Revisión. La necesidad de actualizar conceptos llevó a Carretero a reeditar Constructivismo y educación. (Gentileza: Crítica)
Desde el título de esta obra nos asomamos al constructivismo, uno de los mejores y más transitados capítulos que hacen a los procesos de aprendizaje, guiados por una autoridad en el tema que ha dedicado esfuerzos e investigaciones a poner estas teorías a disposición de maestros, profesores y directivos. Mario Carretero reedita así un trabajo que, según dice, merecía una revisión a la luz de lo transitado y observado en aulas y foros de encuentro docente.
Si John Locke afirmaba que el ser humano entra en su escolaridad a semejanza de una tabla rasa en la cual el docente debía empezar a escribir y dibujar los conocimientos, el constructivismo, formalizado por el suizo Jean Piaget, apareció para desarrollar la idea opuesta: el ingreso a la escuela se hace con un bagaje de saberes que deben reconocerse y explotarse para, a partir de ellos, comenzar el camino del aprendizaje sistemático. Y así, "las ideas espontáneas sobre los fenómenos científicos, entre otras, le permitirán al niño predecir una cierta cantidad de hechos y fenómenos" que los encargados de su formación deberán tomar para el diseño de las más adecuadas estrategias didácticas.
Sobre este concepto central, el texto recorre, en los primeros capítulos, temas generales sobre la evolución del pensamiento en niños y adolescentes, que transitan desde el nivel más concreto a la abstracción, es decir, a la capacidad de simbolizar y separar las nociones de los objetos físicos.
Para operar en estas etapas, es clave el aporte de Carretero sobre los conceptos de compresión y motivación, los entornos en los que se produce y los resultados esperables de acuerdo a cada abordaje en el aula.
Las investigaciones que cita respaldan sus conclusiones, producto de un trabajo minucioso y comprometido. Dado la creciente especialización de las disciplinas y la copiosa producción de conocimientos, descubrimientos e invenciones no se puede esperar que la información sea abarcable en el corto tiempo de una escolaridad.
Así, el constructivismo plantea la necesidad no ya de acumular datos e información (los que se declaran obsoletos en el corto tiempo), sino de brindar a los alumnos las herramientas intelectuales para organizar los saberes que le permitirán abordar, en el futuro, cualquier tema que necesiten conocer.
Lejos de los experimentos pautados rígidamente en los tradicionales enfoques de química o física, el autor revisa las nociones básicas que subyacen a muchos fenómenos y propone un trabajo más abarcador en el que los alumnos puedan organizar sus propios trabajos, acompañados de docentes preocupados no tanto por teorías y formalizaciones estrictas, cuanto por un desarrollo intelectual que sea trasladable a otros contextos en otros ámbitos.
A la vez, la consideración de nociones como identidad nacioanal en temáticas sociales o históricas, contemplando la representación del tiempo en cada etapa del desarrollo infantil y adolescente, permite un planteo más enriquecedor que las usuales repeticiones de fechas y datos.
Constructivismo y educación - Ciencia. Mario Carretero. Paidós, Buenos Aires, 2009, 222 páginas, $ 46

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