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Domingo 15 de Mayo de 2016

Al final, todo llega a la orilla

En su nuevo y reciente poemario, El mar (Alción Editora), el rosarino Marcelo Scalona recrea desde la casa de la infancia hasta el Ulises de Homero.

En su nuevo y reciente poemario, El mar (Alción Editora), el rosarino Marcelo Scalona recrea desde la casa de la infancia hasta el Ulises de Homero. Desde el padre yaciendo en la cama de un hospital a unos pies enredados en una noche de pasión, y hasta lo más sublime: los ojos de una niña que llegaron para iluminar caminos oscuros.

Con la misma virtud del mismo mar, que todo lo arrastra, irrumpen los poemas al modo de remolinos implacables, palabras que se revuelcan como olas y devuelven tanto lo malo como lo bueno a la orilla. "Como una imagen totalizadora, una gran metáfora que, de algún modo, contiene todo lo que uno quiere decir", confiesa Scalona.

Veraneos de la infancia, recuerdos imponderables, afectos y hasta un instante eterno en la pileta, compartido entre juegos con su amada nieta Martina, se condensan en las historias que tienen que ver con el agua como lugar esencial.

"Porque el origen del ser humano —dice— es también el mar y, de alguna manera, viene de allí esa referencia profunda, ese registro que luego se vuelca en quienes evolucionaron y hoy escriben, justamente, sobre el agua en donde uno se nutre pero también en donde le puede tocar perder".

Así, con el ritmo eterno del vaivén de las olas, los versos laten al compás del mar y desnudan pasiones sólo percibidas por los ojos del poeta, quien al igual que Raymond Carver —apunta— también quiso "escribir un poema a los dedos de sus pies". Audaz, lo hizo y señala: "La primera vez que los vi / los estaba extrañando. / Y doy vueltas el cuaderno / para escribirlo / como en la cama / aquella vez que sus pies / quedaron en mi cabeza".

Pero no sólo el amor es el que se arrastra con el romper del agua, porque la bruma aparece despiadada. También lo hacen las tormentas. Por eso, enfermo y en una noche de fiebre, el poeta escribe sobre pibes que matan, también de los que son víctimas. Es que en el mar flota todo aquello que se anhela pero también lo que se teme o se pretende ocultar, flotan las palabras, los papeles y los muertos arrastrados a la orilla por una fuerza inexorable.

"El diario trae siete muertos/ la crónica negra/ de otro día de furia/ en la ciudad de pobres corazones./ Debería bastarnos con la juventud/ de las víctimas / la precocidad de los asesinos/ la inocencia natural de todos (…)", dice.

Scalona juega en el libro a mezclar lo oscuro con lo claro, obligado a pasar del dolor por la muerte de su madre a los poemas más intensos dedicados a una musa angelical: su nieta, para quien el amor profesado es tan inconmensurable como un grano de arena, de una playa cualquiera junto al mar.

Y de las páginas de ese "Mar", presentado como un mundo, el autor declara un especial afecto por el poema "Belgrano", "porque tiene que ver con la dignidad, con la historia familiar, con mi viejo, mi nieta y el pasado del país", y escribe: "Corremos por la arranca del río donde Belgrano inventó la/ patria y cuando ella dice abuelo —cada vez que lo dice—/ levanto la vista y parece un día soleado".

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