Cartas de lectores
Sábado 29 de Octubre de 2016

Adiós a un perro desamparado

Le decían el panadero por haber pasado toda su vida en la panadería de calle Tucumán 3791, al lado de su dueño, con quien transcurrió su vida y su entrañable unión. Incansable callejero compartía su tiempo yendo y viniendo, y entrando cuando se le placía. Pequeño y amable, enamoradizo y ferviente compañero. Pero un día, la noche de la desgracia cayó como una sentencia incomprensible. El dueño, su refugio y protector, no llegó a dormir a su casa. Pasaron los días y nunca regresó. La muerte vino por él. Un hombre (el ahora dueño de la panadería) y su hermana no tardaron en despojar al pobre perro de luto de su vivienda. Con el azote de la crueldad, lo echaron, pero se apresuraron a arreglar la casa que, moralmente, le pertenecía al perrito. El cáncer que tenía en su boca creció y creció y creció, y según vecinos, no sólo lo lanzaron a la miseria del desamparo y el invierno crudo, sino que le negaron atención médica y comida. Yo personalmente hablé con la empleada de la panadería, quien fue al hijo del anciano muerto, quien con una lacerante indiferencia que lo caracteriza, le dijo enfáticamente que no se metiera. Imploré a vecinos del barrio Luis Agote que lo ayudaran, nadie acudió excepto alguien que se hizo cargo de darle comida y agua. Muchas fueron las personas que preguntaron por la suerte del desalojado perro, pero se encontraron con respuestas igualmente agresivas. El perro, con una incomparable heroicidad siguió vagando por las calles. No quiero ni imaginar lo que sufrió en términos de pérdida. Cada vez que intentaba entrar se lo corría. Hice una denuncia penal pero los giros de la muerte me ganaron de mano. Justo cuando alguien se hizo eco de la situación y estaba dispuesto a darle hogar y cariño, elementos ausentes desde el fallecimiento de su amo, el ejecutor de la muerte, el ahora dueño de la panadería, decidió sacrificarlo. ¡Adiós guerrero, adiós querido vecino! No te preocupes que Dios no se olvidó de vos y él recompensará a quienes te ignoraron y a quienes te fueron matando de a poco. A él nadie lo engaña.

Myriam Koldorff

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