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Domingo 01 de Abril de 2012

A la espera de un plan que conduzca la acción

Cuenta la historia que un hacendoso albañil recibió un día el llamado de un hombre con poder para que se encontraran en un lugar determinado de la ciudad, donde le haría una interesante propuesta. Hacia allí fue el trabajador para ver de que se trataba la cosa.

Cuenta la historia que un hacendoso albañil recibió un día el llamado de un hombre con poder para que se encontraran en un lugar determinado de la ciudad, donde le haría una interesante propuesta. Hacia allí fue el trabajador para ver de que se trataba la cosa. Al llegar se encontró con un enorme terreno frente al cual estaba su interlocutor. Juntos ingresaron al predio y el albañil se sorprendió al ver un montón de herramientas de construcción a estrenar, una gran cantidad de bolsas de cemento, otras tantas de cal, montículos de arena y piedra, tejas, cerámicos y todos los materiales con los que él solía trabajar a diario. Tras la sorpresa miró fijamente al hombre con poder y éste le dijo: "Tiene todo lo necesario para construir una gran casa, hágala". Y sin esperar respuesta el hombre se marchó prometiendo volver para ver los avances de la obra.

Cuando el hombre regresó al predio donde había convocado al albañil, se sorprendió al ver que no había ni una pared levantada. Es más, las cosas parecían estar peor que antes. Es que los días transcurridos y las condiciones climáticas habían dejado su marca sobres las herramientas y los materiales sin usar. Azorado le preguntó al trabajador: "¿Por qué no ha empezado a levantar la casa que le pedí? ¿Qué ha pasado?". Y la respuesta del albañil fue clara y contundente: "Estoy esperando que me traiga los planos y me diga que tipo de casa quiere construir".

La historia, surgida del imaginario popular, bien podría trasladarse a la policía santafesina y sus repentinos cambios de conducción. Podrán incorporarse nuevos móviles dotados de la más alta tecnología, sumarse más y más hombres para patrullar todos y cada uno de los rincones de la provincia, hacer entrega de dinero para la compra de uniformes y apostar a su formación y capacitación. Pero si no hay un plan maestro que marque claramente las pautas de trabajo tendientes a lograr los objetivos deseados, difícil será que los resultados se noten. En otras palabras, si el albañil del cuento no tiene los planos, no puede empezar la obra.

Hace menos de 48 horas la ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, sostuvo en relación al crimen de un joven chubutense que fue testigo clave en una causa de apremios y vejaciones cometidas por uniformados que "se debe terminar con el autogobierno de las policías, e instrumentar sistemas de control y fiscalización desde el poder político que sean implacables". Quizás haya llegado la hora de que en Santa Fe se conozca el plan de seguridad (el plano de la obra) para que desde el primero hasta el último agente de la fuerza (los albañiles) sepan cómo brindarle mayor seguridad a la población. Y también que ese accionar sea fiscalizado, para que aquel que se equivoque sea bajado del andamio. Para eso sería importante designar al secretario de Control de las Fuerzas de Seguridad, lugar vacante desde diciembre pasado.

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