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Domingo 25 de Mayo de 2008

25 de mayo para recordar

Sí ya sé, ya sé. Hoy todos hablan de un 25 de Mayo distinto porque la presidenta está en Salta y mucha gente del campo (en todas sus versiones) copó el Monumento a la Bandera. Pero a mí  la fecha no me inspira.

Sí ya sé, ya sé. Hoy todos hablan de un 25 de Mayo distinto porque la presidenta está en Salta y mucha gente del campo (en todas sus versiones) copó el Monumento a la Bandera. Pero a mí  la fecha no me inspira. Ni a escribir sobre la Revolución de Mayo y las famosas cintitas que repartieron French y Berutti, ni a hablar del conflicto del campo. Este 25 de mayo me remite a un día como hoy, hace 26 años, en el que le decía a mi primer y en ese momento gran amor que "sí" quería ser su novia (en esa época hablábamos de "novios" y decíamos que nos habíamos “arreglado”).

Lo recuerdo, acá y públicamente, sin pudor porque ya hace tiempo que no nos amamos ni nos vemos y porque, por suerte, cada uno rearmó su vida tantas veces como pudo.

26 años, ¿es mucho o poco? Eso fue lo que me puse a pensar cuando recordé ese momento. Sin melancolía reviví muchas cosas de estos años, las marchas y contramarchas. Me acordé de lo que fantaseaba que sería de mí cuando fuera grande y ahora que lo soy veo que nada, nada de lo que imaginé pasó. ¿Mejor o peor? No sé. Además me pregunté qué hubiera sido de mí y de nuestras vidas con ese primer novio si hubiéramos seguido juntos. ¿No es fascinante que eso no pueda saberse?

Cuando leí hace un par de semanas que unos científicos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA habían hallado una proteína para inhibir los recuerdos, un mecanismo que consigue hacer olvidar en casos de fobias y estrés postraumático, entré en pánico. Menos mal que por ahora están experimentando con ratones y cangrejos, me dije. Porque yo no quisiera ser como el "Funes el memorioso" de Borges, que recordaba todo con prodigiosa exactitud y a quien recordar un día completo le llevaba todo otro día. Pero tampoco quiero perder mi historia en una clinica, a través de un dudoso tratamiento, como en el film “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos”, con un Jim Carrey esta vez soportable. Y menos quiero dejar mi pasado de golpe y a los golpes como en la película finlandesa “El hombre sin pasado”.

Por más agradables, tristes, pavos, vergonzosos y dolorosos que sean mis recuerdos prefiero poder repensarlos, llorarlos, reconstruirlos, analizarlos, compartirlos o reirme de ellos. Son míos y nadie me los quita.

Si llegara a vieja quisiera poder recordar todo, todo. Y elegir qué vale más la pena: si rememorar lo que pasó el 25 de Mayo de 1810, o los actos de hoy en Salta y en Rosario, o la historia de mi primer novio, o muchos otros recuerdos.

Que así sea.

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