Río 2016
Viernes 12 de Agosto de 2016

Algo de la violencia del fútbol se trasladó a las tribunas de los Juegos Olímpicos

La histórica rivalidad entre argentinos y brasileños se hace sentir pero sólo hubo un episodio reprochable.

Muerto el perro se acabó la rabia. La eliminación de la selección argentina de fútbol parece haberle bajado un cambio a la tensión entre hinchas argentinos y brasileños en Río que, en realidad, jamás pasó de un conflicto desafortunado y reprochable de dos pavotes en el partido entre Juan Martín Del Potro y el portugués Joao Sousa. Se sabe, el brasileño le arrebató una bandera, el argentino reaccionó y debieron intervenir simpatizantes de ambas partes y las fuerzas de seguridad para frenar el tumulto. Eso es lo más "grave" que sucedió hasta aquí en el rubro incidentes.

   Además de la eliminación del equipo de Olarticoechea, la clasificación a cuartos de final también el miércoles pero a la noche de la selección brasileña de fútbol colaboró para que el clima se serene un poco. Pero, se insiste, salvo aquel incidente, jamás pasó de la rivalidad tradicional que existe entre argentinos y brasileños.

   Es cierto que hay un componente que lleva más de dos años de gestación y que puede incrementar en parte las antinomias: el Mundial de fútbol de 2014.

   El público argentino copó Brasil aquella vez y la selección de Messi llegó a la final, mientras que el scratch fue humillado por Alemania con 7 goles en el Mineirao, en el hecho más impactante de la historia de los mundiales por el score, pero fundamentalmente por la estatura del humillado, el máximo ganador de copas del mundo.

   Para entender un poco la rivalidad, con origen excluyente en el fútbol, se recuerda que los brasileños se vistieron con la camiseta de Alemania aquel 13 de julio en el Maracaná. Cinco días antes habían recibido, de esos mismos colores que ahora vestían, el impacto más importante de su rica historia futbolística. La más rica de todas en realidad.

   Es una referencia para nada caprichosa y marca claramente cómo es la cuestión.

   En realidad, los brasileños no quieren que los argentinos les vuelvan a copar la parada como en 2014, lo que suena hasta lógico.

   Hasta aquí, los duelos directos en Río 2016 no sólo no fueron muchos, sino que no tuvieron equivalencias: vóley femenino, vóley de playa femenino y rugby masculino.

   Por supuesto que el abucheo cuando entra un argentino a competir es ensordecedor, pero no supera ningún límite, salvo aquel que se produjo en el partido de tenis.

   No importa contra quién compita, mientras esté de celeste y blanco será hostigado. Lo mismo que sería en Argentina, pero al revés.

   Mañana, cuando se enfrenten por la tarde las selecciones de básquet masculino podrá establecerse un buen parámetro.

   Ese es un partido bien bravo. Habrá mucho en juego, el técnico brasileño es uno de los "socios fundadores" de la Generación Dorada y la rivalidad se verá potenciada por la paridad.

En Londres 2012, justamente Argentina sacó a Brasil de competencia en cuartos de final, pero en el Mundial de 2014, en España, Brasil eliminó a Argentina en octavos de final en un encuentro en el que se impuso por 20 puntos.

   El Arena Carioca 1 será, seguramente, una olla a presión. Lo que sucede es que en sus instalaciones se jugará un partido de básquet. No se celebrará una misa.

   Aquí, en Río, donde afortunadamente no se ve un solo barrabrava, rigen los parámetros del fútbol y quizás para el mundo del olimpismo sea extraño, pero así es la cosa por este lado del mundo.

   Por lo demás, ningún incidente menor, como el que ocurrió en Del Potro-Sousa, debería ponerle los pelos de punta a ningún dirigente.

   No obstante, se insiste, la eliminación el miércoles de la selección de Olarticoechea y la clasificación de la de Neymar bajaron los decibeles de un conflicto que fue promovido, involuntariamente claro, más de parte de las autoridades que del público.

   Tampoco hay que soslayar y no se escribe como una excusa, que hay muchos comités molestos con los primeros Juegos en Sudamérica. Cualquier detalle se potencia y se difunde en desmedro de Río 2016. A ellos no les gusta que los Juegos se disputen aquí. Les queda muy lejos.

   ¿Se acuerdan de la desastrosa Villa Olímpica por ejemplo? Nadie habla más de ella salvo para resaltar la convivencia y el espíritu, justamente olímpico, que allí se respiran.

   Carlos Delfino, convocado por Ovación para hablar sobre básquet (ver aparte), también dejó un apunte sobre la cuestión: "Siendo futbolero promuevo que la gente venga, aliente y no pase de eso. Pero es Argentina-Brasil y yo sé que los chicos (por sus compañeros de selección) hicieron referencia a lo que se canta, pero del otro lado también se canta. Uno desde adentro tiene que tratar de no provocar, de no tirar nafta al fuego y ser inteligente. Esto es una fiesta del deporte, los Juegos Olímpicos, creo que tenemos que vivirla como tal: se pierde y se gana. Vi las imágenes de lo que pasó en el partido de Del Potro y sucede en todos lados. Me parece que el tema de hablarlo tanto por ahí lo promueve mucho más. Salvo el partido que vamos a jugar con Brasil, siempre parece que jugamos como locales y yo aliento eso. Seamos inteligentes y entendamos que es el folclore de Argentina-Brasil, que se da en el ajedrez, en el ping-pong y en cualquier deporte. Y de los dos lados tenemos sangre. Sí es muy importante aprender a ganar y aprender a perder".

   Ayer a la tarde, en el Maracanazinho, un escenario caliente si los hay y con un partido de vóley en disputa, uno de los deportes predilectos y emblemáticos de los brasileños, las tribunas estuvieron repletas de argentinos y brasileños. Y los locales estuvieron todo el encuentro alentando a Polonia. Y listo, ahí nomás terminó la cosa.

A. C.


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