Ovación
Jueves 12 de Enero de 2017

Algo más que escribir

El desafío es el mismo: la página en blanco. Escribirle las letras que formen una noticia, una crónica y, en este caso, un cuento. Lo que cambió fue la tecnología, la forma de llegar, el desarrollo y la salida de La Capital a la calle. Y en apenas un puñadito de años, más que 20. Hoy ya todos saben cómo es. Con las PC en las que aparecen todos los cables de las agencias de noticias y la colaboración inestimable de Google, Yahoo, Facebook, Twitter, Instagram... O en las notebooks con los mismos beneficios. O hasta en los mismos teléfonos celulares que hoy casi forman parte del cuerpo humano y funcionan con la misma tecnología que las computadoras. ¿Y antes? A la vuelta de la esquina, de esa que dejamos atrás y que hoy parece tan lejana porque el tiempo se aceleró. Era tan distinto. De allá por 1994 se trata, cuando también el diario se hacía desde las computadoras. Pero unos televisores de los grandes, nada de pantalla plana. Y con fondo ¡verde! Sí, feísimas. En un sistema operativo que al apretar la tecla "guardar" te permitía tomar un café tranquilo antes de poder volver a escribir. Claro, era mejor que hacerlo en las viejas Olivetti que ya ni estaban en el diario. Lo que tampoco tenían aquellos monitores eran hendijas dónde colocar un "pen drive". Ni siquiera disquetera de 3,5. De los discos finitos, de los más anchos y cuadraditos. Ni existían los CD o DVD que ahora casi tampoco se usan. Y sacar una impresión... uhhh, lo que tardaba. Pero también era muy lindo. Lo que a uno le gustaba, lo mismo que hoy, pero de otra manera.

Las noticias siempre estaban. Tardaban más en aparecer. Había que buscarlas, como hoy, como siempre, pero también llegaban. A las teletipos, y había que esperar que "Caracol" la pasara por la ventanita mínima que daba a la sección Deportes. Claro, todavía no era Ovación. Entonces, había que separarlas por disciplina, elegir los mejores cables y, a partir de ellos, desarrollarlas. Obvio, según la diagramación. La que se hacía a mano, nada de programas de diseño como ahora. Con prolijidad, pero sin la chance de ponerle -10 o -20 de interlineado o de modificarlo de última, como ahora. Y si te tocaba cortar la información por falta de espacio había que buscarle un punto final y listo. Por eso se escribía en pirámide invertida sí o sí.

Y nada de terminar tempranito. Deportes siempre cerró el diario. Hasta después de la tapa. Y eso no cambió. Sí el horario. Antes lo normal era después de la 1, casi a las 2, cuando los secretarios a cargo del control de páginas daban el último visto bueno, como ahora, que al menos es una horita antes.

Todo eso adentro. Sí en esta misma calle Sarmiento que hoy está siendo remodelada en sus veredas. En la planta alta, donde la redacción domina, donde el vicio periodístico se encarga de familiarizar a todos los integrantes de este diario. A los que seguimos, a los que se fueron pero siguen rondando como sea, a los que se fueron incorporando.

También siempre el afuera influyó e influye. Ir a las prácticas y a los partidos siempre fue, es y será el gran desafío. Sin dejar de lado las entrevistas. Encontrarse con los protagonistas y tener la chance de tener un ida y vuelta con los deportistas que a cualquier lector le gustaría entrevistar. Grabarlos en los cassettes primero. En aquellos vírgenes o regrabados, en los que se te enganchaba la cinta y tenías que recurrir a la memoria. A esos que ya no se usan porque hasta el celular te sirve de aliado. Claro que no por eso se dejó de lado el papel y la lapicera, el método más simple para no tener que desgrabar la nota.

Sí, ya mencionamos a las prácticas. A las de Newell's y Central como bandera. Allá en Bella Vista o en el Parque Independencia. En la Ciudad Deportiva, en Palos Verdes, en el Gigante de Arroyito o en Arroyo Seco. Las que también cambiaron. Y no para bien. Quizás por la proliferación de medios. Porque ahora existen más radios, más canales periodísticos detrás de los futbolistas. Ellos que, lamentablemente, cambiaron mucho más. La culpa la tienen las ahora famosas conferencias de prensa, la regulación de hoy habla tal o cual. Antes no era tan grave. No pasaba nada si el jugador te decía "hoy no tengo ganas de hablar, la hacemos mañana o pasado" y encarabas a otro y listo. Por lo general todos estaban predispuestos. Del más grande y requerido al más pibe y necesitado de prensa. Si eran, y siguen siendo, un puñado de preguntas tan solo para que el hincha de su equipo conozca su parecer.

Las puertas estaban abiertas. Se podían ver casi todos los entrenamientos. Los drones no existían y por ahí sólo molestaba que a algún protagonista se le escapara alguna puteada, una cagada a pedos del técnico y poco más. Se podía contar si el delantero la embocaba en los ejercicios, si el pibe de la reserva empezaba a pedir con juego más oportunidades en primera, hasta preguntarle al técnico por cuestiones tácticas que se podían apreciar. Hoy es una práctica a la semana a la vista y, por lo general, cuando corren en línea recta y hacen un par de ejercicios físicos.

¿Y los partidos? Ahí también cambió mucho. Claro, más allá de esos 90' de juego. Las palabras podían tenerse en los vestuarios, hasta adentro de ellos ni bien los jugadores terminaban de bañarse o antes de entrar a las duchas. Pudiendo elegir. De mínima una frase al pasar. Ahora ni eso. Si no es en conferencia no vale. Como para que todos los medios difundan lo mismo, para que nadie pueda sorprender. Aunque por ahí algunos protagonistas hoy entienden que no es grave contar lo que pasa para los hinchas.

Ni hablar lo que varió llevar la información a las columnas de La Capital, esas que "pertenecen al pueblo". Hace veintipico de años no teníamos las notebooks ni el wifi ni la chance de enviar los materiales desde las canchas. Había que volver al hotel, a la sucursal, al diario amigo, a calle Sarmiento y a empezar a escribir. O si los encuentros eran de noche, la cuestión era encontrar un teléfono o desde el handy que casi no existe para tirar los principales conceptos y que desde la redacción le dieran forma. En cantidad de líneas, en el espacio justo. Después fue avanzando la tecnología y se hizo más sencillo, aunque la adrenalina nunca cambió, por suerte. Claro que no sólo los periodistas la teníamos complicada, los fotógrafos también. Basta con recordar la necesidad de los revelados, del cuartito oscuro para que no se velaran las jugadas. De los distintos sistemas que fueron apareciendo hasta las cámaras digitales de hoy, con las que las imágenes llegan al toque y en cantidad considerable para que ilustren de la mejor manera y vistan de gala a esas letras agrupadas en forma de noticia, de crónica y, como en este caso, de cuento de verano.

Comentarios