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Sábado 16 de Agosto de 2014

Adoradores del demonio

El avance militar de bandas armadas de fundamentalistas islámicos que autoproclamaron un califato en Siria e Irak viene acompañado de matanzas y fuga de miles de personas de las minorias religiosas.

Tal vez el único rasgo positivo que el mundo occidental pueda obtener de la grave situación por la que atraviesan distintas regiones del Medio Oriente es el regreso a la consulta de los libros para intentar entender el origen de los conflictos y su actual desarrollo. Esta semana, en el norte de Irak, ha surgido una dramática situación con la persecución e intento de aniquilamiento de una minoría religiosa no muy conocida, que ha obligado a toda la prensa internacional a una búsqueda exhaustiva en cuanta bibliografía se tenga a mano.

El autoproclamado califato del Estado Islámico en amplias zonas de Siria e Irak que un grupo musulmán sunita fundamentalista ocupó militarmente puso a la región al borde del peligro de una masacre colectiva. Las minorías religiosas, cristiana incluida, y musulmanes de otras vertientes que cayeron bajo el poder del Estado Islámico fueron forzadas a convertirse al islam bajo amenaza de muerte. Los que se negaron a la imposición de este grupo delirante fueron ejecutados y colgados en cruces como escarmiento. Miles de personas escaparon a zonas de la autónoma región kurda donde se respira mayor tranquilidad. Los sobrevivientes se refugiaron en las montañas y debieron ser abastecidos con alimentos y agua desde el aire porque quedaron cercados por los milicianos del Estado Islámico hasta que el bombardeo de aviones militares de Estados Unidos terminó con el asedio. Pese a esa asistencia muchos sucumbieron por hambre y sed.

Una de esas minorías, los yazidíes, un grupo de entre 220 mil y un millón de personas de acuerdo a la fuente que se consulte, vive dispersa por varios países de la región, además del norte iraquí. Miembros de ese grupo no tuvieron ni siquiera la oportunidad de salvarse mediante la conversión religiosa al islam y comenzaron a ser ejecutados, decapitados y en muchos casos enterrados con vida. Algunas mujeres fueron lapidadas por adúlteras y otras violadas por las hordas fanáticas que luego las vendían como esclavas. ¿Por qué tanto ensañamiento? Debido a que los yazidíes son considerados adoradores del demonio por estos grupos irracionales que hacen una aviesa interpretación del islam.

El yazidismo es una secta milenaria cuyos seguidores habitan en Turquía, Armenia, Siria y principalmente en el distrito de Mosul, en el norte iraquí bajo control kurdo. Sus fieles creen que fueron creados en forma separada del resto de la humanidad y que descienden de Adán, pero no de Eva. Viven en comunidades muy organizadas y cuentan con un sheik como jefe supremo religioso. Los yazidíes tienen como figura divina a Malak Taus (pavo real) que junto con otros seis ángeles gobiernan el mundo. Esos siete ángeles son venerados en forma de estatuas de bronce o pavos reales de hierro, que pueden pesar hasta 320 kilogramos. Son antidualistas, niegan la existencia del demonio y del infierno y rechazan los pecados. Creen que el alma se va purificando progresivamente a través de las reencarnaciones. El origen del yazidismo es algo no muy bien explicado pero se sostiene que ha tomado rasgos de otras religiones, incluso del islam.

La furia asesina de la banda criminal del Estado Islámico proviene de un mito contra los yazidíes. Ese relato sostiene que el demonio se arrepintió de sus pecados de orgullo y soberbia ante su Dios, quien lo perdonó y lo nombró como jefe de los ángeles, es decir la figura central del yazidismo. Esta creencia le ha hecho ganar injustificadamente a este grupo religioso el mote de adoradores del demonio, que por estos tiempos de intolerancia religiosa es una segura condena a muerte. Y así lo interpretan los miembros del califato del Estado Islámico, un desprendimiento del Al Qaeda de Osama Bin Laden.

Los yazidíes tienen su particular visión del mundo, pero hasta hora no se conoce que le hayan hecho daño a nadie ni atacado a otras religiones. Por el contrario, siempre han sido perseguidos.

La brutalidad del grupo armado del Estado Islámico, que ha ganado posiciones en una vasta zona del norte iraquí y Siria, también le había traído problemas al propio Al Qaeda, que no se caracteriza precisamente por tener piedad con quienes consideran sus enemigos. El diario británico "Daily Mail" publicó hace unos días un artículo sobre la documentación hallada en la vivienda de Bin Laden cuando fue ejecutado por tropas norteamericanas en Pakistán en 2011. En un informe de 21 páginas escrito por un alto oficial del grupo terrorista se advertía que el terrible y brutal comportamiento de esos milicianos del hoy Estado Islámico con los civiles dañaría la reputación de Al Qaeda si se mantenían asociados. Obviamente que se refería al mundo islámico donde Al Qaeda tiene gravitación y donde todos estos grupos armados y fundamentalistas reclutan jóvenes dispuestos a morir por la guerra santa.

Los portales de noticias kurdos "Rudaw.net" y "Basnews" dieron cuenta del sanguinario avance de los combatientes del califato a medida que iban controlando más territorio y ocupaban ciudades pobladas con minorías religiosas. Estiman que ya hay unas dos millones de personas refugiadas en Kurdistán. Se puede acceder por internet a esos sitios web para tener una amplia descripción de lo que está ocurriendo y que sólo ha cedido por la intervención norteamericana, que ha regresado a Irak con operaciones militares por primera vez desde su retirada en 2011.

Pero con sólo ahondar en la historia para conocer el origen de los conflictos que sacuden al mundo musulmán no es suficiente para intentar, siempre desde una perspectiva limitada occidental, contribuir a evitar genocidios, desplazamientos y sufrimiento de miles de personas y el sometimiento y esclavitud de las mujeres en una parte del mundo donde todavía, increíblemente, persiste ese vil negocio.

Tampoco se puede estigmatizar a esa sola región del planeta. Hace unos días, la televisión alemana emitió un informe sobre los baños públicos en las villas miseria de Bombay donde viven hacinados miles y miles de personas. El Estado indio quiere construir allí más baños porque la población no los tiene en sus miserables viviendas, pero no puede hacerlo debido a la falta de espacio físico. Entonces, a los pocos sanitarios comunitarios existentes, le agregarán asientos para que puedan ser utilizados por más personas. Mientras tanto, todas las enfermedades imaginables sobreviven con tranquilidad en esos focos infecciosos oprobiosos.

Si en los próximos años no se produce un cambio de paradigma en las regiones del planeta azotadas por la intolerancia religiosa, guerras y un reparto desigual de la riqueza, no hay garantía de que un gran conflicto a escala mundial —producto del choque irreconciliable de culturas— no se se abata sobre la humanidad. En ese caso habrá muchos que sostendrán que se trata de un castigo divino y no producto de la acción de los hombres sobre la Tierra.

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