Opinión
Jueves 27 de Octubre de 2016

A un año del urnazo que abrió las puertas al cambio

Claves. El triunfo de Vidal en provincia de Buenos Aires fue la gran puerta de acceso de Macri al poder nacional. El futuro electoral de Cambiemos se jugará en ese distrito. Encuestas, proyecciones y necesidad de que mejore la economía.

Hace un año atrás se produjo el campanazo de triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos aires, el título habilitante para que un mes después Mauricio Macri se alzara con la Presidencia. Al fin, en la madre de todas las batallas se definió buena parte de la historia que pasó, pero en 2017 se decidirá otra buena parte de la historia por venir.

El triunfo de Cambiemos en la provincia de Buenos Aires fue el episodio disruptivo de la historia, el verdadero parteaguas del "cambio", palabra que de tan manoseada a veces parece convertirse en una fruslería.

Un año después del 25 de octubre de 2015, Vidal está arropada en una imagen positiva de aproximadamente el 60 por ciento, algo en lo que coinciden encuestadores oficialistas e independientes que, aunque muy escasos, también los hay. Aunque hoy todos se rompan la cabeza tratando de elucubrar los escenarios electorales de 2017, ningún oficialismo puede perder comicios en su distrito cuando quien gobierna está arriba del 50 por ciento de opinión favorable.

La chica súper poderosa. Vidal está angelada por haber derrotado al peronismo luego de casi 3 décadas de gobiernos de ese signo y es considerada por los grandes medios nacionales como la nueva Heidi de la política. Nada mejor que mostrar como insignia del "cambio" a una mujer gobernadora de la históricamente inviable provincia de Buenos Aires.

Es probable que también, más temprano que tarde, se comience a hablar de un clásico en la política argentina: los duelos de egos entre el gobernador bonaerense y el presidente de la Nación. Un dato suena portentoso: Vidal tiene 15 puntos de ventaja respecto de la imagen de Macri, la gobernadora construyó su propia marca de gestión, de color verde, y ya existen quienes sugieren por lo bajo que está en condiciones de romper la maldición que existe entre los mandatarios bonaerenses de no haber llegado nunca a la Presidencia en elecciones libres. Un dislate.

Pero así como no pudo haber existido Macri presidente sin Vidal gobernadora, no habrá triunfo nacional de medio mandato sin victoria bonaerense. Y hoy allí el escenario muestra sus bemoles. "Massa-Stolbizer sería una fórmula competitiva (34 por ciento), seguida por Cristina-Scioli (31), luego viene Carrió-Macri (15,9) y Randazzo (7,2)", reveló el consultor Ricardo Rouvier.

Según otra encuestadora, el Observatorio Electoral, cuando la consulta es por espacio político, hay un 39,5 por ciento de Cambiemos; 23,1 del FpV; 8,4 por ciento del Frente Renovador, 7,7 por ciento del PJ, 3,7 por ciento GEN y 3 por ciento izquierda. Claramente, la mejor y única táctica que debería emplear el macrismo es fomentar la división del peronismo y rezar para que ello se produzca.

Luz roja. Por si a alguien le quedan dudas del peligro que representaría para Macri la presencia de un frente común peronista, está el resultado de la votación de ayer en la Cámara de Diputados: la oposición logró, por apenas un voto de diferencia, que el proyecto de ley que promueve la participación público-privada en el desarrollo de obras de infraestructura regrese a las comisiones, en una sonora derrota oficialista. Sin el concurso peronista, Cambiemos no puede aprobar en las Cámaras ni una declaración de apoyo a la Cruz Roja.

Sería muy peligroso para el gobierno que se rompa esa lógica primaria que vino sucediendo hasta ayer: la política, los consensos legislativos, son el único brote verde frente a un escenario económico que sólo ofrece malas noticias.

Antecedente santafesino. Este angelamiento de Vidal tiene un paralelismo contundente y visible con lo que sucedió con el socialismo en la provincia de Santa Fe cuando, de la mano de Hermes Binner, logró desalojar al peronismo tras 24 años ininterrumpidos de gobiernos de ese signo político.

A Binner, a los socialistas y a los radicales aliados en el Frente Progresista sólo les bastaba con arrojar culpas al pasado peronista para mantener adhesión. Era la época de los grandes electores: Binner logró aupar a Antonio Bonfatti como su sucesor, pese a que el entonces ministro de Gobierno sólo tenía 6 por ciento de intención de voto. Esas mismas tracciones se dieron en Rosario, primero con Lifschitz y luego con Fein.

Los "buenos tiempos" de los socialistas de 2007 es el "cambiamos" de los macristas de hoy.

Tal como viene la mano en la provincia de Buenos Aires, podría ser Vidal y no Macri la gran traccionadora hacia algún candidato a senador y diputado que aún no aparece en el firmamento.

Lo concreto es que a un año de la primera vuelta nacional y de la consagración de Vidal, todo está por verse en la política argentina. Salta a la vista la necesidad de la Casa Rosada de tener libre y correteando a Cristina Kirchner como potencial candidata.

Aunque está clarísimo para los que saben leer la política que la ex presidente no será candidata en provincia de Buenos Aires a menos que la gestión de Macri y Vidal se derrumben como un castillo de naipes. Difícil que CFK quiera pasar de faraona a alfil de un tablero de ajedrez incierto.

Hace un año Macri cosechaba en la primera vuelta el 34,15 por ciento de los votos. Ese debería ser su voto duro para mirar el futuro con algo de optimismo, pero sólo le sirve en un escenario de disgregación opositora. Lo mejor para Cambiemos es transformarse en el partido del ballottage, como bien interpreta el analista político Ignacio Zuleta.

"La alianza que encabeza Macri tiene asegurada la continuidad en el poder mientras mantenga esos acuerdos", sostiene luego. Pero viene una observación: es casi imposible que la totalidad de los votos massistas que sufragaron en ballottage por el ex jefe de Gobierno no sufra alteraciones.

A la hora de la verdad, que siempre es la única realidad, lo que tiene que hacer el gobierno, si es que quiere seguir en el poder cuando baje la ola de comparaciones con el pasado, es mejorar la situación económica. La economía sigue luciendo fané y descangayada.

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