La ciudad
Sábado 20 de Agosto de 2016

"Acá falla el control; lo que me pasó a mí, le puede pasar a cualquiera"

Lo aseguró Juan Carlos Sánchez, quien resultó gravemente herido por la explosión de una caldera en el Laboratorio Apolo.

Juan Carlos Sánchez, el chofer de colectivos de la Semtur que terminó aplastado y con la mitad del cuerpo quemado al explotar la caldera de Laboratorio Apolo el pasado 27 de junio en Pasaje Drumond al 2900, ayer recibió el alta médica. Atravesó 40 días de curaciones y tratamientos. En diálogo con La Capital, el hombre de 58 años no ahorró críticas. "Acá fallan los controles; lo que me pasó a mi, le puede pasar a cualquiera", denunció.

Es que la explosión fue el resultado de lo que muchos vecinos de Tablada venían advirtiendo. Habían denunciado fuertes ruidos y vapores que emanaban del laboratorio.

Unas diez propiedades fueron afectadas por la onda expansiva. El hogar de los Sánchez se llevó la peor parte. La vivienda se derrumbó casi por completo y Juan Carlos resultó muy damnificado. Sufrió fisuras en las costillas, vértebras, traumas en el aparato respiratorio y quedamuras en varias partes del cuerpo, fundamentalmente en las piernas.

Después de semanas en terapia intensiva y luego en el Centro de Quemados del Sanatorio Británico, recibió el alta y se reencontró con su esposa, dos hijas, su nieta y su bebé Floyd, de dos años y medio. La unión familiar fue en una vivienda que alquilan cerca de Alem y Gaboto. Al llegar a su nueva morada, Charly fue recibido con un inmenso pasacalle que rezaba "Bienvenido héroe".

Madrugada de terror. Ayer repasó los momentos más dramáticos que vivió tras la explosión. "Me siento el hombre que volvió de la muerte. Estoy todo quemado por salvar a mi hijo, entre medio de todos los escombros y la casa derrumbándose. Se me cayó el techo, me quebré el omóplato, dos vértebras y una costilla. Caí arriba de mi hijo. Saqué fuerzas de donde no tenía, lo levanté y lo llevé afuera. Caminé tres pasos, me caí, me volví a levantar hasta que me desplomé en los pies de mi hija. Un vecino me sacó a la calle y después de que me dijeron que el resto de la familia estaba bien, no me acuerdo más", señaló.

—¿Se le vienen estas imágenes todo el tiempo?

—Si, veo que el techo se me viene encima. Estoy en tratamiento psicológico y lo vamos a hacer todos, hasta mi hijo Floyd, que tiene miedo de que algo explote. Me dice «papá pum, papá pum». Me contaron que estuve al borde de la muerte, en terapia y que me recuperaron. No voy a replantearme mi vida. Soy el tipo más feliz del mundo. Pero quiero ponerme bien para volver a trabajar.

—¿Pensó en algún momento que no iba a salir de su casa tras la explosión?

—A los 20 años, después del servicio militar me fui de la Argentina. Viví en Grecia, Francia, países árabes. Fui embarcado en buques extranjeros. Un compañero se cayó de cubierta al mar y me tiré atrás de él. Mi vida es actuar por ímpetu. Mi señora se tildó, yo no. Quería estar con mi hijo. Y lo salvé.

Sánchez contó que la Municipalidad se hizo cargo de su situación. "Se hicieron cargo en todo momento, pero fue un hecho de catástrofe. Nos ofrecieron una casa en Pichincha, pero fuimos a lo de mi suegra, amontonados. Ahora gano menos que antes. Alquilamos esta casa con dinero prestado y la Municipalidad se comprometió a devolver lo que habíamos depositado en garantía. Y quiero que cumplan", advirtió.

También se refirió a las responsabilidades públicas en el control de estas industrias. "Dicen que la Empresa Provincial de la Energía (EPE) tiene la culpa, porque dio el visto bueno para el ok de la caldera. Debe haber 800 calderas en Rosario y hay 7 inspectores. Es momento de que se pongan las pilas. No puedo acostarme a dormir por miedo a que me explote la empresa de al lado".

—¿Había antecedentes de explosiones o hechos anteriores en Apolo?

—Se escuchaba ruido, las casas estaban todas resquebrajadas, hicimos miles de denuncias. No pueden aprobar todo tan rápido. Mi señora tiene una tienda y estuvo casi tres meses para habilitarla. Esta gente lo logró en dos días. Algo hay. Si se investiga se sabe.

¿Usted cree que la caldera explotó por negligencia?

—Explotó por mal control de parte del municipio y de la EPE. Me dijeron que había gente vinculada al gobierno socialista que tenía intereses creados con Apolo. Todos saben el nombre. Llamo a la reflexión al intendente de Ramallo, que por plata le dan autorización para que se instalen ahí. Si explotaba la caldera más grande, volaban cuatro manzanas

—¿Lo sospecha?

—Esto terminó así por complicidad política. Los controles fallaron. Los que trabajaban en Apolo tenían las remeras de La Cámpora. Responsabilizo a las empresas y al nivel político.

—Y como vecino, ¿qué pasaba con las normas de seguridad?

—Inseguridad total. Extraían agua de las napas mediante una firma perforadora de Rivarola al 8000. Hicieron una cañería para evitar gastos de agua. Este control no lo hizo nadie.

—Es decir que veía una empresa muy poderosa.

—No lo digo yo. Está a la vista. Estaban vendiendo 40 millones de pesos mensuales a Formosa en suero. Tenían un patovica de gerente. Andaba en Mercedes Benz, BMW, tenían 4 camiones cruzados por Alem. Hay un poder político responsable.

—¿Qué debería ocurrir para que se quede tranquilo?

—Que no instalen más en ningún lado. Que pueda llevar a mi hijo de la mano y no al revés, como ahora. Lo que me ocurrió a mi le puede pasar a otro. Necesito asistencia psicológica y económica. El dinero que gasté para alquilar esta casa estaba destinada para otras cosas. Gano menos de lo que ganaba. Si tienen que pagar que paguen, no me interesa quien.

Al final de la charla, hubo un pedido especial de agradecimiento hecho por Charly para todos los integrantes de la empresa Semtur, sus directivos, delegados del gremio de los choferes UTA, compañeros de trabajo y usuarios de los colectivos.

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