Clásico rosarino
Domingo 23 de Octubre de 2016

A las 16 se acaban las especulaciones y empieza la fiesta de la ciudad

Ahí está. Esperando que llegue la hora. Deseosa de hacer justicia, de premiar al que mejor la trate o de repartir preferencias. No falta mucho.

Ahí está. Esperando que llegue la hora. Deseosa de hacer justicia, de premiar al que mejor la trate o de repartir preferencias. No falta mucho. A las 16 se liberará la tensión acumulada de cada previa al clásico de la ciudad y dará paso a otra que hará trizas algunos pronósticos y confirmará otros, porque hay tantos como hinchas. Será el tiempo en que todo el mundo en esta tierra que es un Rosario de pasión por ella deje de hacer elucubraciones, se ponga en el rol de espectador al fin y al cabo, y le dé paso a los únicos actores principales de esta fiesta única: los 22 jugadores. Y ella, por supuesto, que será perseguida por todos, sólo para alcanzarla y volver a ser pateada con el único fin de llevarla hasta el arco de enfrente. Central-Newell's señores, el partido del año esta vez en Arroyito, el que será seguido más allá de sus fronteras en otros 90 minutos únicos, siempre irrepetibles, que hay cuidar como el oro, pase lo que pase, gane quién gane, cueste lo que cueste.

Y en eso de poner el caballo delante del carro, de no mezclar amor con fundamentalismos que generan violencia inútil, esta semana cada protagonista abonó esa idea de que el clásico es, ante todo, unos de los bienes culturales más preciados de la ciudad y de que hay cuidarlo. Ni declaraciones altisonantes ni actitudes fuera de lugar. Al contrario. Fueron días en los que cada uno se dedicó a lo suyo, y hasta se dieron tiempo para juntarse y reforzar el mensaje de convivencia en cada ocasión que lo requirieron, diciendo al fin que si ellos, que son los máximos responsables de la fiesta, pueden hacerlo, el resto también. Que se trata al fin de disputar un juego, por más pasional, por más intereses que afecte.

Así, por ejemplo, fue más que saludable la iniciativa del Concejo municipal de juntar a Ignacio Scocco y Víctor Salazar en representación de los clubes. Parece que no jugará ninguno, al menos de entrada, pero eso es secundario. La intención de reforzar la idea de que se puede disputar en paz fue lograda con la foto juntos. Lo mismo la que encontró a los presidentes de Central y Newell's en varias oportunidades, sobre todo, en la producción a la que accedieron para estas páginas de Ovación.

Raúl Broglia y Eduardo Bermúdez se pusieron al frente de los clubes que despiertan la enorme pasión ciudadana con una edad en la que otros estarían sólo disfrutando a sus nietos. No están contaminados con cierta parafernalia que desde algunos sectores han tratado de imponer en los últimos años, con la vana idea de negar al otro, sin entender que se necesitan. Como sí lo entienden perfectamente ellos, los que conducen, que se ríen dentro de ese folclore sano de los motes del otro y pronostican un triunfo propio, pero sólo eso. Mañana seguirán trabajando "espalda con espalda", como ellos dicen, por el bienestar de las instituciones ante los intereses poderosos que se tejen en otros lugares y muchas veces buscan ningunearlos. Así se hace. Esa es la sabiduría que dan los años, la que hay que escuchar y aprender porque está bañada de la experiencia. Y ubica cada cosa en su lugar.

Sólo se habló de fútbol en esta semana previa. De si Coudet podrá suplir las bajas, hacer más estable a Central y podrá ordenarse para recuperar el poderío que sigue insinuando. De si Osella podrá mantener este andar increíble en su prueba más exigente. De quién tiene más para ganar, antes que más para perder, otro síntoma de la misma sensación de que, al fin, todo gira alrededor de la pelota. Como debe ser.

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