Agroclave
Domingo 11 de Junio de 2017

El amor de Tenco

UNO

La lluvia es cosa que, sin dudas, sucede en el pasado, dice Borges en su maravilloso soneto La lluvia. Y es posible que morir por amor también sea algo que sucede en el pasado. Y Luigi Tenco murió por amor. Luigi Tenco se mató por amor.

DOS

Luigi Tenco nació el 21 de marzo de 1938 y se suicidó, a los 29 años, el 27 de enero de 1967. Se voló la cabeza de un balazo, con una pistola Walter PPK 7,65, en la habitación 219 del hotel Savoy de San Remo. Acababa de asistir al fracaso rotundo de su canción Ciao amore ciao, en el famoso festival de esa misma ciudad. Pero antes de esa instancia de traspié, Luigi Tenco ya había tenido un gesto en el que supo abrazar una eternidad más profunda y bella que la de morir por amor: Luigi Tenco había cantado Ho capito che ti amo dulcísimamente y para el resto de los tiempos.

TRES

No es difícil imaginar a Luigi Tenco nombrando por última vez el nombre del amor. No es difícil imaginar a Luigi Tenco desplomándose junto a la cama, sobre la suavísima alfombra que cubría el piso de madera de la habitación. No es difícil imaginar la escena. No es difícil imaginar cómo todo fue tiñéndose de rojo mientras los músculos de Luigi Tenco iban cediendo al silencio en la inmovilidad de un halo de amor. Un halo como un soplo eterno. Un halo como un tris. Al mismo tiempo, un destello tan permanente como instantáneo.

CUATRO

La pareja de Luigi Tenco, al momento de su suicidio, era Dalila. Podríamos citar a Dalila, sin temor a equivocarnos, como el fulgor de Europa de los 60. Bellísima y de voz tan aterciopelada como sensual, había nacido el 17 de enero del 33 en Choubrah, un barrio de El Cairo, y adoptó la nacionalidad francesa e italiana convirtiéndose en la cantante más venerada en la Europa de aquellos años. Valga mencionar que, en 1981, fue la primera mujer en recibir un disco de diamante y, a lo largo de su carrera, cosechó 55 discos de oro. Pero eso es parte de otra historia de triunfos y estadísticas que poco tienen que ver con el amor y esas cuestiones. Zoom: la noche del 26, Dalila cantó Ciao amore ciao, junto a Luigi Tenco, intentando salvarla, sin éxito, de la caída y convirtiéndola, paradójicamente, en una de las canciones principales de su repertorio. Zoom sin escape: la noche del 26.

CINCO

La noche del 26 de enero, Tenco prefirió quedarse en la habitación y no compartir la cena con el grupo de amistades habituales. Estaba abrumado. Posteriormente comentaría Dalila que ella intuyó el gran azote que habría de sobrevenir. Y justamente es por esa intuición que se levantó de la mesa antes de la finalización de la cena para ir a su encuentro, al encuentro de Tenco. Sentía una profunda necesidad de acompañarlo, consolarlo y tal vez, como sucede tantas veces en los abrazos de los amantes, acunarlo. Al abrir la puerta de la habitación se encontró con Luigi Tenco tirado sobre la alfombra. Era la madrugada del 27 y la muerte perfumaba todo como una flor fatal, negra y sin retorno.

SEIS

Nunca se logró echar luz sobre la muerte de ese apuesto joven italiano de voz casual y tierna. Tal vez porque no resulte sencillo aceptar que morir por amor sea posible. Tal vez porque se piense que morir por amor sea algo que pertenece a un pasado que no nos pertenece ni habrá de pertenecernos. ¿Quién podría morir por amor? ¿Quién en estos tiempos? ¿Quién, habiendo tantos otros motivos para morir? ¿Quién podría morir por amor? ¿Quién?

SIETE

¿Luigi Tenco se suicidó por el fracaso en San Remo? ¿Era real la relación con Dalila o era una pantalla comercial sobre dos de los artistas con mayor éxito de Europa? ¿Amaba realmente Luigi Tenco a Dalila o amaba, en verdad, a Valeria Ciangottini, una joven actriz italiana que debutara en La dolce vita encarnando a la adolescente Paola? ¿Dalila sí amaba a Luigi Tenco? ¿Dalila amaba a Luigi Tenco a pesar de que él amaba a esa joven actriz? Caminos que se bifurcan. Aromas que se entremezclan. Bisagras de sangre. Los misterios perdurables. Y el amor que como una daga hace un tajo en el tiempo.

OCHO

El 27 de febrero siguiente a la muerte de Luigi Tenco. Exactamente un mes después de su suicidio. Un mes después de que el hombre que supiera cantar hermosamente Ho capito che ti amo se quitase la vida por amor, Dalila se hospedó en un hotelucho de Paris, bajo su verdadero y desconocido nombre, Iolanda Cristina Gigliotti, y colocó en el picaporte el clásico cartel para no ser molestada. Una a una fue tomando todas las pastillas necesarias para abandonar la vida sobre la cama de ese hotelucho de Paris y, tal vez, por amor a ese hombre muerto, un mes atrás, en la habitación 219 del hotel Savoy, en San Remo. Una empleada la reconoció y dio aviso a las autoridades, salvándole la vida. Dalila salvó su vida porque una empleada de ese hotelucho de París la reconoció e intuyó que iba a suicidarse por amor a Luigi Tenco.

NUEVE

El 3 de marzo de 1987, a 20 años de la muerte de Luigi Tenco, Dalila, finalmente, se quitó la vida. A 20 años de su primer intento de suicidio por amor, Dalila se suicidó, Dalila se dio muerte, Dalila se recostó sobre el fin al fin, dejando sólo una nota en la que, simplemente, escribió que no toleraba más la vida.

DIEZ

Ya se acerca el invierno. Estoy en un bar de media tarde y frío tratando de hilar la lluvia de Borges, la precariedad del tiempo, la fragilidad del amor, la muerte de Tenco y el suicidio de Dalila con los amores que perdí y con el burdo modo que tengo que tocar en la guitarra Ho capito che ti amo como para canturrearla en alguna noche de copas. Sin embargo cedo a la realidad: no hay hilo conductor. Sólo es mi cabeza la que se empecina en saltar, insistentemente y de piedra en piedra, a lo largo del camino de la memoria. Sólo es mi cabeza la que se empecina, una y otra vez, en desandar el pasado como si el pasado pudiese volverse realidad y fuese posible entrecerrar los ojos sintiendo los aromas que ya nos han abandonado, que son parte de lo ido. Pienso que, tal vez todo sea un zoom al fin y no mucho más que eso. O tal vez todo sea parte del pasado. O tal vez todo sea una cuestión de amor al fin de cuentas. Vaya uno a saber.

Patricio Raffo

Comentarios