Edición Impresa
Sábado 13 de Junio de 2015

A 43 años de la niña del napalm

Reflexiones, por Jorge Levit / La Capital. Una dramática fotografía tomada el 8 de junio de 1972 en Vietnam mostró el horror de la guerra. Kim Phuc, la niña desnuda de la imagen, sobrevivió y tiene una vida normal. El fotógrafo regresó esta semana al lugar de la escena con cámaras digitales, aunque la tecnología no parece haber hecho del mundo un lugar mejor.

El 8 de junio de 1972 una dramática fotografía contribuiría a la retirada norteamericana de la guerra de Vietnam y al desprestigio mundial de ese país por las barbaridades cometidas contra la población civil. El reportero de la agencia Associated Press Nick Ut, enviado especial a la cobertura de la guerra, captó la terrible imagen de una niña de nueve años, Kim Phuc, que desnuda y junto a hermanos y primos, corría desesperada y llorando por una ruta porque su piel ardía tras haber sido alcanzada por una bomba de napalm.

La familia de Kim estaba refugiada desde hacía varios días en un templo budista en la aldea de Trang Bang, a 40 kilómetros de Saigón, (hoy Ho Chi Minh) capital de la entonces Vietnam del Sur. Fue cuando aviones sudvietnamitas, bajo la coordinación del mando militar norteamericano, emprendieron un ataque contra combatientes del Viet Cong y arrasaron la aldea con napalm. La nena, ya sin ropas porque el fuego se las había quemado, y junto a los otros chicos que habían sobrevivido al ataque aéreo (dos primos pequeños murieron en el acto), salieron a la ruta donde justo estaba el fotógrafo, que registró la escena. Incluso hay una filmación de esos momentos que, además, muestra a una mujer llevando a un bebé también quemado por el napalm.

El fotógrafo trató de ayudar a Kim y la llevó a un hospital, donde después de 14 meses de internación y 17 injertos de piel se repuso físicamente aunque el trauma psicológico seguramente nunca desaparecerá. Las vidas de Kim y el fotógrafo Nick Ut, que tenía en ese entonces 20 años, quedaron desde ese momento ligadas para siempre y aún hoy se encuentran en distintas partes del mundo en actividades que lleva adelante la fundación internacional que desde 1997 creó Kim en favor de niños víctimas de las guerras. Kim es, además, embajadora de buena voluntad de la Unesco, vive en Canadá, (donde pidió asilo político en 1992), está casada y tiene dos hijos.

Durante su vida, hoy Kim tiene 52 años, ha contado una y otra vez lo que le sucedió, el drama de las secuelas de sus heridas que la acompañan y ha demostrado un carácter resiliente que le permitió sobreponerse y seguir adelante.

"Quiero que mi experiencia sirva a los demás. Fui quemada por culpa de la guerra y quiero alentar a las personas a que se amen y ayuden y que aprendan a ser más tolerantes. Por eso muestro a la niña de la foto, porque su imagen es el relato de mi vida y las consecuencias que en ella tuvo la guerra", dijo Kim hace tiempo en la Unesco en un aniversario de la tragedia que casi termina con su vida.

"Cuando en 1972 me quemé —recordó— mi refugio fue alcanzado por cuatro bombas de napalm, que tine una temperatura de entre 8 a 12 veces más que el agua hirviendo. El 65 por ciento de mi cuerpo quedó abrasado por el napalm y tuvieron que practicarme injertos en el 35 por ciento de la piel, pero mi rostro y manos quedaron intactos". A décadas de aquella tragedia, Kim quiere transmitir lo que ha aprendido a valorar: "He vivido la guerra y se cuán apreciable es la paz. He sufrido mi dolor y sé lo que vale el amor cuando uno desea curarse. He experimentado el odio y se cuál es la fuerza del perdón. Hoy vivo sin odio ni ánimo de venganza y puedo decir que he perdonado a los que causaron mi sufrimiento, porque no hay otro medio para preservar la paz y poder hablar de tolerancia y no de violencia".

De regreso. Kim volvió muy pocas veces a Vietnam, una de ellas en 2004 tras la muerte de uno de sus hermanos, que también aparece en la foto, delante de ella a su derecha, y también llorando con desesperación.

El lunes pasado, al cumplirse 43 años de aquella inmortal fotografía, Nick Ut, que con esa imagen ganó el premio Pulitzer, retornó al mismo lugar donde la pequeña Kim apareció sin ropas gritando "muy caliente, muy caliente". El fotógrafo, en una entrevista con el diario ABC de España, recordó aquel instante: "Fui a ayudarla porque su piel se le estaba desprendiendo del brazo y la espalda y no quería que muriera. Dejé mi cámara y empecé a echarle agua encima, luego la metí en mi coche y nos fuimos al hospital, sabía que podía morir en cualquier momento", recordó.

Esta semana, Nick Ut volvió a ese camino y se ubicó en el lugar exacto de la imagen, pero ya no con su vieja Kodak Tri-x en blanco y negro sino con un iPhone (además de una Leica digital al cuello), que puede transmitir fotos en forma instantánea. En la guerra de Vietnam las fotografías demoraban horas en llegar a las redacciones de los diarios. "Si lo ocurrido el 8 de junio de 1972 pasara ahora mismo, sería mucho mejor para el mundo porque las redes sociales atraen la atención inmediata sobre algo. Hacen del mundo un lugar mejor", dijo Ut. El hoy fotógrafo veterano piensa que el desarrollo de la guerra hubiese sido distinto si hubiera existido la posibilidad de compartir imágenes en forma instantánea, como en Facebook.

Dudas. ¿La tecnología hace que el mundo sea mejor? ¿Las imágenes que hoy pueden ser compartidas y vistas en todo el planeta al segundo de que se toma una fotografía han contribuido a frenar la matanza de niños en zonas de conflicto?

Como sólo un dato ilustrativo, la Unicef ha advertido recientemente que unos 14 millones de niños de Siria y partes de Irak sufren actualmente los terribles efectos de una guerra que ha entrado en su quinto año. De esa cifra, la situación más desesperada es la de 5,6 millones que aún permanecen en Siria y que viven en zonas del país de difícil acceso para hacerles llegar ayuda porque se encuentran en medio de los combates.

¿Qué lección humanitaria ha aprendido el mundo 43 años después de la niña del napalm? Las imágenes que viajan digitalizadas en aparatos cada vez con mejor tecnología no parecen haber contribuido demasiado, salvo a que la barbarie a la que puede llegar el ser humano se conozca mucho más rápido.

Comentarios