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Sábado 12 de Junio de 2010

Adolescentes que hacen de mozos, limpian y abrazan el secundario

¿Qué lugar tienen en la escuela secundaria obligatoria los alumnos que trabajan? Hoy se conmemora el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. La fecha coincide con la inauguración del Mundial de Fútbol en Sudáfrica...

“Trabajo todos los días en una verdulería de 9 a 13, luego voy a clases y cuando salgo sigo hasta las 21.30 más o menos. Se me hace difícil estudiar, el año pasado dejé la escuela para trabajar, pero volví porque me di cuenta que sin estudio no es mucho lo que me van a ofrecer”. El relato es de Mailén, una estudiante de 19 años de la Técnica Nº 393 de Rosario. Su testimonio se une al de otros compañeros y compañeras que viven historias similares. ¿Qué lugar tienen en la escuela secundaria obligatoria los alumnos que trabajan? Hoy se conmemora el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. La fecha coincide con la inauguración del Mundial de Fútbol en Sudáfrica, es por eso que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) promueve la campaña “¡Metamos un gol! contra el trabajo infantil”.

Si algo cambió con la obligatoriedad de la escuela secundaria es que ya no está pensada sólo para un grupo social sino para todos. O al menos debería ser así, tal como indica la ley. Un papel clave en garantizar que este principio democrático se haga realidad lo tienen los profesores y directivos, que se dan diferentes estrategias para incluir a los adolescentes y jóvenes. Entre estos últimos a los que estudian y trabajan.

Voluntad por aprender

La Escuela Técnica Nº 393 “5 de agosto Ciudad de Rosario” está enclavada en la zona sur de la ciudad (Alice y Lamadrid), asisten unos 500 alumnos repartidos en tres turnos. Al igual que en otras escuelas, en sus aulas conviven historias de alegrías, esfuerzos, abandonos, ganas de superación y mucha voluntad por salir adelante. Y entre ellas las que hablan del desafío de repartir horas para aprender y ganarse un ingreso económico.

En ese grupo de jóvenes, está Elías a punto de cumplir los 18 años. “A los 15 empecé como cadete en un bar y luego pasé a un salón de fiestas, donde sigo trabajando. Puedo entrar a las 4 o las 5 de la tarde y estar hasta las 5 o 6 de la mañana. A veces me levanto cansado para venir a la escuela, pero me las arreglo. Y si tengo notas bajas es por el trabajo”, aclara.

La única que no acepta salir en la foto grupal es Estefanía. Tiene 19 años, cursa el 5º y ya planifica seguir administración de empresa. “Limpio desde hace dos años en una concesionaria de autos, de 9 a 12, la plata es para mis gastos”, cuenta.

En el otro extremo de la mesa que los une en la charla están Brian y Eduardo, los dos de 15 y que se dedican a repartir comida por los comedores escolares. Una tarea que a veces les significa “llegar tarde a la escuela”. Otro alumno, también llamado Brian, cuenta que trabaja con su papá en la venta de ropa. “El mayor problema está con educación física que es una materia a contra turno”, menciona entre las dificultades para cumplir con la escolaridad.

De la charla también participa el profesor de contabilidad Diego Oro. Dice que la escuela les ofrece a los que no pueden cursar a contra turno “que puedan hacer un trabajo en la casa para no tener que rendir la materia”. Expresa que atender a las distintas realidades obliga a directivos y docentes a “estar en permanente discusión de cómo hacer una mejor escuela, porque —agrega— la pensamos inclusiva”. Y cita como un ejemplo concreto que cuando algún alumno falta a una prueba por razones laborales se la ofrece hacer en otro horario.

Cartones y libros

Entre las formas menos reconocidas del trabajo que afecta a niños, niñas y adolescentes figuran las tareas domésticas, que incluye la atención de los hermanos más chicos. Este es el caso de Maricel, que tiene 14 años y por la mañana, cuando su mamá trabaja, cuida a su hermanito de 3. “Mucho no puedo estudiar cuando lo cuido, en realidad desde los 8 años cuido de mis hermanos más chicos y ayudo a mi mamá”, repasa la estudiante.

Las historias de Yésica y María José se unen a la Maricel: también se ganan un ingreso cuidando niños. Y entre quienes se dedican a tareas domésticas, en especial de limpieza, están Belén y Mariana, que aseguran que tratan de arreglárselas con los horarios para estudiar.

Contra la naturalización

El relato de Flavia golpea fuerte. Tiene 17 años y cursa el 4º de la técnica. “Salgo todos los días en el carro con mi mamá a juntar cartones y botellas. Cuando vuelvo me pongo a estudiar, a veces hasta muy tarde, algunas materias me gustan más que otras, pero dentro de todo no soy mala alumna”, confiesa.

“La voluntad y el empeño de Flavia son envidiables, no podemos desconocerlo. Es lo que vemos también en la mayoría de los chicos, por eso queremos que aunque estén cansados por trabajar encuentren un lugar aquí”, interrumpe el profesor Diego Oro para mostrar cómo la escuela puede acompañarlos.

A la hora de hablar de estadísticas, distintos informes y organismos acuerdan en que “el mayor problema para cuantificar el trabajo infantil es la naturalización que se hace del mismo”; y también coinciden en afirmar —como lo señala la Comisión Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti)— que la lucha principal para desterrar este mal pasa por la eliminación de la pobreza y la mayor educación.

Concepto clave

“Se entiende por trabajo infantil a toda actividad económica y/o estrategia de supervivencia, remunerada o no, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria o que no han cumplido los 18 años si se trata de trabajo peligroso”. (Comisión Nacional de Erradicación del Trabajo Infantil).

Además hay que saber que desde el 25 mayo de este año, la edad mínima para firmar un contrato laboral legal es de 16 años, según lo establece la ley 26.390, que regula el empleo de los adolescentes (menores de 18 años) y prohibe el trabajo infantil. Y donde se explicita que deben cumplir con la escolaridad.

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