Edición Impresa
Sábado 20 de Noviembre de 2010

Alegrías y penurias de la escuela que enseña a los chicos con largas dolencias

Son chicos como otros: juegan, miran la tele, se divierten con los chistes y disfrutan de los mimos de sus familias. Sin embargo, no van a la escuela como todos. Distintas razones de salud no les permiten estar en un salón de clases, a veces por largo tiempo otras por algunos pocos meses.

Son chicos como otros: juegan, miran la tele, se divierten con los chistes y disfrutan de los mimos de sus familias. Sin embargo, no van a la escuela como todos. Distintas razones de salud no les permiten estar en un salón de clases, a veces por largo tiempo otras por algunos pocos meses. Pero un grupo de maestras los visita en sus domicilios o en el hospital y procura que no se queden sin el derecho a educarse. Son estas docentes las que junto a padres y alumnos de la Escuela Nº 1.254 Domiciliaria y Hospitalaria de Rosario hablan de cómo es aprender en esta realidad. También advierten que faltan cargos para atender a los chicos que están en lista de espera, además de un secundario para educar a quienes padecen enfermedades crónicas.

Melanie está en 6º grado. Este es el tercer año que una maestra la visita al menos dos veces a la semana en su casa para enseñarle lengua, matemática y ciencias. También con menos frecuencia la asiste una docente de tecnología. "Me gustan todas las materias", dice la nena.

Periódico escolar

También cuenta que escribió una nota para el periódico de su escuela que habla de "la familia". El día de la visita de La Capital compartía una jornada especial: se reunían todos los chicos que podían estar presentes en la sede que la Escuela 1.254 tiene en el Normal Nº 1. El encuentro lo repiten todos los años para armar el diario que sostienen como proyecto institucional desde hace 25 años, y que llaman "El domiciliario".

Cerca de Melanie están Leonel, pintando unos chistes para la publicación, y Agustina que confiesa que lo que más le gusta es "leer". Lautaro y Nahuel muestran unas noticias sobre la clase de música que llevarán al periódico. Al rato se incorpora Nicolás, a quien le encantan las clases de tecnología, y no se decide cuál de sus proyectos publicará en el diario escolar. Hay más chicos, los que pudieron llegar para esa jornada, de alguna manera todos comparten por un rato una clase en común, mientras diseñan "El domiciliario", del que esperan publicar unos 100 ejemplares.

Mientras eso ocurre, los papás, madres y hasta abuelos que los acompañan preparan unos alfajores. "Yo lo ayudo y me pongo firme para que haga la tarea", dice Rosa sobre lo que pasa cada vez que la maestra visita a su nieto. Cada uno rescata el valor de esta escuela ambulante, habla de lo que viven en común y diferente, y dejan ver en la charla las fisuras de un sistema educativo que padece complejas dificultades para ser realmente inclusivo.

Una mamá recuerda que hasta 3º su hija pudo asistir a la escuela común, pero las caídas —debe usar una muleta de codo— eran cada vez más frecuentes en los recreos. "Los docentes no podían estar encima de ella, que requiere de un cuidado especial", explica para contar por qué está en la modalidad domiciliaria.

Otra mamá relata algo increíble: durante todo un año acompañó a su hija en todo el horario escolar cuando asistía a la escuela común: "Primero estaba en silla de ruedas, pero no había rampas en la escuela, así que debía estar con ella todo el tiempo para cuidarla y atenderla, hasta que conocí a estas maestras".

Algo parecido le sucedió a otra alumna de esta institución, que "tiene problemas en los huesitos y no podía subir a un primer piso donde funciona la institución". En otras realidades y por el tipo de enfermedad que padecen, los chicos van y vienen del hospital, pero de una u otra manera siempre son asistidos por las maestras. Más tarde la directora Patricia Clement explicará que si bien la inclusión es todo un desafío, también hay muchos temores en los docentes y profesionales a los juicios y la responsabilidad civil que los abarca.

La base del trabajo

"La base de este trabajo es acomodarse a todo: a la persona, sus dolencias, el tiempo, porque puede haber dos chicos con la misma patología pero no reaccionan igual, o a veces encontramos colaboración de la familia y otras no", dice Marta Sánchez, la maestra con más antigüedad en esta modalidad.

Y para ser más gráfica cuenta la experiencia con un nene internado en el Hospital Provincial: "No siempre está bien, entonces yo le explico los temas a la mamá y cuando ella considera que su hijo está en condiciones le da la tarea. Pero no siempre esto es posible con todos los casos".

La Escuela Domiciliaria y Hospitalaria surgió hace 38 años, cuando un grupo de egresadas del Normal Nº 1 decidió asistir a un chico con una afección cardíaca en el Hospital de Granadero Baigorria. El gesto solidario y educativo creció y se formó así la institución que fue reconocida años más tarde. Depende del Servicio de Enseñanza Privada y recibe el 100 % de subvención estatal. La patronal de esta escuela es la Asociación de ex Alumnas del Normal.

Desde hace buen tiempo docentes y directivos piden que escuela se oficialice, con sobradas razones: no hay otra oferta similar en la educación pública, y la mayoría de los chicos que atienden provienen de las escolaridad oficial. También que se reconozca la modalidad en la provincia, tal como lo hace la ley de educación nacional. Hasta ahora ninguno de estos pedidos han sido atendidos
 

Comentarios