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Miércoles 06 de Agosto de 2014

Algo de paz para los que continúan de pie

Doce meses pasaron de la peor catástrofe en la historia de la ciudad y persiste una certeza: ni las víctimas ni su memoria merecen la más mínima posibilidad de consolidar la impunidad.

Doce meses pasaron de la peor catástrofe en la historia de la ciudad y persiste una certeza: ni las víctimas ni su memoria merecen la más mínima posibilidad de consolidar la impunidad.

Desde hace un año, a Rosario la surca una cicatriz en Salta al 2100. Y una veintena de familias viene soportando, como puede, el dolor. Un sentimiento que el paso del tiempo suele intensificar cuando las respuestas no llegan.

Frente a un inesperado desgajamiento de la sociedad, el riesgo de incurrir en el olvido únicamente puede ser exorcizado con justicia y memoria.

Porque desde un principio hubo una cadena de irresponsabilidades y porque las investigaciones todavía en marcha en Tribunales deben avanzar sobre los que actuaron con impericia, al igual que aquellos que, en su momento, no repararon en la potencialidad del problema que existía en el complejo habitacional que demolió el estallido.

También porque el desastre consumado el 6 de agosto de 2013 tiene que haber forzado un replanteo en todos los niveles (público y privado) respecto de los protocolos de seguridad y control a seguir. El costo pagado por las advertencias que se ignoraron poco antes de la devastadora explosión es muy elevado.

Sólo entonces habrá algo de paz entre los que continúan de pie frente a ese espacio cargado de ausencias: Salta 2141.

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