mas
Domingo 29 de Mayo de 2016

Agroecología: una opción sustentable para la producción de alimentos

El agotamiento del modelo agrícola industrial y nuevas demandas sociales abren la puerta a un modo de producción ecológico.

La agroecología, una forma de producción de alimentos que logra prescindir de los agroquímicos, se fortalece como una opción sustentable y rentable desde lo económico ante las fisuras que presenta la agricultura industrial, jaqueada por una estructura de costos cada vez más elevada, alta dependencia de herbicidas y presiones sociales más intensas por la deuda humana y ambiental que provoca en su versión pampeana.

   El uso desmedido de agroquímicos y el monocultivo de soja transgénica se traducen en suelos empobrecidos, poblaciones afectadas por las fumigaciones y pérdida de la soberanía alimentaria en vastas regiones del país, algo sobre lo cual alertan agrónomos, médicos, biólogos y hasta el Papa Francisco, a través de su encíclica Laudato Si.

   "Es un mito que la agricultura dominante es rentable porque se utilizan cada vez más agrotóxicos, lo que implica mayores costos, y las semillas son cada vez más caras. Es una agricultura descartable en la que siempre hay que comprar cosas nuevas, al margen que no se internalizan los impactos negativos sobre la salud que también terminan pagando la sociedad y el Estado", explicó Franco Segesso, coordinador de agricultura y alimentos de Greenpeace durante el encuentro Agroecología: solución a 20 años de los transgénicos.

   La jornada estuvo a cargo de un conglomerado de organizaciones (Paren de fumigarnos, Cepronat, El Paraná No se Toca, la cátedra de salud socioambiental de Medicina de la UNR, entre otras) que además de discutir el modelo agrícola avanzaron con una petición concreta al gobierno santafesino: por un lado, piden que no se apruebe la llamada "ley Bertero" sobre aplicaciones de agroquímicos y por el otro exigen que se trate el proyecto de ley de agroecología presentado por el entonces diputado José Tessa en mayo de 2015 que descansa cómodamente en la comisión de agricultura.

   "Precisamos que se debata para que exista un marco regulatorio para la agroecología en la provincia", dijo Eduardo Spiaggi, investigador y docente, quien afirmó que es hora de entender que esta opción "no es para los chiquititos y los pobres, y no es acción social" sino que es "trabajo, producción y generación de dinero" en términos sustentables.


Un infierno encantador


Con dos décadas de organismos genéticamente modificados crece el debate sobre la sustentabilidad del modelo productivo pampeano.

   En 1996, el entonces secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó la introducción de la soja genéticamente modificada abriendo la puerta al modelo productivo imperante que se apoya en esa tecnología, la siembra directa y el uso intensivo de agroquímicos.

   El paquete se impuso con enorme rapidez porque la receta técnica funcionó —y como argumentó Spiaggi— "mucha gente ganó plata de forma cómoda sin ni siquiera estar en el campo".

   Sobre eso se construyó un poderoso lobby de empresas químicas, como demuestra el hecho de que sólo durante la campaña 14/15 se movilizaran alrededor de 1.200 millones de dólares por ventas de glifosato en Argentina, según consignó Spiaggi.

   Santa Fe en general, y Rosario en particular, ocupan un lugar central en esta historia. La provincia, donde la soja desplazó a otros cultivos y a la ganadería como paisaje productivo, es junto con Buenos Aires y Córdoba uno de los territorios que más utiliza agroquímicos en el país.

   Rosario y su zona extendida de puertos hacia el norte y hacia el sur es el corazón comercial del modelo, ya que desde las terminales que se recuestan sobre el Paraná se exporta casi el 70% de la producción granaria argentina.

   Según Segesso, 20 años después hay "demasiado fracasos reiterados", lo que habilita a visibilizar la agroecología como "la única solución para un sistema alimentario que sea sano y estable".

   Spiaggi coincidió con el diagnóstico y destacó dos elementos centrales: cuando se autorizaron los transgénicos, los argumentos fueron que era una tecnología que iba a terminar con el hambre en el mundo, y que además disminuiría el uso de agrotóxicos. "Está clarísimo que no fue así y por eso queremos discutir el modelo dominante y otro agroecológico, que no sólo es rentable si no que además genera trabajo".

Otro paradigma


En los últimos años el modelo agropecuario pampeano mostró muchas grietas desde lo social, lo ambiental y lo económico. La bala de plata que en su momento fue el glifosato ya no brilla como antes, lo que obliga a los productores a incrementar la inversión en agroquímicos.

   Los sistemas agroecológicos eran una opción hasta el desembarco de la siembra directa, cuando el combo de herbicidas e insecticidas generó desequilibrios que se intentan solucionar con más químicos.

   "La agroecología siempre tuvo herramientas y principios ecológicos para buscar nuevos equilibrios. Trabajo hace 25 años asesorando y esa experiencia demuestra que se pueden tener rendimientos iguales o mejores, con un costo mucho más bajo", aclaró Eduardo Cerdá, vicepresidente de graduados de agronomía de La Plata.

   Según Cerdá se trata de una opción de gran interés para el productor ya que los costos se han elevado muchísimo. "Un emprendimiento agroecológico tiene un costo que es un tercio de los industriales", señaló.

   ¿Por qué entonces cuesta imponer la idea? Una de las razones es la formación de los ingenieros agrónomos, durante décadas formateados en otro paradigma. "No fuimos formados en agroecología, recién ahora la facultad de La Plata tiene una cátedra", dijo Cerdá, quien agregó que las investigaciones de las últimas décadas fueron todas "para el otro modelo".

   Spiaggi, quien participa como asesor del Proyecto Agroecológico Casilda (Paca), ensayó una autocrítica al decir que también corresponde a los agroecólogos demostrar que otra forma de producir es posible.

   "Nuestro desafío es crecer porque nuestros grupos están acostumbrados a estar en los márgenes, y a veces eso te automargina. Hay que dar el salto y ser capaces de competir con calidad", dijo, para agregar que lo mejor es mostrar con el ejemplo e insistir para que crezca el consumo de esos productos.

   El especialista destacó la experiencia local del mercado popular que funciona en La Toma, donde se hace venta directa del productor con una clara mejora en los precios finales que paga el consumidor.

   También existen en Rosario otras alternativas como Las Tres Ecologías y el Mercado Solidario, espacios que crecen como otra opción de consumo.

Naturaleza Viva

Una y otra vez, quienes disertaron en la jornada volvieron sobre la experiencia de la granja Naturaleza Viva, que funciona en Guadalupe Norte, cerca de la ciudad de Reconquista, como "el faro que muestra el camino".

   Remo Venica es uno de los que iniciaron el proyecto Naturaleza Viva hace ya 29 años. Hoy la granja tiene 100 hectáreas propias y 110 alquiladas a largo plazo "para reconvertir los suelos muertos en suelos productivos", produce 12 mil kilos de alimentos por mes y emplea a 15 familias.

   Produce más de 80 productos diferentes derivados del trabajo en el tambo como quesos, dulce de leche, manteca, y yogur; frutas de todo tipo con las que elaboran dulces, mermelada y jugos; también trigo, girasol, lino y soja con las que elaboran aceites y harina integrales; así como una variedad enorme de alimentos hortícolas.

   "Producimos todo lo necesario para una alimentación racional y eficiente para alimentarse y tener salud gracias a la agroecología", explicó su fundador, quien defiende esa opción no sólo como saludable, sino también como rentable.

   "La agroecología es muy rentable y decir lo contrario es un verso, como cuando decían que la revolución verde solucionaba el hambre en el mundo, algo que la propia FAO ya desmintió", concluyó.

Semillas

Hace 20 años que se autorizó el cultivo con semillas genéticamente modificadas en Argentina. 210 hectáreas tiene la granja agroecológica de Guadalupe Norte Naturaleza Viva, la más grande del país.


Comentarios