados con una sierra por algún vecino que no quiere que los árboles oculten sus carteles comerciales. ¿No puede hacer algo la Municipalidad? Es fácil acercarse y deducir a quién pueden molestar los arboles, está cantado. Una visita de inspectores a los comercios como llamada de atención serviría. En Maipú y San Luis hay una cámara municipal, ¿no es posible visualizar a los responsables? O colocar ejemplares más crecidos, no tan endebles, que sean más difícil de cortar. Lo mejor sería recuperar las rejas de protección colocadas hace años en la zona y ponerlas en nuestra acera, hoy siguen estando pero protegiendo ejemplares muy crecidos que no necesitan de ellas y que suelen impedir su crecimiento. No es justo que los vecinos que apreciamos una calle arbolada y reconocemos esfuerzos municipales nos veamos privados de ello por intereses comerciales de alguien a quien no le interesa más que su rentabilidad y no tiene en cuenta los derechos de los demás.

Javier Salcedo

DNI 14938412

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