Domingo 22 de Noviembre de 2015

Alem, ese desconocido

En una reciente y documentada biografía, el rosarino Miguel Ángel De Marco rescata la figura del creador de la Unión Cívica Radical, clave en la construcción de una conciencia republicana en la Argentina. Sin embargo, su valioso aporte suele ser ignorado.

Si hay un nombre en la política argentina que ha caído en un inmerecido cono de sombra, y cuya proyección en el presente resulta subestimada o sencillamente desconocida por las jóvenes generaciones, ese es el de Leandro Nicéforo Alem.
A llenar tan penoso vacío en el terreno bibliográfico ha venido una reciente y documentada biografía escrita por uno de los más destacados historiadores argentinos, el rosarino Miguel Ángel De Marco (1939). El autor de recordadas semblanzas de Manuel Belgrano y Bartolomé Mitre, así como de un excelente trabajo sobre la Guerra del Paraguay, y que fue jefe de editorialistas de La Capital, vuelve a dar a su pluma la oportunidad de lucirse en este enjundioso pero siempre entretenido relato publicado por Emecé, donde se rescata a fondo la figura del creador de la Unión Cívica Radical.
Lo que sigue a continuación es un fragmento del prólogo, donde De Marco se explaya con claridad no sólo sobre el objeto de su último libro sino en torno de sus preocupaciones sobre la Argentina del presente:
“El nombre de Leandro Alem, conocido otrora por la mayoría de los argentinos, parece hoy poco menos que ausente de la memoria colectiva, incluso entre una franja de los que simpatizan con el partido que el caudillo de Balvanera pensó como instrumento destinado a sostener los principios republicanos y democráticos en su patria. No es que se carezca de lúcidos estudios sobre sus ideas políticas y su influencia entre los argentinos, pero, insisto, en la versión acotada y a veces maniquea de nuestra historia que llega al gran público, parece no existir espacio para aquel hombre valiente y desafortunado que clamaba por la pureza electoral y no vacilaba en empuñar el revólver en su afán de imponerla aun por la fuerza.
“Como su mentor y guía Adolfo Alsina, Leandro Alem cultivaba una oratoria sencilla y viril, grata a un pueblo que solía moverse más por sentimientos espontáneos y generosos que por los mandatos de la perseverancia y la razón. Caudillo de compadritos y orilleros, pero también de “gente decente” que aspiraba a un vuelco en las costumbres ciudadanas, aquel hombre de temprana barba blanca y recio temple despertaba con su sola presencia una especie de mística entre quienes lo seguían fielmente por las calles y en los mítines.
“Sin embargo, sabía expresar con profundidad su pensamiento en los recintos parlamentarios cuando era necesario fundar proyectos relevantes o sostener la primacía a ultranza de la Constitución. En aquellos debates, donde competía en habilidad dialéctica con ilustres oradores argentinos, exponía sus ideas iluminadas por la reflexión personal y por una cultura que había construido a lo largo de jornadas de esfuerzos y privacione. Su discurso sobre la federalización de Buenos Aires, que pronunció en una Cámara de Diputados provincial enteramente adversa, adquiere características de profecía. Parecería que mientras enunciaba las dificultades que acarrearía concentrar el poder en Buenos Aires hubiese contemplado en su mente el país macrocéfalo que se formaría en torno a lo que, a partir de 1880, se denominó Capital Federal.
Alem apelaba al corazón y convocaba a dar batalla en favor de una nación republicana, legalista, honesta, en la que no tuvieran lugar las alianzas de notables sin la participación del pueblo. Por eso contó con el incondiconal apoyo de la juventud, que lo reconoció como un auténtico cruzado de la decencia cívica.
“Al igual que sus enemigos Roca y Pellegrini, a los que fustigó severamente como representantes de un «régimen nefasto», tuvo su bautismo de fuego en los campos de batalla del Paraguay. Toda una generación despertó bruscamente a la vida entre fogonazos de cañones y fusiles, a la vez que riñó por sus ideas en los campamentos con la misma crudeza con la que lo hacían sus líderes en los diarios y en el Congreso.
“”Se conocían profundamente y se alineaban según su percepción del camino que les parecía visible para la construcción del país. Roca, metódico, paciente, tan acostumbrado a enfilar a los «chinos» del Ejército de Línea como a los hombres con los que pensaba contar en el futuro, se preparaba para ser un estadista eficaz y pragmático. Pellegrini, el «Gringo», encerraba en su cuerpo poderoso un alma ardiente, capaz de explosiones temperamentales tan inesperadas como temibles, pero poseía una mente organizada y una envidiable claridad para detectar y resolver los problemas del país. Alem, en cambio, parecía más apto para poner el pecho en los entreveros que para entregarse disciplinadamente a cumplir con la meta anhelada”.

“Creo que se decepcionaría de los políticos de hoy”

En un reciente reportaje para la televisión porteña, De Marco hizo referencia a la coyuntura política actual. Y lo hizo de modo crítico: "Hablando como ciudadano, creo que Alem estaría decepcionado con lo que pasa con toda la política argentina en general y los políticos de hoy", disparó -impiadoso- el historiador rosarino. Y añadió que también le sorprendería lo poco que los candidatos evocan la historia nacional, ya que Alem solía hacerlo en cada uno de sus discursos "En ese afán de hablar del presente que tienen los candidatos, pero sobre todo de un porvenir que no nos pintan claramente, parece que estuviera vedado mirar al pasado. Y no, el pasado da enseñanzas", concluyó De Marco.

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