Opinión
Viernes 28 de Octubre de 2016

Adolescentes en la cultura tóxico—cool

Vértigo. El malestar en la cultura está centrado en su permanente mutación. El predominio del principio del placer sobre la realidad, la lógica del instante sobre la anticipación y la indiferencia por la consecuencia de las conductas. Lo transgresivo es parte de su territorio.

El malestar en la cultura está centrado hoy en una mutación, que con su vertiginosidad impacta a todos y que no existió para generaciones anteriores. Malestar hubo siempre, pero esta aseveración no puede anular los diferentes momentos históricos y sus marcas. En la época de la inflación una palabra selló: desestabilidad; en la del proceso: desaparecidos; en la contemporaneidad es ausencia de referentes sociales y arrasamiento imparable del mercado.

Algunos enunciados de adolescentes: "Yo consumo de todo, en la previa en el durante y en after", "yo tomo para estar in y no out", "me doy para estar up y no down","tomo lo que venga porque sino te excluyen", "porque ¿sabés? ahora somos así, tenemos que ser así". "¡Todo ya! sino no sos cool". En estos enunciados se muestra el predominio del principio del placer sobre el de realidad, la prevalencia de la imagen en detrimento del pensamiento, la insistencia de la lógica del instante sobre la lógica de la anticipación y la indiferencia por las consecuencias que sus conductas puedan producir en ellos o en los demás. Están entre lo regresivo, lo progresivo y lo transgresivo.

Lo transgresivo es parte de su territorio, por lo que es importante diferenciar cuando las transgresiones están al servicio de eros, de preservar lazos, de construir un territorio propio, de las transgresiones que están al servicio de thanatos donde corren y hacen correr grandes riesgos.

Dichos riesgos se potencian en tanto habitan espacios con legalidades transgresivas, donde todo es posible y donde lo tóxico (en sus variadas formas) no sólo no es sancionado sino que es enaltecido. Son los nuevos esclavos/soldaditos de la contemporaneidad, que encuentran en sus amos su ideal. Toda época tuvo su juventud dorada, la particularidad de la nuestra es que la juventud pasa a ser "modelo" para otras edades, es la edad ideal. A su vez los ideales se construyen con las marcas de cada historia singular, con las huellas infantiles, pero además con enunciados socialmente producidos. "Nuestra edad ideal son los 17 años, le vendés a uno y le vendés a todos, son como una manada", decía un experto en marketing de una multinacional. No solo se venden productos sino una imagen, y si se vende una imagen se vende todo. Hablar de adolescencias permite pensar la diversidad y singularidad de los casos, tanto en lo que remite a lo psíquico como a los factores sociales que los configuran y modelan. Los adolescentes quieren ser adolescentes, que no los entendamos, pero el encuentro con ellos exige que el adulto se involucre, quieren tomar distancia y nada peor que un adulto que quiere estar cerca, peor aún muy cerca, siendo muy difícil pero necesaria esta moderación de la distancia.

En este momento de constitución subjetiva y de protagonismo, les compete una tarea dolorosa pero fundamental: hacer desasimiento de la autoridad de los padres, lo cual es necesario para el progreso de la cultura. Esta separación de los padres, en términos generales, no se está realizando, nos encontramos con el aplanamiento generacional —simetría, indiferenciación— que incrementa los riesgos, en tanto que las diferencias generacionales —sin autoritarismos— los reducen. Tienen otra función muy importante y extremadamente difícil, que es —a mi entender— la responsabilidad de desobedecer los mandatos del mercado, que alienta a un consumo "para todos" al que no todos pueden acceder. Cabe agregar que la opulencia del mercado se sostiene en gran parte también por el trabajo esclavo de niños y jóvenes.

De modo tal que es importante interrogarnos no solo sobre como son los adolescentes en tanto tales, con que recursos psíquicos cuentan, si las funciones parentales son más o menos inadecuadas, sino también y fundamentalmente ¿como se produce la subjetividad? ¿qué es lo que el sistema como maquinaria de mercancía hace con ellos?

El trabajo con adolescentes tiene su especificidad y su complejidad, como lo tiene el trabajo con niños, con adultos, con mayores y —es innecesario decirlo— no es lo mismo trabajar con ellos en el espacio educativo, jurídico o clínico. Es importante la articulación de diferentes temporalidades, el tiempo de la filogénesis que ordena gran parte de la erogeneidad y de la reproducción, el tiempo fundamental de la estructuración del psiquismo y una temporalidad de época, ligada entre otras cuestiones a las diferentes formas de lazos sociales y a múltiples configuraciones familiares. Son diversas temporalidades todas importantes en la estructuración del psiquismo. Si tomamos solo las marcas de época donde la espectacularidad se destaca, superficializamos la mirada porque cada sujeto es único e irrepetible, si las dejamos de lado vamos a trabajar con adolescentes extemporáneos pero además olvidarnos que esas marcas de época les producen hoy un intenso sufrimiento. Tenemos sujetos —no todos— producidos en serie, sin lugar en esa vertiginosidad, individualistas, aislados, masificados, dependientes, sobreadaptados, arrasados; fundamentalmente acríticos del mismo sistema que captura (intenta capturar) sus potencialidades de transformación de la realidad social. Asistimos a una metamorfosis de las formas que instituyen subjetividad ya que el poder del mercado sutilmente, persistentemente va imponiendo condiciones a la subjetivación, se establece así una sinergia donde uno no es sin el otro.

Menciono un libro de reciente aparición: Fuera de lugar ( Kohan, M.), maravilloso por su escritura, sórdido por el contenido; una de sus frases dice: "Se trataba del consumo como tal, era esa clase de fiebre. La apertura del consumo, no de un consumo. El objeto podía variar…".

Frente a esa alfabetización con medianía, superficalidad, vertiginosidad y espectacularidad, la educación pública es el gran lugar en la producción de las subjetividades, para cuestionar toda práctica sexistas, racista, clasista, opresiva y esto lleva tiempo.

Si es posible acompañarlos en esta difícil responsabilidad en ser desobedientes a las imposiciones del mercado que lleva a paraísos artificiales, podríamos volver a pensar con palabras de Benjamin, W: "La juventud está en el centro de donde nace lo nuevo".

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