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Lunes 29 de Diciembre de 2008

Adictos, sordos e idiotas

Hay una constante tendencia a demonizar las nuevas tecnologías. Le pasó al walkman y ahora al MP3, ocurrió con la televisión y con la computadora o internet, y también se dijo y se dice que los videojuegos y los mensajitos de texto de los celulares tienen componente adictivos que resultan nocivos para la salud.

Hay una constante tendencia a demonizar las nuevas tecnologías. Le pasó al walkman y ahora al MP3, ocurrió con la televisión y con la computadora o internet, y también se dijo y se dice que los videojuegos y los mensajitos de texto de los celulares tienen componente adictivos que resultan nocivos para la salud.

Todos conocemos a algún adicto al teléfono. Hay quienes dirán que es inherente al género femenino, pero no son pocos los hombres que suelen pasar horas con el tubo en la oreja. ¿Se puede culpar al aparato que establece la comunicación? Los seres humanos tienden a socializar, comunicarse, y algunos "abusan" de la condición del habla. Para ellos, el teléfono resulta una herramienta indispensable. Pero sería injusto culpar a Alexander Graham Bell por las abultadas cuentas que la compañía telefónica envía puntualmente cada mes.

Ya que estamos con los teléfonos, el nuevo demonio son los SMS, los mensajitos de texto que resultan tan útiles en ciertas ocasiones. Pero hoy casi todos tienen su celular (sigo resistiendo a entrar en la "nueva" era de las telecomunicaciones) y en todo momento y en cualquier lugar se puede escuchar un ringtone avisando que alguien recibió un nuevo mensaje de texto. No importa si una persona "de carne y hueso" está confesando en ese preciso instante sus pesares más íntimos o pronunciando una frase histórica, el SMS es más importante y el interlocutor deberá esperar a que el mensaje de texto sea leído y, por supuesto, respondido. "compraste el regalo"; "todavia no". Sin signos de interrogación ni acentos, por supuesto, y ese es otro debate: ¿los mensajitos de texto embrutecen a la humanidad? Creo que no, considero que si no fuera por los SMS la humanidad leería y escribiría mucho menos. Es cierto, hay una desagradable tendencia a escribir decididamente mal, con errores ortográficos y semánticos, omitiendo letras, sílabas y hasta palabras completas en nombre de la inmediatez. Pero esa misma gente conservaría los mismos vicios si tuviese que escribir un cuento, responder en un chat o armar la lista del supermercado.

Aunque no hay nada que me moleste tanto como los que escriben mensajitos mientras caminan, mientras el resto de los transeúntes debe esquivar a quienes empuñan el celular como un arma, como un torero que se enfrenta a un animal de ojos vendados.

Necios que serán sordos. Ahora resulta que el reproductor de MP3 va a lograr que la próxima generación de adultos sea completamente sorda a los 40 años... ¿No era lo mismo que se decía del walkman? Está bien, el MP3 tiene una fidelidad que no le llega ni a los tobillos a aquel viejo aparato con el que hace apenas unos años nos íbamos con la música a otra parte. Pero, una vez más, el problema no es la potencia del reproductor sino el volumen que uno elija para escucharlo. Quien quiera quedar sordo está en su derecho.

Hasta hace muy poco, la gente se volvía idiota jugando videojuegos o mirando televisión (al menos eso decía el señor el señor de la televisión). Ahora que la TV está siendo desplazada por internet, la culpa de la idiotez humana es de internet. Sí, cuando alguien se pasa diez horas diarias navegando páginas web corre el riesgo de aislarse de la sociedad, de incurrir en conductas anormales, lo mismo aquellos que no almuerzan ni cenan por jugar al Fifa World Cup, al Worms 3D o al Virtua Fighter 4.

Está en la condición humana: hay quienes suelen usar y abusar hasta el punto de la adicción. Hay otros que no.

Conozco algún que otro adicto a Los Beatles. A lo mejor haya que culpar al inventor del vinilo, o al Winco, o incluso a la electricidad. O quizás el culpable sea Paul McCartney, que hizo un pacto con el demonio.

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