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Sábado 31 de Agosto de 2013

Adaptarse a una nueva vida

"El impacto del proceso emigratorio en la subjetividad del estudiante universitario" fue el tema disparador de la investigación "Migrar para estudiar: una cuestión de elección. Vicisitudes, estrategias", dice Ana Tossi, del grupo interdisciplinario de la Facultad de Psicología de la UNR. "El proyecto empezó en 2004, luego de advertir que la crisis económica de 2001 había provocado que muchos alumnos de afuera de la ciudad abandonaran sus estudios. Más tarde también se realizaron registros en 2007, 2008 y 2011", explica.

"Para conocer las expectativas y decisiones que llevaron a iniciar un proyecto educativo lejos de sus familias y comunidades y sus primeras impresiones sobre la experiencia, —agrega— se realizaron encuestas en ese sector de estudiantes del primer año y el registro de datos de la Dirección de Estadística de la UNR.

Sobre el número de estudiantes que llegan a Rosario de otros sitios, indica que "en 2012 representaban un 51 por ciento del total, al que se le debe sumar un 2 por ciento de provenientes de otros países. Más de la mitad son del sur santafesino, norte bonaerense, sureste cordobés y, con el puente Rosario-Victoria también aumentó el número de entrerrianos. De las zonas cercanas, la mayoría son de San Nicolás, Pergamino y Junín, entre otras localidades".

"Apuntábamos a ver cómo era ese proceso que viven los jóvenes que deben desprenderse de sus familias, ciudades, amigos y también del período de la adolescencia, para asumir nuevas y profundas responsabilidades. Nos hallamos con que se les hace duro vivir en una ciudad distinta".

Adaptación. En algunos casos, "las dificultades para adaptarse se comprueban en los que viven en zona cercanas, ya que en lo posible vuelven a sus casas ya los jueves, lo que se palpa en la poca inscripción para cursar esos días. También, en los primeros años, siguen su actividad en esos pueblos: salidas, boliches o deportes. El vínculo que más próximo sienten es con sus pares, compañeros y parejas; y en segundo lugar suelen aparecer las familias", remarca.

Pero: "Hay alumnos de Ushuaia y Misiones, por ejemplo. Sólo regresan en vacaciones y no siempre reciben la visita de sus padres. Además, prefieren viajar ellos, así también pueden ver a sus amigos".

Sobre los que quedan los fines de semana, señala que "no salen casi a recorrer la ciudad, a algunos les cuesta también el tema de trasladarse, ubicarse y viajar a ómnibus. Además la ciudad, antes era elegida por ser más chica y segura que Buenos Aires, pero la confrontación de las bandas y ese clima de violencia, cambió el perfil de Rosario".

En lo referido al impacto con la nueva vida, menciona que "en Psicología hay una apertura en octubre para que los interesados hagan un acercamiento para ubicarse y conocer a la facultad, luego se dan turnos para inscribirse en febrero. Los cursos son de una semana, no son eliminatorios y les sirven para tener contacto con otros estudiantes.

Presiones.Sobre las presiones que reciben los estudiantes que provienen de otras localidades, Tossi remarca que "sienten una gran responsabilidad en rendir materias, al asumir que tienen una deuda con la familia por lo costos que generan el vivir en Rosario. Algunos tienen becas de sus localidades, pero eso los presiona para intentar tener buenas calificaciones".

"No todos son hijos de profesionales, pero se revela que la mayoría posee una posición económica buena para poder enfrentar los gastos de vivienda, alimentación, transportes y material de estudio. Se trata de una clase media con alta disponibilidad económica", dice la especialista.

"Algunos, también se quedan en Rosario porque la carrera académica se prolonga por las posibildades de formación de posgrado, pero también algunos lo logran hacer vía internet o en cursos virtuales", concluye.

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