Edición Impresa
Sábado 12 de Diciembre de 2015

Alfabetización en la Penitenciaría 6, herramienta para la inclusión

Con el proyecto cubano “Yo, sí puedo”, que desarrollan militantes, 26 alumnos ahora leen y escriben. Ausencia del Estado en la modalidad.

“Tengo 43 años y problemas en la vida y tropiezos aprendí a los golpes. Ahora con esta experiencia de poder leer y escribir siento que me puedo expresar y salir para adelante”, dice Raúl, tras recibir el certificado del Programa “Yo, sí puedo”, que enseña a leer y a escribir. Como otros internos, participó en los talleres organizados en la Unidad Penitenciaria 6 de avenida Francia al 5200.
  “Todo hombre tiene derecho a leer y escribir”, remarca Mario Salas Coterón, docente cubano coordinador y asesor pedagógico del programa. “Esos derechos son esenciales si, además, se trata de jóvenes que por azares de la vida cometieron errores, cumplen una pena, pero también tienen derechos de rehabilitarse y reinsertarse en la sociedad con una nueva perspectiva y visión distinta para conducir sus pasos adecuadamente, para contribuir al progreso de la sociedad en que viven”. Y remarca: “El propósito de enseñar y escribir sirve para reflexionar sobre el pasado y proyectarse para el futuro”.
  Por su parte, Norberto Galiotti, referente de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba, que impulsa el programa, explica: “En la penitenciaría 6 entregamos este años 26 certificados, pero son 53 los que van a terminar el curso y los inscriptos llegan a 108. Hoy recibieron el certificado que es de lectoescritura y que indica que aprendieron a escribir con el método cubano. Escribieron una carta que se le entrega al asesor cubano, él la hace llegar a la Fundación Un Mundo Mejor es Posible y se la entregan a la Unesco, para registrar a las personas que se han alfabetizado con el método cubano”.

Trabajo y organización. Galiotti advierte que “tener en situación de encierro a muchos jóvenes y no saber que no pueden leer y escribir es una falta muy grave. Pretendemos demostrar a las autoridades que tomen este ejemplo, que es parte de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba. Demostramos que con trabajo, organizaciones y amor se puede hacer respetar algo que está en la constitución nacional: la recuperación de los que equivocaron el camino y tienen derecho a retomar su inserción social”.
  “El hecho de que algunos lleven 4 ó 5 años privados de la libertad y siguen sin saber leer y escribir, es preocupante. Al oír las cartas que leyeron y escribieron, vemos que sí se puede; había palabras de esperanza, motivaciones para superarse y el método cubano es óptimo porque en tres o cuatro meses se aprende a leer y escribir”, afirma. Pero, también advierte que “en medio de la revolución tecnológica que vivimos, no se puede aceptar que haya gente que no sepa leer y escribir. La única explicación es que se quiera dejar a esa gente sin incluir”.
  En tanto, Guillermo Cabruja, coordinador del Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad (Cepes), y también del grupo alfabetizador, resalta: “En Rosario hay uno 40 mil analfabetos y en el penal, tras un censo que hicimos este años, de 444 internos, 108 se anotaron para aprender y escribir, lo que indica que cerca de un 25 por ciento no lee. Pero también podemos decir que el 90 por ciento de los jóvenes que están aquí puede leer y escribir o enviar un mensajito, pero no tienen capacidad de comprensión de textos. Es grave la situación educacional de los sectores más humildes de nuestra sociedad”.
  Y agrega: “Siguen asfaltando Oroño, arreglan la plaza San Martín y van a tomar más policías para imponer la seguridad, pero se trata de educar a la población” . Además, agrega: “No es una casualidad que los chicos que están acá sean pobres, no existe la casualidad ni cárceles para capas medias o ricos. En tanto, mientras la droga hace estragos entre los chicos de barrios humildes, sin saber leer y escribir algo que les queda por hacer es ser delibery de drogas”.
  La ausencia del Estado en esta tarea de inclusión queda también manifiesta cuando Galiotti resalta que el programa, en el cual también participa ahora el municipio, “no se articula con la provincia (ver aparte), porque no existe una política oficial. No hay un sistema aceitado para que quienes aprendieron a leer y escribir tengan la posibilidad de seguir estudiando en una escuela”.
  “El 2015 fue un año importante, en 2014 alfabetizamos a 18 jóvenes que estaban privados de la libertad, y más tarde sumamos la campaña «Mi primer libro», porque los alfabetizados nunca habían tenido aun libro en la mano. Empezamos a juntar libros y formamos nuestra biblioteca; nos juntamos y nos asesoraron bibliotecas populares como La Cachilo y fundamos la biblioteca propia que lleva el nombre de «Obispo Federico Pagura»”.
  La biblioteca está en la Unidad 6 y explica que dos facilitadores, que son alumnos y colaboran también con los voluntarios, todos los días recorren con un changuito las pabellones ofreciendo libros. “Leen mucho novelas y también sobre oficios, pero no hay muchos, también leen mucho la biblia”, explican.
  Sobre los alfabetizadores, indica: “Somos 40 las personas que entramos a la unidad e interactuamos en los pabellones, con el mayor del respeto, con mucho cariño y nunca se registró una agresión”.
  Acerca de la actitud de los internos sobre la necesidad de alfabetizarse, admite que aún existe el estigma de la vergüenza y el ser discriminados. La escuela formal cree que por tener a los alumnos sentados ya saben leer y escribir, y aquí no. Se trabaja en grupos, participando y con una facilidad de aprendizaje de un programa basado en lo audiovisual”.
     Sobre los encuntros, también o, cuenta que “son los lunes y miércoles al mediodía y en el patio del pabellón. Pero, los traslados de internos afecta al desarrollo de los cursos. Entonces, los facilitadores deben pedir permiso a las otras penitenciarías para continuar el aprendizaje, pero marcan los coordinadores la amplia colaboración “de los directores y colaboradores del penal, advierte Guillermo Cabruja.
    En tanto, una voluntaria: Aldana (ver aparte), sostiene que “ “siempre fuimos muy respetadas y todos nos agradecen lo que hacemos. Además, nos preguntan porque estamos aquí en la prisión, en lugar de ir al río”.

 “Podré ayudar a mi familia”

 “No fue fácil, para los profes esta tarea, pero a pesar del calor y de tener hijos, siempre dejan mucho para poder venir. Les agradecemos por alfabetizarnos y seguir aprendiendo de ese ejemplo y voluntad. Ahora podré ayudar a mi familia y hermanos, por eso doy gracias a los profes”, señala emocionado uno de los jóvenes.
  “Es bueno poder hablar y escuchar palabras, pero las palabras las lleva el viento. Pero hoy puedo expresarlas por cartas o poemas y también puedo leer mensajes. Yo sí puedo leer y escribir”, remarca emocionado.
  Para Iván “el curso fue genial, tan rápido y la buena intensión de los alfabetizadores y maestros se nota porque nos tenían mucha paciencia. Algunos empezamos de cero, pero con paciencia y ese amor al prójimo nos ayudaron”.
  Sobre su formación, explica: “Tengo 24 años y sabía algo pero me perfeccioné. También hago un curso de literatura donde podemos expresarnos”.
  Lucas tiene 23 y señala que “es una ayuda para nosotros, muchos no sabemos leer y escribir. Esto es bueno para integrarnos y buscar un trabajo. Mientras estamos aquí es bueno ocupar el tiempo en otra cosa y no estar pensando todo el tiempo que estas encerrado, también puedo escribir a mi familiar y leer”.

Voluntad y talleres. Nicolás y Aldana coordinan talleres de fotografía y literatura, respectivamente. En el acto de entrega de los certificados también hablaron con los jóvenes, agradecieron la participación de los internos y de los profesores.
  “Nos acoplamos al proyecto con los talleres y buscamos ilustrar lo que queríamos decir y transformarlo. En estas épocas llenas de imágenes, también es importante interpretar una fotografía e interpretarla, exteriorizar”, dice Nicolás Vives. Mientras Ariana Daniele señala que “la búsqueda es expresarse y la idea es llegar a hacer libro.
  Un voluntaria: Aldana, dice que estudia trabajo social y que “con una compañera nos enteramos del programa y fuimos a hablar con los organizadores, nos explicaron y nos sumamos varias compañeras. Al trabajar con chicos que ya tienen conocimiento de escritura, avanzamos sobre contenidos.
  Para Florencia, otra voluntaria: “Quien sabe escribir ya puede ser alfabetizadora. 

Un programa que no se vincula con el sistema educativo formal

La entrega de los certificados de alfabetización se realizó en una simple ceremonia cargada de emoción. Con agradecimientos a Cristo, la interpretación de un “rap del guachi cristiano” y cumbia villera brillaban los ojos de los graduados y sus familias. El “Yo, sí puedo” era coreado por los muchachos y los profes, como un grito de aliento.
  Salvo los guardiacárceles que no participan del acto y miraban tras las rejas — del lado de afuera— todo era aplauso y ovación ante cada uno que era llamado a recibir su certificado, en las calurosas horas del mediodía del viernes 4.
  En la canchita de fútbol, donde el viento aprovechaba los altos pabellones para remolinarse y levantar polvareda, flameaban las banderas de Argentina y Santa Fe atadas a los arcos de fútbol, no casual fondo del sitio donde estaban los micrófonos y mesas con diplomas.
  El encuentro se realizó con la fuerte presencia de misioneros de la Iglesia evangélica, metodista y la ortodoxa. También estaban presentes el obispo Walter Paglieri (Asociación Islámica) y obispo emérito Federico Pagura, como también Norma Vermeulen, de Madres de Plaza de Mayo y el responsable territorial del programa alfabetizador: el pedagogo cubano Mario Salas Coterón.

Ausencias. No faltaron las grandes bandejas con pizzas, sanguichitos y jugos para el brindis final. Pero, no se vieron representantes del Ministerio de Educación, como una muestra más de la falta de articulación del sistema educativo provincial con el trabajo que realizan organizaciones sociales como la que lleva adelante este programa alfabetizador.
  Mientras cuarenta voluntarios concurren todas las semanas a alfabetizar, pagando de sus bolsillos los transportes e invirtiendo su tiempo, la Asociación del Magisterio de Santa Fe (Amsafé provincial) y el Sindicato Unico de Docentes Particulares (Sadop) aportan cuadernos, lápices y gomas, a la vez que las autoridades penitenciarias abren las puertas de los establecimientos.
  El proyecto que había comenzado en 2003 abarcando parte de la provincia de Santa Fe hoy sólo se desarrolla en la unidade penitenciaria de Rosario.
  “Pero, en 2005 el programa comenzó a implementarse en Margarita, Vera y otras localidades de la provincia, a partir de un convenio firmado con el entonces gobernador Jorge Obeid y su ministra de Educación Carola Nin (quien asumió como edil en Rosario). Así se alfabetizaron a unos 2.500 santafesinos”, explica Galiotti.

El cierre del plan. Sin embargo, resalta que en 2007, “al asumir como gobernador Hermes Binner y Elida Rasino como ministra de Educación, se corta el acuerdo y les comunican a los pedagogos cubanos que organizaban los cursos, que no se harían más cargo de sostener la vivienda donde se alojaban en la capital santafesina, y dijeron que había otros programa, pero que sin embargo nunca fie aplicado. En ese momento, nuestra organización pudo garantizaron a los docentes cubanos la estadía hasta terminar el curso en Margarita. Y, para alimentarse, debían concurrir a algunas casa de las familias que eran alfabetizadas mediante el proyecto”.
  En tanto, en 2010 el municipio rosarino decide incorporar el programa. Los resultados fueron diversos ya que —continúa Galiotti— se quería utilizar más toda la potencia de esta herramienta.
  “Aquí, en el acto, al oír esas cartas, comprobamos los resultados de la alfabetización. A hablar de política, lo primero es aprender a leer y escribir, después viene todo lo demás: programas sociales, la incorporación a la escuela para adultos, el secundario y aprender un oficio”, remarca el coordinador del Movimiento de Solidaridad con Cuba.
  “El programa es muy sencillo: sólo se necesita un televisor y una reproductora de DVD. La clase está grabada en el video y son 65 capítulos de media hora cada una, la maestra está grabada y los alumnos son actores que representan a distintos tipos de uniletrados, para representar las distintas dificultades con las que se pueden hallar. El facilitador conduce el grupo y para el video cuando alguien no comprende alguna parte. Pero no hace falta que el coordinador sea un maestro.
  Por otra parte, Galiotti también remarcó que “el programa permita que se puede alfabetizar trabajando con grupos pequeños, en cualquier casa, vecinal, local o club”.

“Falta un plan estratégico”

“Tienen que funcionar escuelas de oficios, huertas, talleres y hace falta un plan estratégico, estamos en contacto con asociación de cárceles de adultos y para mejorar la educación en situación de encierro”, dice Giordano Edgardo, maestro de la escuela de la Unidad Penitencia 3 de Encauzados, Riccheri y Zeballos, Rosario. Además de marcar el empeño de los alumnos por concurrir a la escuela y formarse, el maestro señala que, “el interno suele ser reticente cuando es analfabeto, pero en la escuela se produce una relación más cercana.  En la Unidad 3 cursan 90 alumnos  y hay una práctica con criterios de multiciclo, con grupos de primero a séptimo grado”.
 

Comentarios